Encuentromadrid

La ciencia no agota

España · Ignacio de los Reyes
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4 abril 2011
César Nombela, catedrático de microbiología en la UCM y director de una cátedra de genómica y proteómica, y Juan José García Norro, director del departamento de metafísica de la facultad de filosofía de la UCM han dialogado en el Encuentromadrid en torno a las posibilidades y a los límites de la ciencia. Los distintos métodos de acceso a la realidad, el papel de la interpretación en el proceder científico, y la relación entre fe y ciencia, fueron los hitos del debate.

¿Agota la ciencia lo que podemos saber de la realidad? ¿Es el conocimiento más auténtico y verdadero que podemos tener de ella? "En el mundo hay otras muchas empresas además del conocimiento. […] Sin embargo, si ponemos nuestra mirada en el conocimiento, nos damos cuenta de que la ciencia es ciertamente un modo de conocer, el mejor acceso a una de las realidades, la realidad natural objetiva y cuantificable, pero no a la totalidad de la realidad. Además de la naturaleza, hay cultura, lenguaje, mundo humano, realidades que no pueden ser explicadas a través de la ciencia […]. No podemos explicar de un modo satisfactorio la naturaleza a partir del modelo humano, ni podemos conocer toda la realidad humana a partir de la natural", dijo el profesor Norro.

¿Cuál es el lugar de la interpretación en la ciencia? ¿Se puede automatizar el proceder científico? El científico Nombela quiso subrayar el elemento humano presente inevitablemente en cada descubrimiento y teoría científica: "la interpretación de los datos no puede ser mecánica; es una creación humana, depende del científico o del grupo de científicos. Por mucho que se regulen los procedimientos, por mucho que crezcan los grupos de investigación, el elemento humano es inevitable". Al hilo de la constatación moderna de que "el observador influye en el fenómeno observado", ambos profesores pusieron de relieve el elemento subjetivo inherente a la ciencia, elemento que pone en crisis de algún modo el criterio de división clásico entre ciencias humanas y ciencias de la naturaleza, por el cual "las primeras serían las ciencias subjetivas y las segundas las ciencias objetivas". Al hilo de esta reflexión sobre el papel de la subjetividad en la ciencia, el profesor Norro mostró hasta qué punto cada una de las ciencias particulares necesita de otras muchas disciplinas para su propio desarrollo: "Distintos métodos y descubrimientos -en ocasiones casuales o inesperados- convergen en el desarrollo de una determinada ciencia: sin la siderurgia, por ejemplo, habría sido imposible el avance de la biología: la aparición de los colorantes sintéticos, derivados  del alquitrán de hulla, posibilitó la observación de las células, en apariencia transparentes".

Afrontando la relación entre sentido religioso y ciencia, entre fe y razón, César Nombela resaltó lo siguiente: "la pregunta por el sentido nos acompaña en todo momento; no tenemos que aparcar la racionalidad para afrontar el problema del sentido. El dogma cientifista actual que descalifica la dimensión religiosa es mucho más superficial que el pensamiento de autores como Nietzsche o Sartre, los cuales, al menos, tuvieron la valentía de pensar de un modo radical un mundo sin sentido". El filósofo García Norro afirmó con rotundidad que "la ciencia no puede dar cuenta ni de la totalidad del mundo ni de la existencia individual: una y otra son datos últimos inexplicables que nos conducen continuamente a preguntarnos su porqué". Ahondando en la relación entre la filosofía y la ciencia, propuso la siguiente reflexión: "si la filosofía es una renuncia a todo prejuicio, si es un abandono sin condiciones a la razón, ¿cómo puede ser compatible con el cristianismo? Sólo es posible si la posición cristiana está entre los datos de la realidad. Así, he llegado a la conclusión de que no existe la supuesta incompatibilidad entre fe y razón".

Finalmente, testimoniando cómo la inteligencia de la fe ha generado una inteligencia de la realidad en su propio trabajo, el profesor Norro se expresó con sinceridad: "El cristianismo es lo único que me permite dar clases. Frente a mi temor de generar desesperación en algunos alumnos por alguna palabra mal dicha o por algún argumento mal explicado, se impone la fuerza del cristianismo".

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