Francisco lleva la paz a Río

Mundo · G.G.
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24 julio 2013
El martes debía ser una jornada completamente dedicada al reposo de Francisco. Pero durante toda la mañana (según se indica en el séquito papal), el Papa se reunió en privado con diferentes personalidades civiles y eclesiásticas, además de conocidos a los que no veía desde la época del CELAM.

El martes debía ser una jornada completamente dedicada al reposo de Francisco. Pero durante toda la mañana (según se indica en el séquito papal), el Papa se reunió en privado con diferentes personalidades civiles y eclesiásticas, además de conocidos a los que no veía desde la época del CELAM. Debido al mal tiempo, la entrega de la medalla conmemorativa del viaje se llevó a cabo en el centro diocesano en el que se está alojando el Papa, y el secretario de Estado pronunció en esta sede su discurso, en lugar de hacerlo en el Cristo de Corcovado (en donde se había programado). El jueves próximo, el Papa se reunirá con algunos mitos nacionales del deporte brasileño, como el futbolista Pelé. El supuesto encuentro privado de hoy entre Francisco y Pelé que ha circulado en algunos medios locales no se llevó a cabo.

Desde hace semanas ha habido protestas, incluso violentas, por las calles de Río y otras ciudades brasileñas. Contra todo y contra todos: el costo de la vida, el financiamiento público destinado al Mundial de futbol y los gastos de organización de la misma JMJ. Pero, en cuanto Francisco pisó suelo brasileño, la rabia se transformó en entusiasmo. Como el santo de Asís con el lobo de Gubbio, el único Papa que ha elegido el nombre del pobrecillo de Asís calmó a la ciudad “rebelde” con su peregrinaje de paz por los lugares que fueron símbolo de la protesta en contra del sistema. Una oleada de participación popular tan intensa y arrolladora que bloqueó incluso el “convoy” del Papa, por lo que las autoridades brasileñas tuvieron que admitir que habían cometido una serie de errores en el sistema de seguridad.

Sin embargo, lo que no podrá eliminarse en el imaginario colectivo es el recuerdo de una recepción caótica, sí, pero increíblemente alegre. En pocas horas, el clima emotivo del país con el mayor número de católicos en el mundo cambió radicalmente. Cientos de miles de chicos invadieron ayer por la tarde el centro para ver de cerca o para tocar al Papa argentino, que acababa de llegar a Brasil. El primer sucesor latinoamericano de Pedro. Con un imprevisto único en su tipo, el Papa atorado en el tráfico de la ciudad (pero que nunca dejó de sonreír y saludar), se esfumó la atmósfera plúmbea de las manifestaciones de protesta, de las manifestaciones violentas en las calles.

Claro, las razones de los “indignados” brasileños no han desaparecido, pero Bergoglio habló al respecto tanto en su conversación con los periodistas durante el vuelo a Río como en la ceremonia de bienvenida en el palacio de gobierno. Sea como sea, la sensación que se vive en Río es que Francisco logró calmar los ánimos con su creíble testimonio de “vocero” de los indigentes y de sus peticiones. Así, gracias a la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil se vive, de hecho, una especie de “tregua” en la ofensiva en contra de las autoridades por parte de miles de asociaciones que se viene desarrollando desde junio. El “amor a primera vista” entre los peregrinos y Francisco encontró la mejor representación plástica en las imágenes del accidentado trayecto entre el aeropuerto y el palacio Guanabara.

Justamente en “Cinelandia”, área del centro de la ciudad y tradicional escenario de las protestas, la escalinata del “Teatro Municipal” fue invadida no por manifestantes sino por una multitud de jóvenes, gente común y peregrinos. Toda la ciudad era un abanico de banderas, sobre todo brasileñas, pero también argentinas, chilenas, mexicanas y de todos los países de América Latina. Fue justamente allí, en el centro de la ciudad, en donde los jóvenes de la JMJ se concentraron. El ambiente se enriquece con la música, los cantos populares y los ritmos tradicionales del país. La llegada de Papa Francisco a Río de Janeiro fue algo así como un “carnaval religioso” que continuará durante el resto de la semana de la JMJ. El primer “milagro” de Francisco fue el de pacificar una enorme metrópolis que desde hace semanas parecía una trinchera.

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