La buena vida

Cultura · Juan Orellana
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2 abril 2009
Esta coproducción mayoritariamente chilena, y con la participación española del productor Gerardo Herrrero, repite el esquema de tramas discretamente cruzadas al estilo de la americana Vidas contadas, o de la argentina Historias mínimas. Su autor, Andrés Wood, que firma con ella su sexta película, nos cuenta varias historias de sabor amargo o agridulce en las que el egoísmo de algún personaje parece tener la última palabra. Una madre soltera enferma, un peluquero que quiere comprarse un coche, una sexóloga que tiene a su hija adolescente embarazada, y un clarinetista que no consigue alcanzar su sueño de tocar en la filarmónica.

A diferencia de las películas citadas, en ésta se percibe un pesimismo antropológico que denuncia el tipo de vida individualista y narcisista de nuestra sociedad occidental. En este sentido es especialmente impactante la trama de la adolescente embarazada que desea tener su hijo pero que es obligada por sus padres separados a abortar.

La película está rodada con fuerza y poder visual, apoyada por una fotografía algo tenebrista de Miguel Littin y una acertada dirección de actores. En algunos momentos la película se muestra cruda y directa, lo que la convierte en un film claramente para adultos. La denuncia del film se agradece por su incisividad, pero se echa de menos la propuesta de alguna vía de salida. Obtuvo el Goya a la mejor película hispanoamericana y el Colón de Oro en el Festival de Huelva.

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