General de por vida

Mundo · Félix Hernández
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22 febrero 2023
El Santo Padre, como en otras ocasiones, en su viaje al Congo se ha reunido con un grupo de jesuitas. En ese encuentro el sucesor de San Pedro ha asegurado que el Padre General de la Compañía debe serlo “de por vida es para evitar cálculos electorales, las facciones, los chismes”. Vuelve a reiterar lo que estuvo en la mente de San Ignacio y por lo que sus primeros seguidores tuvieron que batallar duramente.

En su historia de los Papas cuenta Pastor Ludwig que “el 23 de mayo de 1555 estaba conversando San Ignacio de Loyola con el Padre Gonçalves da Câmara (uno de sus colaboradores) cuando sonó la señal que anunciaba haberse ya efectuado la elección de Papa. Pronto se supo quién era el recién elegido: el cardenal Caraffa. Al pronunciarse este nombre observó Gonçalves cómo una densa sombra turbó el rostro del fundador de la Compañía de Jesús. San Ignacio mismo confesó más tarde a algunos confidentes, que le habían temblado entonces todos los huesos en el cuerpo. A la verdad esta elección podía reducir a la nada toda su obra principal”.

Las relaciones de Paulo IV, que ese fue el nombre elegido por Caraffa, con la Compañía fueron muy tensas. Lo ha puesto de manifiesto en sus investigaciones el profesor José Ignacio Tellechea. Caraffa había chocado mucho con Carlos V. Fue testigo del control del emperador sobre Italia y asistió en mayo de 1527 al terrible “sacco di Roma”. Las relaciones entre el Papado y la Monarquía de los Austrias no mejoraron con Felipe II, al que Caraffa, como Paulo IV, consideraba continuador de la tiranía de su padre. Caraffa era napolitano y eso explica muchas cosas.

Paulo IV tenía una franca desconfianza hacia los jesuitas porque eran españoles. Pablo III el 27 de septiembre de 1540 había promulgado la bula Regimini Militantis Ecclesiae, que reconocía a la Compañía de Jesús como orden religiosa. A la muerte de san Ignacio (31 de julio de 1556) era necesario celebrar la I Congregación General y aprobar las Constituciones. La Congregación estaba prevista para el verano de 1557 y se postpuso por el enfrentamiento entre el Papa y Felipe II. Paulo IV impidió que se celebrara, como estaba previsto, en España. En Roma, las Constituciones de la Orden podían ser reformadas por el Papa más fácilmente. La reunión tuvo lugar el 19 de junio de 1559. Mario Scadutto, en su historia de la Compañía, relata cómo tras la elección del Padre Diego Laínez como segundo General y, al aprobarse las Constituciones ignacianas, Paulo IV aprovechó su autoridad para añadir dos puntos a las mismas: por un lado, que el generalato fuese trienal, y por el otro, que se introdujese el coro en la Compañía. Paulo IV murió en 1559. Su sucesor fue Pio V. Escribe entonces san Francisco de Borja (el que sería tercer general) que “Su Santidad (Paulo IV) mandaba que el prepósito general fuese ad tempus por espacio de tres años. Se puso en las dichas Constituciones, por obedecer, como era razón, el mandamiento de Su Beatitud, aunque se entendía ser trabajosa, e impedirse con ellas el fin e instituto de la Compañía”. Por eso pide “que se suplique a S. B. (Pío IV) de nuestra parte sea servido de volvernos a dejar nuestras Constituciones”.

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Como explica la profesora Esther Jiménez Pablo, en el verano de 1561, pasado ya el trienio de gobierno impuesto por Paulo IV, y sin haber conseguido la revocación de lo que había mandado Pablo IV, el general Laínez estuvo dispuesto a abdicar para proceder a la elección de un nuevo General, obedeciendo así las órdenes del difunto Papa. En el último momento no lo hizo, al preferir someter a votación tal decisión y salir por mayoría la continuidad de Laínez. Francisco de Borja intervino ante Pio IV para explicarle la situación y que diese un dictamen final, obedeciendo así́ a la autoridad del nuevo Pontífice. Entretanto los padres Polanco (secretario) y Estrada (provincial de Aragón), enviaron a Pio IV una petición, en nombre de toda la Compañía, en la que le rogaban la continuidad del segundo General con estas palabras: “beatissimo Padre, summamente importa alla Compagnia nostra che’l preposito generale sia perpetuo, per la purità et buon governo di quella, noi, per nome di tutta la nostra Compagnia”. El 22 de junio de 1561, Pío IV derogaba el decreto del anterior Pontífice, confirmando de nuevo las Constituciones y haciendo efectivo el generalato vitalicio de Laínez.

 

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