Infancia clandestina

Cultura · Juan Orellana
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13 diciembre 2012
El cineasta Luis Puenzo, que ganó un Oscar en 1985 por una película sobre los desaparecidos en la dictadura argentina, produce esta historia similar, basada en hechos reales y dirigida por el cortometrajista y documentalista Benjamín Ávila. Este director, junto a Marcelo Müller, escribe un guión inspirado libremente en su propia vida, ya que su madre fue una de las "desaparecidas" en 1979. Se trata de una coproducción, en la que España aporta a un excelente Ernesto Alterio. La cinta la protagoniza el niño Teo Gutiérrez Romero, la famosa Natalia Oreiro, que hace de su madre y César Troncoso en el papel de su padre. Completa el reparto Violeta Palukas, que encarna el primer amor de Juan.

El argumento cuenta la historia de Juan, un chaval cuyos padres son dirigentes del movimiento revolucionario montonero, y que tras vivir unos años en Cuba, deciden regresar clandestinamente a Buenos Aires para ponerse al frente de un comando revolucionario. Juan debe cambiar de identidad, de nombre, de biografía "oficial" y de colegio. Pero mientras asiste a la peligrosidad cotidiana en la que viven sus padres y su tío Beto, al que une una hermosa relación, Juan se enamora de una chica de su clase, María, lo que introduce una nueva positividad en su vida.

Esta película tiene la gran virtud de contar unos hechos terribles y desgarrados, desde la mirada de un niño, que no los edulcora, pero sí les da una perspectiva más fresca, oxigenada y luminosa, que no menos hiriente. Las peripecias de los adultos, sus luchas ideológicas, su punto de vista parcial, se combinan armónicamente con la vida de Juan, sus excursiones escolares, sus fiestas de cumpleaños y su descubrimiento del amor. Además, en un excelente ejercicio de coherencia, las escenas más violentas y episodios más desagradables se nos muestran en secuencias de animación, de montaje impresionista, que nos ahorra cualquier salida de tono en el film.

Como dice su director, esta película no se basa ni en el odio ni en el rencor, y el resultado es muy equilibrado: los militares nunca aparecen en el film, más que brevemente al final, y los montoneros son dibujados con todas sus luces y sombras. La vida es la que vence en el film, imponiéndose a unos y a otros. Creo que se trata de una excelente película.

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