Hasta tus cabellos están contados…

España · Ignacio Santa María
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8 septiembre 2008
La promoción del aborto y de la eutanasia dan la auténtica medida de cuál es el valor que para nuestro gobernantes tiene la persona. Para ellos sólo valemos en la medida en que somos  productores, consumidores, contribuyentes al fisco o votantes. Pero no nos engañemos: de esta mentalidad participa toda la sociedad, y así vivimos inmersos en un mundo de relaciones regidas por criterios de utilidad. Sólo una mirada que vea en cada persona algo único, irrepetible y en conexión con el Misterio insondable puede dar lugar a una forma distinta de abordar realidades como los embarazos no deseados o la enfermedad terminal.

Zapatero ha llamado "hipócritas" y "cínicos" a quienes se oponen a la nueva ley del aborto que el Gobierno está impulsando a todo gas. Cabe preguntarse si esos calificativos no le irían mejor a un gobernante que presume todos los días de "ampliar derechos" y ahora planea recortar el derecho más importante de todos: el derecho a la vida.

El presidente y sus ministros tienen imaginación como para inventar nuevos supuestos derechos los martes y los viernes. De hecho, estamos asistiendo, como dice Juan Carlos Girauta, a la conversión de un delito, de una conducta penalizada, en un derecho: el derecho, dicen, "de las mujeres que han decidido abortar y de los médicos que las asisten". Y esos nuevos derechos, hasta ahora delitos, se anteponen al derecho básico y fundamental que sustenta todos los demás derechos: el derecho a nacer y a vivir.

El planteamiento jurídico sobre el que se sustenta la iniciativa es sencillamente demencial. "La ley actual ha sido superada por los acontecimientos", argumentó la vicepresidenta De la Vega el pasado viernes. ¿A qué acontecimientos se refiere? A que, durante muchos años, una serie de clínicas en Barcelona y Madrid han estado cometiendo un fraude de ley sistemático al practicar abortos en masa, acogiéndose al conocido como "cuarto supuesto" (que contempla la interrupción del embarazo cuando éste pone en riesgo la salud psíquica de la madre) y valiéndose de falsos informes psicológicos. "Los acontecimientos" a los que alude De la Vega se desencadenaron cuando unos pocos jueces y la Comunidad de Madrid decidieron combatir esta muy lucrativa actividad delictiva. Ahora el Gobierno considera que hay que proteger a quienes cometen delito frente a los jueces. Es algo tan disparatado como decir que, como hay muchos individuos que roban y matan, es mejor derogar el Código Penal y así nadie lo incumplirá.

Para llevar a cabo sus pretensiones, que podrían llevar a duplicar o quién sabe si triplicar los 100.000 abortos que actualmente se realizan al año en España, los socialistas han querido parapetarse detrás de un comité de "expertos" y una subcomisión parlamentaria para decir luego que han sometido al "diálogo" y al "consenso" lo que ya es un guión escrito y decidido de antemano. Quizás hubieran engañado a alguien si lo hubieran hecho con más finura, pero la composición del comité de "expertos" no deja lugar a dudas: todos sus miembros son cercanos al PSOE o declarados partidarios del aborto libre. Una vez más, emerge la dictadura de los "expertos" gubernamentales,  auténticos "gurús" modernos que imponen a todos las nuevas leyes morales.

La promoción del aborto y de la eutanasia refleja el valor que nuestros gobernantes conceden a la persona. Para nuestras autoridades la vida de los ciudadanos sólo vale en la medida en que les reporta interés o beneficio. Para ellos, sólo valemos en la medida en que somos  productores, consumidores, contribuyentes al fisco o votantes. Con esta política, el Gobierno de Zapatero se equipara moralmente a las autoridades de países como Senegal, Mauritania o Marruecos que, ajenos a la suerte que puedan correr, permiten que miles de sus conciudadanos se embarquen en cayucos y pateras hacia una muerte probable. Por cierto, no debe de ser casual que hayamos pasado del "papeles para todos" de Caldera al "cerrojazo" de Corbacho: las sacrificadas vidas de los inmigrantes tampoco parecen valer mucho.

Pero no nos engañemos, de esta mentalidad que devalúa a la persona no participan sólo los gobernantes sino toda la sociedad. En el ambiente que nos circunda, la mayoría de las relaciones se rigen por el criterio de utilidad. Incluso el cuidado del propio "yo", el amor hacia la propia persona, es un bien escaso.

Lo que se necesita es una piedad hacia la persona, una mirada que la entienda en toda su profundidad; que la conciba como algo único, irrepetible y en conexión con el Misterio insondable, como una pequeña laguna que, en su fondo, conduce a una corriente subterránea que llega hasta el mar. "Hasta los cabellos de tu cabeza están contados", una frase que ha resonado en la Historia como la mejor expresión de esta forma verdadera de mirar al hombre. La oposición a las leyes del aborto y la eutanasia debería ser algo natural en todo hombre, cualquiera que fuera su forma de pensar, porque toda persona en el fondo desea ser mirada así.

Sólo de una mirada como ésta puede surgir otra manera de afrontar la realidad de los embarazos no deseados o de la enfermedad terminal por parte de los poderes públicos, pero sobre todo de la sociedad civil.

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