Editorial

Is Sweet Caroline enough?

España · PaginasDigital
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3 octubre 2013
Elpasado sábado apareció Neil Diamond en Fenway Park, el estadio de los Red Sox.En cuanto empezó a cantar ///http://mlb.mlb.com/news/article.jsp?ymd=20130420&content_id=45313172&vkey=news_mlb&c_id=mlb///SweetCaroline/// llegó lacatarsis. Acababa de ser detenido el segundo sospechoso de los atentados delMaratón y los bostonianos podían salir, por fin de casa, después de haberestado todo un día recluidos por recomendación policial mientras se peinaba eldistrito de Watertown.

NeilDiamond compuso Sweet Caroline en 1969, pensando en la hija de JFK,el bostoniano que llegaría a presidente. La letra habla de tiempos difíciles yde cómo remontarlos. El "So good" del estribillo es habitualmente coreado portodo el estadio. La pasión por los Red Sox marca la vida de Boston. Pero elpasado fin de semana, con Neil Diamond, se cantaba a algo más. Se cantaba lavictoria sobre el terror, el deseo de superar el miedo. Al terminar los últimosacordes todos los asistentes gritaron el nombre de su país al unísono.

Unpueblo que canta unido en los estadios o en las iglesias para despedir a susmuertos y para mirar al futuro con esperanza ya tiene mucho recorrido. Pero ¿es SweetCaroline suficiente? (Is SweetCaroline enough?). ///http://www.editorialtaurus.com/es/autor/fernando-reinares///FernandoReinares///, uno de los mayores expertos mundiales en terrorismo internacional,sostenía hace unos días que en un mundo abierto como el nuestro es imposibleque Estados Unidos y otros países occidentales no sufran ataques de este tipo.Venía a sugerir que es una "cuota de dolor" a la que es necesarioacostumbrarse. Hay que desarrollar "resiliencia" social.

Estávisto que no es así. Ni Estados Unidos, ni España, ni Londres ni ninguna ciudadoccidental se "acostumbra" al dolor. Todos los años, todos los meses, muerendecenas, cientos de personas, en accidentes, en atracos, víctimas incluso deasesinatos. Y el mal provocado por todos esos acontecimientos no tiene la capacidadde herir como el terrorismo. ///http://goo.gl/bLimK///Golpear en Boston esgolpear donde más duele///. Como hacerlo en Nueva York, o en la estación deAtocha en Madrid o en el suburbano de la City.

El malque un atentado de estas características produce se prolonga durante muchotiempo. No por casualidad Estados Unidos se ha convertido, desde hace 12 años,en un país polarizado y dividido como pocas veces en su historia. El brutalenfrentamiento entre republicanos y demócratas, que ha roto los viejosconsensos, no se entiende sin la política de Obama, la elección de Obama no seentiende sin los errores de Bush y los errores de Bush no son explicables sinla reacción torpe que provocó el 11 de Septiembre. De igual modo la fractura dela sociedad española, que ha dado al traste con los acuerdos básicos de laTransición, no se explica sin las bombas en los trenes de 2004. El terrorismode ETA en el País Vasco ha engendrado una sociedad en gran medida enferma.Mucho se escribió también sobre lo que supuso el asesinato de Aldo Moro. Y ellargo camino que ha tenido que recorrer Irlanda para empezar a sanearsecertifica que los efectos del mal no se superan con facilidad.

Elterrorismo es un acto simbólico en el que la voluntad de herir y de causar dañoaparecen descarnadas. El terror, acompañado del miedo, es una de las negacionesmás netas de lo humano. Los pueblos no están hechos para la injusticia yguardan en su memoria el daño recibido. Por eso no es extraño que, a menudo,cuando dicen haber olvidado, el resentimiento aparezca de mil modos. Y cuandodicen luchar por la justicia, anhelan la venganza. Cuando dicen haber vuelto ala normalidad se han doblegado a quien les golpea. Por eso tampoco esinfrecuente que todos acaben echándose unos a otros las culpas.

Todoello hace necesario custodiar esos raros y preciosos momentos de la historia enlos que un pueblo reconoce el mal sufrido o causado y lo perdona. Así fue laEuropa de postguerra tras el nazismo, la Italia de los años 50, o la España quehizo la Transición a la democracia. Siempre hubo en esos momentos hombresconscientes de que el mal no es una broma, no se lava con buenas intenciones.Hace falta una redención. Todos queremos cantar SweetCaroline no como un bellodeseo sino como la posibilidad de vivir mejor el presente. 

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