La carretera

Cultura · Víctor Alvarado
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8 febrero 2010
Normalmente, las películas que basan sus historias en novelas suelen tomarse bastantes licencias a la hora de reproducir lo que el escritor pretende contar en esos textos. Este largometraje puede ser la excepción, pues el director adapta casi milimétricamente esta obra literaria del ganador de un premio Pulitzer Cormac McCarthy.

Cuenta la historia de un hombre y su hijo que, en una zona desolada de los Estados Unidos, luchan por sobrevivir, enfrentándose a individuos que viven fuera de la ley y que practican el canibalismo.

En lo referente a las interpretaciones, habría que destacar el interesante papel de Viggo Mortensen, que dijo que le gustaba la película porque, en una situación extrema, sólo queda la elección de ser bueno o ser malo con sus semejantes. Tanto en el libro como en la cinta nos presentan una frase que puede ayudarnos a entender al personaje: "…viendo como la cenicienta luz del día cuajada sobre el terreno. Sólo sabía que el niño era su garantía. Y dijo: Si él no es la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca". La interpretación de Mortensen resulta convincente, al igual que la del niño de 11 años, Kodi Smit-Mcphee, que aparece como el referente moral de la cinta.

Por otra parte, John HillCoat, autor de La propuesta (2005), realiza una notable adaptación de un escritor como Cormac McCarthy, que defiende valores absolutos como la vida, la familia o la búsqueda de Dios y que, por tanto, está en contra del relativismo moral propio del postmodernismo. El realizador australiano nos presenta un drama apocalíptico, mezclando algunas escenas duras con otras de extraordinaria belleza, como el nacimiento de un niño y diálogos para hacer pensar, como uno que básicamente dice lo siguiente:

Hijo: ¿Qué harías si yo muriera?

Padre: Si tú murieras, yo también querría morirme.

Hijo: ¿Para poder estar conmigo?

Padre: Sí, para poder estar contigo.

Hijo: Vale.

Además, el final me parece interesante y esperanzador porque explica, entre otras cosas, algunas de las actuaciones de un padre en una situación límite para preparar a su hijo para lo que se avecinaba.

En contraposición con lo positivo, el ritmo de la película es demasiado pausado y los ambientes son muy sórdidos. También nos podemos encontrar escenas de cierta crueldad, que son criticadas por los pensamientos del niño, que trasmite la humanidad de la que aparentemente carece el padre de la criatura.

Finalmente, los aficionados a los grandes largometrajes apocalípticos se van a encontrar con una producción que se centra más en el drama de los personajes (se podría haber sacado más producto) que en escenas de una gran espectacularidad. Por cierto, y como dato curioso, el equipo de producción exploró más de cincuenta localizaciones entre las que destacan el lago Erie, las áreas de Lusiana afectados por el Katrina y varios terrenos de Oregón, que han sido captados fotográficamente por la sabia mano de Javier Aguirresarobe.

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