Hermanos

Cultura · Víctor Alvarado
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18 marzo 2010
Jim Sheridan, autor de las películas En el nombre del Padre (1993) o The Boxer (1997), se enfrenta a un drama familiar, que es un remake de homónimo título de la gran directora de danesa Susanne Bier, que demostró su talento con la excelente Después de la boda (2006).

La historia gira en torno a un militar de la guerra de Afganistán, que es secuestrado y supuestamente asesinado por los talibanes, mientras tanto su mujer, después de pasar el duelo por la muerte de su marido, se enamorará del hermano del militar.

Las interpretaciones son excelentes, aunque la más destacable sea la del actor Tobey Maguire, que consigue transmitir su sufrimiento sin histrionismos y con una sequedad que da la sensación de que tiene la intención clara de interpelar al espectador. Por otra parte, la bella e inteligente Natalie Portman vuelve a demostrar sus grandes dotes como actriz.

La directora irlandesa, que rodó de forma cronológica siempre que fue posible, intenta contarnos la vida de una familia cristiana donde hay mucho rencor guardado. No obstante, el perdón se presenta como un elemento clave de la trama. La cinta  quiere que reflexionemos sobre las consecuencias de la guerra, pero se agradece que se encuentre descargada de la ideología tan característica en otras producciones. Además, el cineasta no ha dulcificado el trato con el que los fundamentalistas islámicos obsequian a los occidentales.

Otro aspecto que merece la pena ser tenido en cuenta es el de la incomunicación, que no permite cerrar las heridas producidas por una serie de situaciones que escapan al control de la persona. Por tanto, sin riesgo a equivocarnos, podemos decir que, aunque de manera escueta, los personajes están muy bien desarrollados y su psicología es propia de las situaciones a las que se enfrentan.

Por otra parte, la familia aparece como el lugar donde se refugian cuando los problemas les ahogan. En definitiva, nos vamos a encontrar con un largometraje de gran riqueza desde el punto de vista antropológico. Sin embargo, la dureza dramática, la aridez y la lentitud de la mayoría de las escenas pueden empañar el resultado final.

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