Ghadi

Cultura · Juan Orellana
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23 julio 2015
La semana próxima se estrena la película Ghadi, una tierna y conmovedora historia sobre un niño con síndrome de Down, dirigida por el debutante cineasta libanés Amin Dora, y que representó a su país en los Oscar. Ghadi también ha recibido el premio del público en los festivales de cine de Busán, Arabian Sights y Mannheim-Heidelberg además de ser galardonada como mejor película y mejor actor en los Premios de la Academia de Cine de Líbano.

La semana próxima se estrena la película Ghadi, una tierna y conmovedora historia sobre un niño con síndrome de Down, dirigida por el debutante cineasta libanés Amin Dora, y que representó a su país en los Oscar. Ghadi también ha recibido el premio del público en los festivales de cine de Busán, Arabian Sights y Mannheim-Heidelberg además de ser galardonada como mejor película y mejor actor en los Premios de la Academia de Cine de Líbano.

El argumento nos lleva a un pequeño barrio cristiano de la costa libanesa, donde vive desde que nació Leba (Georges Khabbaz). Primero fue un niño marginado e incomprendido. De adulto se convirtió en un apreciado profesor de música, casado con la bella Lara (Lara Rain). Su vida parece petrificarse cuando le anuncian que su primer hijo varón va a nacer deficiente. Entonces se plantea abortar. A partir de ese momento se desarrolla una fascinante película, imaginativa, divertida y a la vez conmovedoramente seria.

Ghadi se puede entender como una fábula para adultos, con un humor muy mediterráneo, y una mirada positiva y tierna sobre el ser humano, un poco al estilo de cierto cine italiano. De hecho el cineasta reconoce al cine italiano y al indie americano como sus dos puntos de referencia. La película habla de muchas cosas, como los prejuicios, la envidia, el egoísmo… pero fundamentalmente es un homenaje a tantos niños con síndrome de Down que alegran la vida de los que conviven con ellos. Niños de los que siempre se ha dicho que son ángeles en la tierra, aunque haya quien les mira con pánico y angustia, seguramente porque no han pasado tiempo con ellos. Y como telón de fondo, una comunidad humana entretejida de tradición cristiana y con una religiosidad natural a flor de piel. Se trata de una película muy coral, en la que cada personaje aporta un disparate y un encanto particular. Pero hay dos personajes que tienen la última palabra en cuanto a sabiduría y sentido común, el profesor de música que Leba tuvo de niño, el único que creyó en él, y el sacerdote cristiano del barrio, con una intervención pequeña pero esencial. No se trata de la típica película pro-life en sentido habitual y mucho menos militante. Digamos que aquí el rechazo al aborto va de suyo, con toda naturalidad, ajeno a cualquier dialéctica contaminada ideológicamente.

El proyecto viene de Gabriel Chamoun, que es quien ha producido el film. Él se lo propuso a Amin Dora, que no había estrenado ningún largometraje, pero que era famoso en Líbano como artista visual y que había ganado en 2010 un premio Emmy por la dirección de Shakaboot, la primera webserie dramática árabe sobre la vida en Beirut. Además es profesor en la Academia Libanesa de Bellas Artes. El guión se lo encargó a Georges Khabbaz, muy valorado por la sensibilidad social de sus trabajos, el cual además interpreta al personaje principal de Leba.

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