Elecciones vascas

Independentsi-á

España · Ángel Satué
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22 abril 2024
¿Es legítimo preguntarse si es preciso tener una coincidencias mínimas, una mínima sensación de que se comparten cosas con el que vota diferente pero respira el mismo aire, para construir la misma sociedad en la que se vive?

Independencia, en el vasco académico, a un castellano le suena a algo parecido a “Independentsi-á”. Lo gritaban ayer los de Bildu, que merecen todo ahorro en epítetos. No es para menos su alegría. Han empatado con el PNW a escaños y se han quedado a apenas 30.000 votos de ellos. La W es de “woke”.

La palabra “independenia” la conforman varios fonemas, que son unidades mínimas sonoras: /i/,/n/, /d/, /e/, /p/, /e/, /n/, /d/, /e/, /n/, /s/, /i/, /a/. Si eres un avezado lector, que sin duda lo eres si lees paginasdigital.es, te habrá sorprendido, salvo que seas además un profesor de lengua o un lingüista, que el fonema /s/ no es /c/. La razón es que en castellano, el fonema /s/ se usa para representar el sonido de la “s” en la palabra “independencia”. Es decir, que los de Bildu coreaban también en castellano su utopía, compartida como poco, por tantos terroristas de ETA a lo largo de la historia.

Lo cierto es que sobrecoge pensar que ayer, cuando se cumplían 40 años del asesinato de un guardia civil -memoria histórica-, Bildu empataba en escaños con el PNV, mientras en el Bernabéu y en el medio mundo que merece la pena, que es un decir, 80.242 espectadores coreaban al equipo de Chamartín, vencedor del Barsa.

Mezclar churras con merinas confunde al personal, pero es que en España lo que no es futbol, eran toros, y ahora es política. Una política de utopías o una utopía política, que se va tornando con una política de gestiones y economía o una gestión de eso que llamamos política, que muchas veces se convierte en jugar con esperanzas, deseos, necesidades y miedos, de jóvenes, mayores, y mediopensionistas.

Da miedo que haya 340.000 votantes que no se separan de un partido que no condena el terrorismo. ¿Para qué, si le va bien? En el otro lado, por VOX, la izquierda también teme un partido que no condena el franquismo y que tiende a las imágenes imperiales, que transmitan liderazgo fuerte, o un discurso antiinmigración que daba pena escucharlo en los debates televisivos. Sí, daba pena también escuchar otras muchas cosas. Este socio necesario en España, que no en Europa, le resta al Partido Popular cuando se pone bravo. El PSOE por su parte optó por asumir ese mismo tono de Podemos y “deMás”, lo cual, no es nada halagüeño para España. Tres cuartos de lo mismo sucede con los comunistas, que no condenan a Stalin.

Pienso que en España para comenzar a hacer algo que merezca la pena, que no sea solo gestionar, ni solo buscar imposibles utopías que acaben por transformar para mal la vida de las personas, habría que dejar de pretender que el otro condene lo que no quiere condenar. Es difícil cuando asistimos a la consolidación de la “internacional del nacionalismo ibérico”, desde Galicia hasta Cataluña, pasando por el País Vasco.

Es tentador esa pretensión. ¿Qué tentación no es tentadora por apetecible? Y, hasta se puede (o se debe) argumentar que hay una obligación moral para poner el contador a cero. Pero todos sabemos, cuando se es cristiano, que el corazón humano no funciona sobre estas premisas. Que para llegar al propósito de enmienda y a la contrición antes ha debido pasar algo o Alguien. Funciona todo como con los hijos, a través del ejemplo, a través de una experiencia forjada a fuego lento, ni siquiera a través de razones y argumentos o motivos para que le voten a uno. Una sociedad que anhela la paz es algo bueno. Ahora, en el País Vasco, deben anhelar la libertad. No la van a tener con la ideología nacionalista o comunista. Tampoco la tendrían con un liberalismo fiero. O un estatalismo español abundante. La libertad es una actitud no un sistema económico.

Entonces, es legítimo preguntarse si es preciso tener una coincidencias mínimas, una mínima sensación de que se comparten cosas con el que vota diferente pero respira el mismo aire, para construir la misma sociedad en la que se vive. La respuesta es que sí. Y es muy difícil maridarla con lo anterior, con que no se condenen asesinatos a sangre fría, ejecuciones sumarias decretadas a oscuras, en tribunales especiales y clandestinos populares. Una pantomima de justicia silbeante, con /s/.

Apenas 700.000 votos nacionalistas, sean de derechas como el PNV, con el que prefiere pactar el PSOE y el Partido Socialista Vasco, o sean de extrema izquierda, nos condicionan, tanto la vida, como para casi 1.000 compatriotas, la muerte.

¿Trabajar juntos sin exigir condenar públicamente y sin renunciar un ápice a nuestros derechos y libertades?  Al menos, tengo la libertad de hacerme esta pregunta. Y sé que no tengo la respuesta. Pero sé que no puede ser por táctica o estrategia electoral, sino por verdadero amor a los demás, que es lo que motiva la entrada en política de los mejores políticos.


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