La carcoma: haciendo viejo lo nuevo

España · Francisco Pou
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8 octubre 2015
Esta semana, fuentes muy próximas a Mas describían la preocupación del presidente de la Generalitat por la fractura social que existe en Cataluña. Hace muy poco negaba en público esta evidencia. Todos somos testigos directos de esa fractura en empresas, asociaciones, centros educativos. Incluso en familias que tienen que organizar sus eventos contando con ese punto vivo y sensible de fricción que existe en Cataluña.

Esta semana, fuentes muy próximas a Mas describían la preocupación del presidente de la Generalitat por la fractura social que existe en Cataluña. Hace muy poco negaba en público esta evidencia. Todos somos testigos directos de esa fractura en empresas, asociaciones, centros educativos. Incluso en familias que tienen que organizar sus eventos contando con ese punto vivo y sensible de fricción que existe en Cataluña.

Hoy por hoy es un punto invisible, pero fenomenológico, no por no haber fronteras ni banderas deja de ser un temor concreto. Miedo a invertir. Miedo a planificar. Miedo para vivir. Por un lado, una mitad del pueblo catalán que ha comprado el convencimiento (por repetición) de que Madrid “nos roba” recursos que podrían quedar aquí, y que hay una “etnia” cultural y lingüística oprimida que debe emerger.

Por el otro lado, el temor a la acción de hechos consumados de los nacionalistas, que anteponen “la democracia”, según ellos a la ley “según los otros”. Y sobre todo, el temor de ver cómo el “unionismo” en vez de proponer ilusiones se defiende extendiendo temores; a bajar el PIB, a salir de Europa, al aislacionismo político, monetario, defensivo.

Lo que pocos esperaban, sin embargo, está sucediendo. La candidatura que ha conseguido más escaños en las últimas elecciones se rompe antes de empezar. A dos semanas del plazo límite, no hay acuerdo ni para nombrar president ni para formar gobierno. Artur Mas y los suyos se ven como “imprescindibles” para salvar Cataluña, mientras que los miembros de la coalición que les dio esos escaños, el partido izquierdista CUP, no sólo lo ven prescindible, sino que consideran que la CUP es la bisagra que debe decidir. Y la famosa “hoja de ruta” a la independencia la ven más lejana, con el realismo de caer en la cuenta de lo obvio; en número de votantes no sólo está Cataluña dividida ante la secesión, sino que los “unionistas” son más. Las declaraciones de unos y otros son cada vez más gruesas.

Al final, quien va a marcar el calendario de esta crisis profunda y generacional será la carcoma. La carcoma de la división de España ha llegado a la división de los independentistas también, dejando bloqueado el Govern; hay inanición política en Cataluña. En sanidad, educación, inversiones. En proyectos y en ilusiones. Si la carcoma sigue, inacción en el independentismo también, porque el gusano del rechazo a la solidaridad es el mismo, hable o no otro idioma. Es el mismo animal.

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