¿Islamofobia en Europa?

Mundo · Souad Sbai
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7 enero 2015
2014 nos ha dejado con un brutal rebrote yihadista del Isis y algunos episodios de terrorismo diseminados entre Europa y Australia, interpretados como la obra de unos locos por parte de cierta prensa internacional. Pero si vamos hasta el fondo de esos hechos, no se trata de la obra de una panda de locos.

2014 nos ha dejado con un brutal rebrote yihadista del Isis y algunos episodios de terrorismo diseminados entre Europa y Australia, interpretados como la obra de unos locos por parte de cierta prensa internacional. Pero si vamos hasta el fondo de esos hechos, no se trata de la obra de una panda de locos.

Pero el año que acaba de terminar nos deja en herencia otro aspecto, no secundario, del paso de los tiempos: dos atentados incendiarios en dos mezquitas de Suiza, hechos que han dado paso inmediatamente al grito contra la islamofobia y la intolerancia contra los inmigrantes. A decir verdad, no es algo que nos deba sorprender, pero conviene tomar en consideración detenidamente estos episodios.

Lo que parecía un ascenso imparable, me refiero al multiculturalismo agresivo de los últimos años, hoy empieza a abrir sus primeras grietas sociales y políticas, y no me refiero solo al avance de las formaciones euroescépticas que hacen de la inmigración controlada un eje imprescindible. Ese es el resultado final, evidente a la vista de todos, pero existe un movimiento ideológico de fondo que lentamente está rehaciendo el camino recorrido hasta ahora y que está limando, como haría una navaja Ockham, todas las asperezas inútiles o consideradas dañinas para el tejido social. Y he aquí que a los ímpetus relativistas vuelven a contraponerse ímpetus iguales y contrarios que devuelven a la tradición local y nacional, vuelve a abrirse paso un concepto de libertad que no viene determinado de lo alto y que por tanto está sujeto a los dictados buenistas; en pocas palabras, vuelve a abrirse camino la idea de que la clave conceptual y psicológica que hasta ahora se imponía en la sociedad occidental solo ha traído daños y la incapacidad para reconocerse en algo. Resumiendo, ha traído el caos.

Ante este movimiento lento pero constante, capaz de minar las bases del proceso galopante de infiltración extremista en las estructuras que sostienen la sociedad actual, surge la necesidad de quien hasta ahora ha pisado el pedal del acelerador para diluir los viejos valores y sustituirlos por los propios, para renovar un cierto tipo de pensamiento y de acción con las miras puestas en una última, tal vez desesperada, defensa de las posiciones adquiridas: vaciamiento de la conciencia colectiva occidental a favor de la aceptación extremista, creación de un sentimiento de culpa casi histérico en el lenguaje y en la acción, de modo que Occidente pudiera ofender nada más abrir la boca, estructuración de límites sociales y éticos más allá de los cuales todo es xenofobia e islamofobia. Un concepto “reservado” a Europa y no aplicable a los intelectuales árabes, que critican duramente el extremismo más de lo que se hace en Occidente.

De la televisión a los medios online, cualquiera que hable puede caer en el sesgo y en el ostracismo, en el mejor de los casos. Otros, obviamente, en los tribunales de la sharía repartidos por toda Europa, de los que nadie quiere hablar, en parte por miedo a las represalias y en parte porque está bien recompensado no mencionarlo. Hay quien, con valentía, no ha aceptado, otros en cambio sí, y el resultado es un fenómeno presente pero silenciado.

Después del largo periodo de fuego que ha caracterizado el avance del Isis, con todo lo que ha conseguido en Iraq y Siria, entre decapitaciones en masa y deportaciones de mujeres esclavizadas por los yihadistas, hablar de islamofobia habría sido contraproducente más que dañino, el silencio del extremismo intelectual ha acabado. Así podemos volver al punto en el que empezamos: en concomitancia con los atentados incendiarios en la democrática y tolerante Suecia, donde se cuentan más de nueve millones de fieles musulmanes, se vuelve a oír hablar de islamofobia e intolerancia. Precisamente en la Europa del norte, donde más antiguo es el proyecto invasivo pormenorizadamente planificado, se han creado auténticos territorios francos y se ha abierto camino la globalización del multiculturalismo y del extremismo, camuflado por una sociedad perfectamente integrada, donde el método de la Hermandad aplicado a la ética ha dado sus mejores frutos, hasta el punto de construir un ascenso irresistible. Todo ello en una sede difícil de analizar, pero basta el dato de que Omar Mustafa, líder de la asociación de los musulmanes de Suecia, en una entrevista sobre lo sucedido, valoró estos hechos hablando de “odio creciente a los extranjeros” y “hastío hacia la comunidad musulmana en el país”.

Y los medios internacionales han seguido esa estela, a partir de un reportaje de la revista sueca Expo sobre la secuela de atentados anti-islam producidos en Suecia: uno en diciembre de 2013, y a partir de ahí uno al mes hasta estas navidades, sin explicar detalladamente de qué se trataba en cada caso. A menos que una ventana rota se pueda definir como un atentado, obviamente. Dejo abiertas algunas preguntas a las que habría que responder sin miedo y con conciencia: ¿qué quieren significar estos dos episodios de Suecia?, ¿esto también es obra de un loco?, y si se trata de un loco, ¿de qué parte está?

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