Entrevista a Javier Gil

Joe Biden y los desafíos del Asia-Pacífico (I)

Mundo · Francisco Medina
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8 diciembre 2020
Ante la victoria en las últimas elecciones presidenciales americanas del candidato demócrata, Joe Biden, ¿cabe pensar en un cambio de enfoque en la política exterior de Estados Unidos en Asia? ¿Qué panorama y retos esperan al nuevo presidente estadounidense? Dialogamos con Javier Gil, profesor de la Universidad de Comillas, acerca del contexto asiático.

La victoria en las últimas elecciones presidenciales americanas del candidato demócrata, Joe Biden, ¿cabe pensar en un cambio de enfoque en la política exterior de Estados Unidos en Asia? ¿Qué panorama y retos esperan al nuevo presidente estadounidense? Dialogamos con Javier Gil, profesor de la Universidad de Comillas, acerca del contexto asiático.

Ahora que parece haber acabado la era Trump, ¿qué balance puede hacerse desde el punto de vista de Asia-Pacífico?

Básicamente, Habría varios puntos a tratar. Han sido cuatro años movidos con bastante falta de entendimiento en las políticas norteamericanas respecto a Asia-Pacífico, en general; porque ha habido varios ejemplos interesantes.

Por un lado, la cuestión de Corea del Norte, donde los primeros años del gobierno de Trump coincidieron con una escalada nuclear de Kim Jong Un, que, afortunadamente, se calmó, aunque llegó a haber momentos de mucha tensión, incluso con cruce de insultos entre ambos.

Hubo pasos interesantes dados en relación a Singapur o Vietnam que nos permiten calificarlo como un periodo positivo: la cuestión de Corea del Norte, en parte, ha quedado olvidada. Obviamente, el Covid ha hecho olvidar todo, pero habrá que ver cuando pase la pandemia cómo despierta Corea del Norte, porque el problema sigue ahí. Tenemos un país que está militarizado, es una dictadura férrea totalitaria, en el que proliferan las armas de destrucción masiva, tanto desde el punto de vista militar como químico -no hay que olvidar que el hermano de Kim Jong Un murió asesinado con VX, un gas letal, en Kuala Lumpur-. Ahora mismo, la situación está calmada.

En relación a Taiwan, China y Estados Unidos, se ha tensado la situación. El Covid-19 ha provocado un mayor distanciamiento si cabe, entre Taiwán y la República Popular China. De hecho, Taiwán ha lanzado acusaciones a China de engañar y ocultar datos, de falta de democracia; y EE.UU ha estado detrás de Taiwán, y su acercamiento a ésta ha caldeado los ánimos en la República Popular.

Otro aspecto interesante es la cuestión talibán: ahora mismo, existen conversaciones de paz en Doha entre EE.UU y los talibanes, cosa que en Europa no ha conseguido, tan enfrascada como estuvo en la guerra de Afganistán desde 2002 hasta fechas recientes, y ahí el papel de los americanos ha sido muy importante, dado que Trump quería finalizar su mandato con un acuerdo de paz para Afganistán incluyendo a los propios talibanes.

Entrando en la cuestión de China, ¿en qué medida la guerra comercial chino-estadounidense, protagonizada por Xi Jinping y Donald Trump ha afectado a Asia-Pacífico?

No creo que Trump haya sido tan novedoso en su posición con China. De alguna manera, Richard Nixon ya reconoció la República Popular China tiempo atrás. Había habido una relación bilateral neutra que, en el período entre los años 90 y 2000, con Bill Clinton se afianza un poco, aunque es verdad que aquella China no tiene nada que ver con la actual. Cuando Xi Jingping llega al poder en 2012, se encuentra con una China mucho más poderosa en lo militar, ya completa más de tres décadas de crecimiento económico potente, sin grandes fluctuaciones, -salvo la crisis de 2008, que le afectó relativamente-, y es una China mucho más segura de sí misma.

En tal contexto, se produce la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016. Trump entiende que ese giro al Pacífico que había iniciado Obama había que reforzarlo, aunque en una clave no tan amistosa. Se cambia el paradigma de la relación con China, pasando de ver a ésta como un país competidor a verlo como un país rival: ya no es sólo un competidor económico, ahora se percibe a China como un rival por el poder hegemónico mundial. De ahí deriva la actitud americana: Trump entiende que el liderazgo mundial está en peligro, que China quiere llegar, con Xi Jingping, a ser líder mundial -y ha mostrado sus cartas en ese sentido- y la consiguiente confrontación no solo comercial sino, también, en el ámbito tecnológico, porque ambos países entienden que quien ostente el liderazgo tecnológico en el futuro, ostentará el liderazgo a nivel mundial. A esa lucha comercial se le ha sumado una pugna tecnológica de primer orden.

Y a eso hay que añadir un tercer factor, que EE.UU, en cierta manera, se ha alejado un poco de Asia-Pacífico, a nivel presencial. Desde Japón se reclamaba una presencia americana más fuerte, desde Taiwán se albergaban dudas acerca de si Estados Unidos les iba a apoyar en caso de conflicto. Filipinas también ha girado un poco más hacia China (que sabía perfectamente que debía quitarle a Estados Unidos el apoyo de un país que había sido socio de éste).

Australia, tradicionalmente aliado de Estados Unidos se enfrenta a un dilema: porque cuando se firma, en los años 50, el ANZUS (el acuerdo de seguridad entre Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia), el principal socio económico y político era EE.UU, pero ahora eso ha cambiado totalmente. Australia depende ahora económicamente de China y, evidentemente, las relaciones políticas y de seguridad cambian – no te puedes llevar mal, desde el punto de vista político y de seguridad, con el país que compra tus minerales-.

Ha habido, pues, una multitud de factores que ha hecho que en la relación de estos últimos años entre Estados Unidos y China, y en toda Asia-Pacífico, se combinen elementos positivos con otros más tumultuosos. Habrá que ver cómo acaba la carrera presidencial americana: Trump ha pasado de una época de convivencia con China a una etapa más de confrontación, porque entiende que está en juego el liderazgo mundial, y Xi Jinping lo entiende de la misma manera.

Con la llegada de Biden, ¿habrá algún cambio de enfoque en las relaciones entre Estados Unidos y China?

Yo creo que EE.UU ya ha salido un poco del cascarón; porque esto ya viene de Obama, de ver que China puede ser un socio comercial muy importante pero los objetivos políticos de ambos países chocan frontalmente contra los de Estados Unidos. Obama despierta del sueño y ya empieza a ver de forma clara que China no es tan socio y puede ser un competidor serio. Trump acelera ese proceso; y esto es algo que hay que resaltarlo, porque a veces pensamos que Trump ha sido el único que ha ido de forma más frontal contra China, pero es algo que viene de atrás, aunque obviamente cristaliza con más fuerza con Trump.

Quiere decir esto que si, finalmente, consigue la presidencia, Biden intentará reforzar las alianzas de seguridad que EE.UU tenía en la zona y que están maltrechas. Ahora mismo, Estados Unidos mantiene cinco grandes alianzas bilaterales de seguridad en Asia-Pacífico. La más potente es la japonesa, donde tiene unos 55.000 soldados desplegados en Japón (una cifra muy alta); 25.000 en el sur de Corea; otros dos acuerdos de seguridad bilaterales con Filipinas y Australia: el de Australia está mejor, hay más sintonía. En Filipinas la situación está muy maltrecha porque Filipinas es una economía en desarrollo y sus problemas de seguridad no los arregla EE.UU: son problemas de carácter interno, yihadista y separatista, que requieren una contrainsurgencia. Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas, entiende que China puede ser un buen socio para desarrollar el país económicamente y ahí es donde él, -que, obviamente tiene muy mala prensa, porque es un asesino confeso, por su política de guerra a las drogas- se acerca a China buscando apoyo económico y cooperación tecnológica para su país, que es subdesarrollado. Eso le ha provocado fricciones con EE.UU, pero habrá que ver si ese giro, en lo económico y en lo político, acaba traduciéndose en un abandono total de Filipinas a EE.UU y volcándose con China. Por ahí, creo que Biden intentará restablecer las relaciones con Filipinas.

Y lo mismo con Tailandia, que era un bastión anticomunista en el sudeste asiático, que tiene un acuerdo bilateral con ambos. EE.UU tiene allí una base aérea -de hecho, fue uno de los principales apoyos a Estados Unidos en la Guerra de Vietnam-. La situación es parecida a Filipinas, pero también diferente. En los últimos veinte años viene atravesando una crisis política intensa, con varios golpes de estado: el primero fue tolerado por EE.UU, pero el segundo ya fue muy criticado por su intervención militar. Desde entonces la junta militar, que es quien tiene el poder real en Tailandia, ha girado también hacia China.

Por eso creo que Biden tratará de restablecer estas alianzas que eran muy fuertes y que al menos dos de ellos han girado. Japón es fuerte, pero requiere restablecer ciertos puntos porque se ha sentido muy solo, y el mejor tratado ha sido Corea del Sur, porque Trump sí entró a fondo con Corea del Norte y con el beneplácito de su socio surcoreano. Biden querrá volver con fuerza a la cuestión de Tailandia y a la de Filipinas y tener más presencia en Asia-Pacífico. En los países del sureste asiático que se ven afectados por el expansionismo chino hay un miedo real a que China acabe dominando todas esa región y ahí el país que más podría perder es, curiosamente, Vietnam, que tiene muy buena opinión de Trump. Ya Obama se reforzó con Vietnam pero Trump ha intentado realizar con los vietnamitas operaciones que ha realizado iban orientadas fundamentalmente a perjudicar a China. Yo creo que ése es otro punto que Biden seguirá: ese acercamiento con Vietnam.

¿Qué ocurrirá con Taiwán?

No veo una invasión por parte de China, sería una declaración de guerra. Siguiendo con lo que antes me preguntabas, creo que Biden seguirá manteniendo los lazos potentes con Taiwan; no veo cambios significativos, pero sí tendrá que reforzar el mensaje de que, en caso de tensión -y ha habido momentos de gran tensión en años pasados entre Taiwan y la República Popular de China-, EE.UU siempre estará a su lado. Creo que Biden debería reforzar este mensaje porque Taiwán es el gran termómetro del compromiso americano en la zona. EE.UU. tiene muchos aliados en la zona, y Taiwan es el caso más sensible, porque China lo considera parte de su territorio, una provincia rebelde de la madre patria, y ahí sí que hay que reforzar el mensaje de que EE.UU está aquí, que hay unos acuerdos bilaterales que cumplir y que Taiwán no está solo.

Ahora bien, me da cierto miedo pensar que a China se le ocurriera, en un momento dado, desarrollar alguna maniobra militar en el Sur del Mar de China, y se le ocurriera hacer algo con Taiwan, porque sería peligroso y a EE.UU no le quedaría más remedio que demostrar que ese compromiso es de verdad. Cuando Bashar al-Assad tenía problemas en Siria, Rusia formó un pacto de seguridad con él y fue ayudarle. Nos pueden parecer bárbaras las acciones que Rusia realiza en ciertos aspectos, pero la verdad es que a nivel internacional Putin se ha mostrado como un aliado fiable respecto a sus acuerdos con Siria. Esa fiabilidad es la que tiene que mostrar EE.UU en el continente asiático, porque ha habido demasiadas ondulaciones en ese compromiso con sus aliados.

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