Entrevista a Massimo Borghesi

`Gracias a Del Noce, los católicos se abrieron a las libertades modernas`

Cultura · Luca Negri
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24 mayo 2011
En un momento en que la política italiana está atravesando una fase de parálisis sustancial en sus propuestas, se hace necesario recuperar la enseñanza del filósofo católico Augusto Del Noce (1910-1989). La ocasión la brinda la publicación en Italia del libro Augusto Del Noce. La legittimazione critica del moderno, escrito por Massimo Borghesi, profesor de Filosofía Moral en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Perugia y autor, entre otros, de ensayos sobre Hegel y Romano Guardini. 

Este libro describe y analiza el recorrido cultural de Del Noce en los años 40 y 50, con un "objetivo fundamental": "liberar a los católicos, tras la dictadura y la guerra, de nostalgias reaccionarias; y abrirles a una relación positiva con las libertades modernas". Publicamos una entrevista con el profesor Borghesi para comprender mejor la figura de Del Noce y hacer una lectura de la actualidad política que atravesamos a la luz de los estímulos que ofrece su pensamiento.

Noberto Bobbio, bromeando, aunque quizá no demasiado, llamaba a su amigo-enemigo Del Noce "el De Maistre italiano". ¿Era una definición motivada? ¿Tenía Del Noce algo en común con el pensador de Saboya? En definitiva, ¿era un reaccionario?

No, no es una definición motivada. Es una definición infeliz que obedecía al intento de Bobbio de deslegitimar a su amigo-adversario, al intelectual que más que ningún otro contribuyó a desmontar el modelo basado en la acción de la historia contemporánea. Del Noce conocía, naturalmente, la obra de De Maistre, y apreciaba su crítica al modelo y a la mentalidad revolucionaria, pero criticaba, igual que hacía con el pensamiento reaccionario en general, su postura "reactiva", incapaz de distinguir en la modernidad entre el momento racionalista y el liberal. Para Del Noce, el núcleo positivo de la modernidad consistía en la idea de libertad. El catolicismo, fuera de cualquier integrismo, debía encontrarse con este ideal.

Algunos intelectuales "neofuturistas" cercanos a Gianfranco Fini y al Premio Strega Antonio Pennacchi han relanzado últimamente el "fascismo-comunismo". ¿Cómo valoraría Del Noce esta propuesta? Según dicen, se trataría de salir definitivamente del siglo XX, pero ¿fascismo y comunismo no expresan precisamente la esencia del siglo pasado?

Habría que distinguir entre la perspectiva de Fini y la de Pennacchi. Del Noce vería probablemente en el post-fascismo de Fini el intento de legitimar, secundando las dinámicas de secularización que siguieron al post-89, las esperanzas revolucionarias. En el "fascismo-comunismo" de Pennacchi se da, por el contrario, un encuentro entre dos realidades populares derrotadas, un intento irreal de oponerse al proceso de atomización y vaciamiento de la dimensión política. En realidad, estamos fuera del siglo XX, tanto del totalitarismo imperante entre las dos guerras como de la ideología que caracterizó la segunda posguerra. Sin embargo, según una perspectiva delnociana, el siglo XX no estaría definitivamente cerrado. Continúa presente a través de la descomposición de sus ideales. El vacío actual, el nihilismo, son herencia de la crisis de las ideologías post-bélicas.

En la izquierda, sin embargo, el Partido Demócrata tiende a reivindicar la tradición "católico comunista" de Dossetti y Rodano. ¿Cuáles eran los principales puntos de desacuerdo entre Del Noce y esta propuesta política?

La relación con Franco Rodano, más que con Felice Balbo, es en realidad una relación compleja. En el libro cuento cómo Del Noce, tras su participación en la experiencia de la izquierda cristiana, en 1943-44, reanuda en los años 60 su relación con Rodano. En este contexto toma forma la crítica a la sociedad opulenta y a su mentalidad positivista. Una sociedad que lucha contra el comunismo en cuanto fe religiosa en nombre de un materialismo más integral que el marxismo. Esta colaboración se interrumpe a finales de los 60. La crítica que Del Noce dirige a Rodano en los últimos años se dirige a que su síntesis entre catolicismo y comunismo lleva al vaciamiento de ambos y beneficia a la sociedad opulenta. El proyecto rodaniano desembocaba, paradójicamente, en el triunfo de la misma tecnocracia.

¿Por qué motivo rompe Del Noce con el ambiente de "El Molino"?

Del Noce en realidad no rompe con "El Molino", la revista y editorial con que colabora de 1957 a 1974.  Su relación con Nicola Matteucci, exponente de un liberalismo laico que dialoga con los católicos, permanece constante hasta el final. La ruptura es con los católicos favorables al divorcio, en la época del referéndum, presentes en la redacción de la revista, principalmente con Pietro Scoppola. El hecho curioso es que Del Noce tomará después distancias con Gabrio Lombardi y el comité del referéndum, debido a un doble tipo de unión, como laicos y como católicos, para los que la indisolubilidad del matrimonio suponía una posición religiosa que no podía ser tratada como un valor autónomo civil.

Se celebran los ciento cincuenta años de la unidad nacional italiana. ¿Qué limitaciones veía Del Noce en el proceso unitario?

A Del Noce le preocupaban especialmente dos cosas: que la DC, como partido de gobierno, representara la conciencia nacional del país, y que los católicos, una vez superados los prejuicios antiliberales, se reconociesen en los valores del liberalismo ético. Para ello, entre 1961 y 1963, imagina un nuevo giobertismo, una revisión del Resurgimiento en clave católica. Un proyecto que abandona inmediatamente, cuando se da cuenta de que el auténtico continuador de este pensamiento es precisamente Gentile, el filósofo del fascismo. Desde 1964 Antonio Rosmini, y no Gioberti,  se convierte en el modelo delnociano del encuentro entre catolicismo, libertad y conciencia nacional.

Del Noce fue elegido senador, aunque independiente, en las filas de la Democracia Cristiana, pero no secundó el partido único de los católicos. ¿Por qué?

Del Noce tuvo siempre la secreta ambición de ser el ideólogo de la DC, una especie de Gramsci del catolicismo político, el filósofo que De Gasperi no fue. De aquí, su amor-odio por la DC, a la que ve en algunos momentos como la vía de la vida democrática del país y en otros como incapaz de comprender el proceso de secularización que estaba disolviendo el catolicismo italiano. Del Noce era perfectamente consciente de que la limitación democristiana se correspondía extremadamente con las limitaciones de la cultura católica, que en la filosofía de la historia del siglo XIX oscilaba continuamente entre progresistas y reaccionarios. Era este vacío sobre sus espaldas lo que obligaba a la DC a volar bajo, a ser un partido pragmático, sin que sus dos términos, "Democracia" y "cristiana" pudieran alcanzar un sentido completo.

El centro-derecha italiano, y el pensamiento liberal en general, tienen la posibilidad de aprender mucho de Del Noce. ¿Qué aspectos sería más urgente recuperar?

Diría que el Del Noce más actual, en términos histórico-políticos, es el que, ya desde 1963, intuye que el nuevo enemigo, en la perspectiva cristiana y liberal, ya no es el marxismo sino la sociedad opulenta post-marxista. La que después se reafirma con la globalización de los años 80 y 90, la que se beneficia de un capitalismo sin reglas, la que vive del primado de la razón instrumental, de la afirmación de una desacralización-mercantilización integral. Comte, el padre del positivismo, pasa a ocupar el puesto de Marx. Y así se consigue el mito de la eficiencia, por un lado, y un vacío ideal sin precedentes, por otro. Es un análisis lúcido que interpela tanto al centro-derecha como a la izquierda, ambos impotentes frente al universo que ha nacido fruto del post-89. Habría que releer, por su actualidad, las páginas de 1970 dedicadas a "Un nuevo discurso sobre la derecha y la izquierda", que muestran a un Del Noce inédito, que rompe los esquemas en los que algunos han tratado de catalogarlo.

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