Ha llegado la hora de abordar las preguntas que Alfie Evans ha despertado

España · Federico Pichetto
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3 mayo 2018
Alfie Evans finamente murió. ¿Qué se puede decir ahora, después de que los organismos jurídicos de un estado de derecho dictaran deliberadamente la muerte de un inocente? ¿Qué se puede decir ahora, después de que unos padres se hayan visto desprovistos de sus derechos más profundos a cuidar a su hijo por la misma sociedad que hace de la libertad y de la autodeterminación individual su único caballo de batalla? ¿Qué se puede decir ahora, después de que los médicos establecieran el interés principal de Alfie según una medida suya, decididos a no discutir ninguna de sus valoraciones a pesar de la evidencia empírica de tantos datos? ¿Qué se puede decir después de que el mundo entero haya debatido y discutido en internet, contribuyendo y alimentando un enorme clamor ante un caso tan inhumano? ¿Qué más se puede decir después de que el Papa, tocado por estos hechos, se haya expuesto en primera línea activando todos los canales humanitarios y políticos posibles?

Alfie Evans finamente murió. ¿Qué se puede decir ahora, después de que los organismos jurídicos de un estado de derecho dictaran deliberadamente la muerte de un inocente? ¿Qué se puede decir ahora, después de que unos padres se hayan visto desprovistos de sus derechos más profundos a cuidar a su hijo por la misma sociedad que hace de la libertad y de la autodeterminación individual su único caballo de batalla? ¿Qué se puede decir ahora, después de que los médicos establecieran el interés principal de Alfie según una medida suya, decididos a no discutir ninguna de sus valoraciones a pesar de la evidencia empírica de tantos datos? ¿Qué se puede decir después de que el mundo entero haya debatido y discutido en internet, contribuyendo y alimentando un enorme clamor ante un caso tan inhumano? ¿Qué más se puede decir después de que el Papa, tocado por estos hechos, se haya expuesto en primera línea activando todos los canales humanitarios y políticos posibles?

Nada. Llegados a este punto, ya no se puede decir nada. Solo respetar el drama de un epílogo que para muchos podía no ser evidente, aunque lo ha sido. Que deja un sabor amargo. Pero decir algo no es la única opción posible. También se puede mirar.

Mirar toda la distancia que hay entre una razón llamada a buscar siempre el bien y una razón, propia de médicos y jueces, que buscan en cambio fijar el perímetro del bien y que se atrinchera detrás de su propia medida. Mirar toda la distancia que hay entre las posiciones más favorables a la vida y el maltrato de tantas otras vidas abandonadas y marginadas en nuestra sociedad, inmersa en la cultura del descarte.

Mirar toda la distancia que hay entre una guerra en internet, armada con proclamas y campañas, y la guerra que tantos experimentan en su vida diaria cada vez que se dan cuenta de que esas batallas suyas no inciden, no cambian nuestra forma de mirar a nuestra familia ni los mecanismos que regulan la sociedad. Mirar la distancia que existe entre la fe cierta de muchos y la impotencia palpable de otros tantos en estos casos.

Hay por tanto un espacio donde todavía quedaría mucho que decir y hay un espacio donde se constata que estas últimas semanas se ha hecho mucho, muchísimo, pero nada de eso ha bastado. Entonces, podemos preguntarnos ¿para qué ha servido?, ¿qué ha cambiado?, ¿qué puede salvar todo el abismo que existe entre nuestra vida y nuestras batallas?, ¿qué puede cambiar esta cultura de la muerte?

De Alfie Evans, de este pequeño mártir, verdaderamente no podemos decir nada, solo podemos pedirle. Sin embargo, entre nosotros quizás haya aún un montón de cosas de las que hablar. Un montón de preguntas que afrontar y empezar a responder. Preguntas que, a pesar de la opinión de muchos, se presentan en este momento como las más dramáticas y decisivas.

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