Her

Cultura · Víctor Alvarado
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24 febrero 2014
Varios cineastas han intentado reflexionar sobre la posibilidad de crear una máquina que piense y sienta como el ser humano. Recordamos algunos títulos como DARYL, Inteligencia artificial, Blade Runner o la archiconocida 2001: Una odisea del espacio por poner algunos ejemplos. Her, aunque difícil de ver, es de lo mejor que se ha hecho en relación al citado tema.

Theodore es un excelente escritor de cartas de amor para personas que tienen problemas. Sin embargo, este tipo de ayuda, que proporciona a los demás, no le sirve a él, pues se trata de un hombre solitario, cuya esposa le ha dejado, motivo por el cual decide iniciar una relación con Catherine, un programa de ordenador que actúa como si fuera la pareja virtual del que lo compra.

La dirección ha corrido cargo de Spike Jonze, autor de Cómo ser John Malkovich o Donde viven los monstruos, que llevaba algunos años queriendo contar una historia de amor diferente y la verdad es que ha acertado de pleno porque Her es muy original en su planteamiento.

Esta producción, nominada a los Oscar, ha contado con Joaquin Phoenix que, aunque por momentos roza el ridículo por lo peculiar del personaje y la historia, está muy bien. Por otra parte, también participa Amy Adams, que ofrece el toque más humano, mientras que Scartlett Johansson es la voz del programa de ordenador. Si le prestas atención casi te enamora porque su interpretación está llena de matices. En Hollywood se ha luchado por su candidatura para los Oscar. Sin embargo, se ha quedado en nada, ya que no aparece en persona.

El visionado del largometraje ofrece una serie de lecturas. La primera es que refleja, con bastante acierto, las distintas etapas por las que pasa una relación de pareja, aunque se queda en el lado más superficial sin profundizar en la idea de compromiso y familia. La segunda lectura muestra la dependencia cada vez más marcada de las computadoras y el absurdo de las relaciones virtuales, lo que nos convierte en seres insociables cuando abusamos de ellas. Y es que esta obra no sólo entretiene, sino que sirve para constatar cómo se establecen las relaciones sociales en el mundo contemporáneo, que a pesar de que tenemos en nuestras manos muchos medios de comunicación, de algún modo se está deteriorando. Después de haber visto la película sales agradeciéndole a Dios que todavía no exista ningún programa de ordenador capaz suplantar al ser humano, que por muchas virtudes que posea nunca podrá sustituir a un abrazo o a la empatía de una persona.

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