Haití se reconstruye con protagonistas

Mundo · José Fernández Crespo
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19 enero 2011
Todas las miradas del mundo vuelven de nuevo a Puerto Príncipe. Es como si Haití tomara de nuevo un rostro humano para la opinión internacional; como si la herida del 12 de enero se abriera de nuevo ante la mirada escéptica de millones de personas del mundo entero que se preguntan cómo es posible que cientos de miles de hombres y mujeres sigan aún desperdigados en las calles de la capital del país haitiano.

Haití, el país más pobre y frágil de toda Latinoamérica, sigue hoy más debilitado que nunca a pesar de la gran ayuda internacional que se ha desplegado. Y además parece que las circunstancias siguen maltratando las pocas energías que existen con los conflictos derivados de unas elecciones fracasadas, un ciclón que arrasó cosechas enteras en la zona suroeste de la isla y una epidemia de cólera que se expande entre la falta de salubridad del agua y las precarias condiciones sanitarias.

Afirmaba Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Missio: "El desarrollo de un pueblo no deriva primariamente ni del dinero, ni de las ayudas materiales, ni de las estructuras técnicas, sino más bien de la madurez de la mentalidad y de las costumbres. Es el hombre el protagonista del desarrollo, no el dinero ni la técnica". Como relataba Jordi Bach, director de Proyectos de la ONG CESAL en Haití, "¿de qué sirve construir escuelas en Haití si los padres no envían a sus hijos a estudiar en ellas? El desarrollo comienza en la familia, en las personas, dando motivos para la esperanza. Y esa es la tarea de CESAL". Es decir, no hay desarrollo si falta lo humano; no hay desarrollo si el hombre no es protagonista de su desarrollo. Porque si un hombre y una mujer se sienten amados, acompañados y privilegiados sus corazones comienzan a desear, a creer en un futuro certero para sus familias y su comunidad; y entonces un pueblo se levanta independientemente de la circunstancia que atraviese.

Es el caso de Regine, joven trabajadora de una ONG local haitiana. Tras el terremoto, Regine asumió la coordinación de los dos campos de desplazados que gestionaba CESAL, por iniciativa propia, con un compromiso más allá de sus funciones. O de Alfred, estudiante que, a falta de un año para terminar ingeniería civil, ha sido capaz de reconstruir dos escuelas y realizar los drenajes de los dos campos de desplazados de cara a la época de lluvias. Ambos han pasado el examen más duro de su vida y se han graduado con la nota más alta.

Porque la tarea de una ONG no es la de sustituir la responsabilidad de los hombres y mujeres con los que se encuentra, sino fortalecer la autoconciencia y dignidad de los mismos. Así cuanto más entiende una persona quién es y cuál es su valor, más crece su identidad personal y, como consecuencia, también su identidad cultural. Por eso, generar desarrollo también es fortalecer la identidad de un pueblo, acompañar una generación. Y ver así cómo el ser humano puede volver a florecer, en cualquier circunstancia y amando su realidad para transformarla.

www.cesal.org

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