Gracias a Irlanda, Europa más cerca de los ciudadanos

Mundo · Mario Mauro
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9 octubre 2009
No hay duda de que la victoria del sí en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa en Irlanda es un hecho muy positivo para la revitalización de la Unión. El Tratado contiene reformas institucionales. Una de ellas es la elección directa del presidente del Consejo para un mandato de dos años y medio que puede ser una oportunidad para  ver, por fin, gente con un gran liderazgo, como Tony Blair, al frente de la maquinaria europea.

El referéndum irlandés fue el último gran obstáculo para la entrada en vigor del Tratado. La nueva Carta refuerza el papel del Parlamento Europeo y reduce la brecha entre los ciudadanos y las instituciones. Toda Europa debería agradecer al pueblo irlandés que haya votado a favor del sí para evitar una parálisis real del proyecto europeo.

Espero que el primer ministro checo, Vaclav Klaus, y el polaco Lech Kaczynski se convenzan también para que entre en vigor el Tratado de Lisboa el 1 de enero de 2010. El sí de los irlandeses indica claramente que una Europa unida es el único proyecto político creíble que puede traer beneficios a los países y, sobre todo, a los ciudadanos.

La semana pasada el periodista irlandés John Waters escribió que "nadie hoy en la clase política sabe proponer una estrategia para el desarrollo de Irlanda fuera de la UE. El modelo económico elegido por Irlanda no puede ofrecer ningún atractivo para los inversores extranjeros si los irlandeses no estamos dispuestos a entrar por completo en el proyecto europeo". 

Esta afirmación es válida, aunque de modos diferentes,  para los 27 países miembros de la Unión. El lazo inquebrantable con Europa no es una condena, como afirman algunos, sino un reto que puede convertirse en una gran oportunidad. 

Ahora, sin embargo, se debe actuar con rapidez. La Comisión Europea, que es el órgano ejecutivo, debe actuar con coraje. La Comisión debe liderar iniciativas como el lanzamiento de los eurobonos, la gestión conjunta de la cuestión de la inmigración o soluciones para los temas de la energía. Y, sobre todo, hay que tener muy en cuenta los  graves errores cometidos en los últimos veinte años. La presunción de que podíamos trabajar sin pensar en el apoyo de los ciudadanos y la opinión pública; la presunción de que este proyecto no tenía que ver con los sentimientos de los pueblos sino con una burocracia oscura.

En este sentido, es una señal importante de que el 67 por ciento de los irlandeses haya dicho sí, porque, como ha señalado el presidente del Grupo del PPE, Joseph Daul, "es la primera vez que los ciudadanos de un país europeo se expresan en forma inequívoca sobre su deseo de participar en la aventura europea". La involución del proyecto político que llamamos Unión Europea se debe precisamente a estos factores.

La esperanza es, por tanto, trabajar juntos para que todo el éxito del Tratado de Lisboa sea el comienzo de una nueva vida para nuestras instituciones, así las nuevas generaciones podrán percibir que la Unión Europea es un  bien indispensable.

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