Entrevista a Javier Gil

Joe Biden y los desafíos del Asia-Pacífico (II)

Mundo · Francisco Medina
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8 diciembre 2020
Segunda parte de nuestra conversación con Javier Gil, profesor de la Universidad de Comillas, acerca del panorama que se presenta a la nueva Administración Biden en el continente asiático.

La victoria en las últimas elecciones presidenciales americanas del candidato demócrata, Joe Biden, ¿cabe pensar en un cambio de enfoque en la política exterior de Estados Unidos en Asia? ¿Qué panorama y retos esperan al nuevo presidente estadounidense? Segunda parte de nuestra conversación con Javier Gil, profesor de la Universidad de Comillas, acerca del contexto asiático.

Entramos en la cuestión de la India. ¿Se puede decir que ha habido un antes y un después con la marcha de Trump y la llegada de Biden? ¿Qué escenario se presenta?

En cierto modo, la India ha estado desaprovechada estos años, aunque es algo debatible. En 2010, con George W. Bush se firmó el pacto nuclear civil con la India, que fue un gran paso en las relaciones entre ambos. Con Obama eso siguió adelante y con Donald Trump tengo la sensación de que ha sido un país desaprovechado. ¿En qué sentido? Pues en que la India es un país emergente; con todos los problemas que pueda tener, no ha abandonado la senda democrática desde 1947; tiene una confrontación clara y directa con China, y hay voces muy fuertes en EE.UU que entienden que la mejor manera de hacer más fuerza en los ideales del liberalismo político y económico, y defensa de los intereses estratégicos en Asia-Pacífico, deben encontrar aliados, más allá de los que siempre han tenido, en el lejano oriente, y ahí hay dos países fundamentales.

El primero es la India, que parece dispuesto a jugar ese rol; creo que ven a EE.UU como un buen socio para contrastar a los chinos, y creo que, en este caso, es una reacción de debilidad de los indios frente a los chinos. Pero hay un tercer actor. La Constitución india de 1947 define a este país como un estado socialista, lo que significa que su principal aliado en materia armamentística es Rusia, y ha continuado con la caída de la URSS. Por ahí puede haber algún tipo de divergencia, -ser socio político y económico y compartir muchas cosas a nivel geoestratégico-, pero a nivel armamentístico, la referencia es Rusia (les han vendido submarinos, material de portaaviones…) y han tenido una larga historia de relaciones bilaterales, más de 70 años.

Le puede convenir a la India ser ese encaje de socio liberal, democrático en el entorno asiático. Junto a él, hay otro país que tampoco se ha utilizado mucho, como es Indonesia, que es el tercer candidato a ser algo importante en Asia -aunque tampoco cree mucho en sí mismo en este sentido-, por cuanto tiene una situación geopolítica (se sitúa entre el Pacífico y el Índico y controla el Estrecho de Malaca, el Mar de Java es acceso al Mar de China).

India e Indonesia, por tanto, son dos países que me parecen fundamentales para Biden en este momento como encaje de países democráticos, liberales, multirreligiosos, multiétnicos, creo que encajan en el proyecto de Biden. Veremos qué sucede en la realidad, pero creo que sí va a intentarlo.

No se habla mucho de Afganistán, Pakistán y el mundo talibán. ¿Sigue siendo Afganistán el punto caliente?

Lamentablemente, el Covid se ha tragado todo y hay muchos temas -por ejemplo, el movimiento yihadista en Mozambique, un país que ha sido colonia portuguesa-, pequeños o grandes, que han pasado por alto. En el caso de Asia, las negociaciones en la cuestión de Afganistán, negociaciones que están muy avanzadas. El problema es que EE.UU ya está cansado de Afganistán; la OTAN, la UE y todos los países que han estado involucrados en esta guerra también, por no haber conseguido ganarla. Ha costado mucho dinero, bajas militares (españolas y de fuerzas de la OTAN), y hay un intento de cerrar la cuestión afgana, de ponerle punto final a un guerra que comenzó en 2001. Ese liderazgo hay que reconocérselo a Donald Trump. Él ha visto que esa guerra no se puede ganar, pero, al mismo tiempo, se ha entendido que si se abandona Afganistán sin ningún tipo de acuerdo cerrado -y esto me lo ha comentado un general español destinado allí-,si la comunidad internacional se retirase de Afganistán, el gobierno caería en seis meses. No se ha logrado eliminar la insurgencia talibán.

Ha ocurrido lo que en la guerra de Vietnam, pero en el subcontinente indio.

Efectivamente. Al principio se consiguió eliminar a Al Qaeda; hasta los años 2004-2005, la ofensiva parecía desactivada, pero, en realidad, estaba preparándose para una contraofensiva que, una vez lanzada, no se ha logrado eliminar ni acabar con su financiación, ni -lo que es más importante- se ha logrado acabar con la ineficacia del gobierno afgano, que no ha conseguido mejorar la calidad de vida. Sigue habiendo falta de infraestructuras, sanidad, educación, electricidad, agua… y eso ha hecho que la gente haya dejado de creer en el gobierno afgano, y que, en los últimos diez años, parte de la población ha empezado a aceptar la posibilidad de que con los talibanes se pueda vivir mejor. Tristemente, hay que reconocer que ha habido una derrota política de la OTAN y no ha habido una victoria militar.

El objetivo de Trump era acabar la intervención militar en Afganistán -en donde la OTAN tiene aún un contingente de fuerzas militares desplegadas-, con el objetivo de consolidar al gobierno, y seguir impartiendo instrucciones y entrenamiento, pero tiene claro que si se retira, el gobierno afgano caerá. Por ello, antes de irse, si quiere conseguir un pacto, desgraciadamente, ha de incluir a los talibanes en un futuro gobierno afgano porque reconocen que, tarde o temprano, va a haber que contar con ellos.

El precio a pagar por el fin de la insurgencia va a ser trágico: la mujer va a perder poder en la sociedad afgana y, a nivel de poder ejecutivo, vamos a tener al mundo talibán en el poder. No será una islamización total, pero sí la incorporación de ciertos aspectos islamistas en el sistema, que se consolidarán. Según me han dicho, las bajas del ejército afgano son de 300 muertos al mes; es un enorme, e indica que no se está ganando la guerra, se está perdiendo el control de la situación. El objetivo de Trump, por tanto, es intentar cerrar un acuerdo con los talibanes, introducirlos en la ecuación política del país, lo que supondrá una pérdida de peso de la mujer y la introducción de ciertos elementos de islamización en el país, habrá que ver cuáles: intuyo que habrá algo de castigo penal, de aplicación de la sharia en la justicia en cuestiones civiles. No haberles derrotado significa que habrá que cohabitar con ellos y eso me parece una derrota flagrante.

Pakistán es otro estado clave porque, en el pasado, fue un apoyo importante a los talibanes. ¿Cabe esperar una cierta apertura o continuará el proceso de islamización radical?

Para contestar a esta pregunta nos tenemos que ir a la India. Ha habido cuatro guerras entre India y Pakistán (1947, 1965, 1971 y 1999). Las derrotas del 71 y el 75 hacen ver a Pakistán que, en una guerra convencional, no tiene absolutamente nada que hacer frente a la India. La independencia del Pakistán Oriental (Bangladesh) en 1971, con apoyo de la India, tiene dos repercusiones muy importantes. La primera es que Pakistán se lanza a por la bomba nuclear, que consigue años después. La segunda que, en caso de guerra convencional, entiende que tiene todas las de perder y necesita un país en el que refugiarse: Afganistán, un lugar donde han hecho lo que han querido. Por eso, en los años 80 se involucraron tanto en la guerra contra los soviéticos (con apoyo norteamericano y saudí). Pero, cuando se retiran de Afganistán, se crea un gobierno amigo de Afganistán en Pakistán, que es básicamente un gobierno talibán. Cuando los talibanes caen en 2001 por la invasión americana, el general Musharraf se encuentra con un dilema: las exigencias de colaboración que Bush le formula; y la sociedad civil pakistaní que ha asumido que el gobierno afgano le va a apoyar en caso de una confrontación con la India y que los norteamericanos son el enemigo. Eso le cuesta a Musharraf mucha presión interna, y coopera, finalmente, con EE.UU en la lucha contra el terrorismo.

En realidad, hace muy poco; porque es cierto, asimismo, que colabora con Al Qaeda – Bin Laden es localizado y eliminado en Pakistán, al lado de una de las principales bases pakistaníes-. En EE.UU siempre se ha tenido la sospecha de que Pakistán siempre hizo un doble juego, porque sabían que no podían dejar de apoyar a los talibanes y esa me parece una de las grandes razones por las que no se ha podido derrotar a la insurgencia. Pakistán ha sido un santuario para los talibanes afganos, que han cruzado la frontera cuando han querido, con la colaboración pasiva de las autoridades pakistaníes, en la mayoría de los casos. Sólo ha ayudado Pakistan cuando han tenido una fuerte presión interna. La teoría de la contrainsurgencia señala que, si no se corta la financiación, que ha sido vía del narcotráfico, y si no se acaban con los santuarios, es imposible ganar. Y no se ha podido cortar ninguna de las dos patas. Se han conseguido cosas en Afganistán, pero, a nivel militar, no se ha completado el objetivo. Y eso hace que tengamos que convivir con un gobierno talibán en Afganistán.

Entonces, ¿la política de Biden va a estar muy condicionada por el contexto?

Sí. En esta guerra el 11-S ha estado siempre muy presente, había una fuerte motivación emocional. Pero la gente se cansó de perder soldados y dinero, de que la situación no avanzara, tanto en EE.UU como en Europa, y eso ocasionó la retirada casi completa en Afganistán, y la de Iraq. La retirada de Iraq por parte de Obama, en mi opinión, prematuramente, deja un vacío de poder que ocupa el Estado Islámico. Este error, que la administración de Obama admitió, es el que no se quería repetir en Afganistán. En este caso, si se produce un vacío de poder, éste sería ocupado por los talibanes o que el país se derrumbe, como en Iraq.

Biden intentará continuar las negociaciones de paz e intentar llegar a algún tipo de acuerdo que salve el papel de EE.UU y toda la OTAN, porque al final no sé cómo se va a vender que los talibanes -ese grupo terrorista que ha cometido más de mil atentados suicidas, que ha inmolado a niños y ha organizado atentados terribles-, tendrá, finalmente, algún tipo de rol político, y eso habrá que venderlo muy bien y mirar para otro lado.

Hablemos de Irán, que es otro de los principales actores en Asia y del que no se habla mucho. ¿Cuáles son los retos que le esperan a Biden?

Irán es el primer país que en el mundo americano aparece como el mal absoluto. Recordemos que tras la revolución del 1979 se produjo la crisis de los secuestros en la embajada de EE.UU. Durante meses se lanzaba el mensaje de que un gobierno muy malo se había hecho con el poder en Irán mediante una revolución, el antiguo legado americano se había perdido y este nuevo gobierno había tomado como rehenes a ciudadanos americanos y gente que trabajaba en la embajada. Aquello provocó una desconfianza brutal hacia Irán que nunca se ha cerrado.

La relación entre EE.UU e Irán siempre ha sido muy mala. En los años 80, Estados Unidos apoyó a Iraq frente a Irán en la primera guerra del Golfo (en la que Iraq empleó armamento químico contra los iraníes), aunque eso luego cambia en la segunda guerra, cuando Iraq invade Kuwait. El enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán ha sido muy fuerte en los últimos diez años, llegando a un punto culminante con el problema nuclear iraní. La Administración Obama, el tripartito Francia-Alemania-Inglaterra, y China lograron la firma del pacto antinuclear. En las filas del Partido Republicanas se entendió como muy débil, porque no incluía todas las armas de destrucción masiva.

Trump llegó con la intención de cerrarlo. Biden intuyo que aprovechará la situación de debilidad que está atravesando Irán: el Covid-19, la crisis financiera, necesita vender su petróleo y su gas, y ha perdido a su gran estratega militar, Soleimani. Esta muerte le salió muy rentable a EE.UU, pues fue el artífice de la política iraní en Siria e Iraq, y la respuesta iraní se limitó a un lanzamiento de misiles equivocado que acabó derribando a un avión propio. Soleimani tuvo una gran influencia en la insurgencia chiíta contra los americanos en Iraq: una buena parte de los soldados americanos murieron allí por armas iraníes. Por eso lo acabaron eliminando.

Irán no está tan fuerte como antes. Creo que intentará volver a un pacto nuclear con Estados Unidos y, de alguna manera, Biden se lo facilitará. Intentará salir al ámbito internacional porque Irán está sufriendo una situación económica que tiene que corregir. Creo que entre las prioridades de Biden estará restablecer un buen acuerdo nuclear con Irán.

La situación del COVID-19 ha dejado en segundo plano otras cuestiones: terrorismo, multilateralismo… ¿Veremos compromiso de Asia con el cambio climático o con los derechos humanos? ¿Qué papel puede jugar Biden?

A Trump se le ha criticado mucho de ir contra la imagen de que EE.UU siempre ha sido el país de la democracia y la libertad, y yo eso lo pongo un poco en duda. No es que sea antiamericano ni mucho menos, pero cada país defiende lo suyo en cada momento. Sí creo que Biden va a enarbolar ese tema de la democracia y el mundo liberal en lo económico, que volverá a defender el multilateralismo, volverá al acuerdo de París, retomará cuestiones medioambientales… Creo que eso es esperable y no me parece una novedad.

En cuanto a Asia, es una cuestión compleja. Respecto a los derechos humanos en el lejano oriente, no creo que vaya a cambiar nada. China no va a cambiar ni un ápice su política, no se van a respetar los derechos humanos, no hay que olvidar nunca que China es un régimen totalitario y eso no va a cambiar. Además, tampoco creo que desde Occidente se le pueda pedir mucho al respecto, porque si nos hemos callado ante la barbaridad de Xinjiang -donde solo hemos emitido algún que otro comunicado crítico pero sin cambiar en nada nuestra relación-, no creo que Biden se vaya a meter ahora ahí. Supongo que intentará restablecer unas relaciones cordiales con China, pero van a competir. No habrá tanta confrontación como con Trump pero no debemos esperar grandes cambios en el mundo chino con respecto al tema de los derechos humanos. Y no lo van a hacer porque no creen en ello. Las indicaciones que le vengan de fuera las van a considerar como una injerencia en asuntos propios y de hecho lo van a utilizar para favorecer un unilateralismo interno.

En el tema del multilateralismo, hemos visto el gran acuerdo RCEP (Asociación Económica Integral Regional) entre la ASEAN, China, Japón y Corea del Sur, que habrá que ver cómo evoluciona pero nace, básicamente, de cómo todos se han visto afectados por el Covid y han decidido darle un empujón ahora a las negociaciones que llevaban ya tiempo en marcha, a ver si mejorando la circulación de mercancías se consigue que la economía vuelva a acelerarse. Posiblemente EE.UU intente relanzar un nuevo acuerdo de libre comercio, aunque lo va a tener difícil porque ya se han creado otros mecanismos.

Pincha aquí para leer la primera parte de esta entrevista

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