Fish tank

Cultura · Juan Orellana
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28 abril 2010
Esta película de la directora británica Andrea Arnold se inscribe en el más puro realismo social británico del que hace 20 años Ken Loach era su mejor exponente. Nos cuenta la historia de Mia, una adolescente de catorce años, intratable y problemática a causa de una experiencia familiar desestabilizante. Su madre lleva una vida inestable, de juerga en juerga y de hombre en hombre. Lo único que motiva un poco a esta chica es el baile moderno. Todo parece cambiar a mejor cuando conoce a Connor, el nuevo amante de su madre. Parece sensible y con una capacidad educativa superior a la de su madre. Pero cuando Connor muestre su verdadero rostro, Mia ya no tendrá en quien confiar.

La película está rodada con buen pulso, lenguaje narrativo moderno, con mucha cámara en mano, planos secuencia y un formato de pantalla ya en desuso. Los actores no profesionales son muy creíbles y el retrato que hace de los ambientes más deprimidos de la sociedad de consumo es crudo y realista. Pero al film le falta una luz, un punto de fuga, un mínimo de positividad humana plausible. Por ello el resultado es claustrofóbico, nihilista, muy alejado del utopismo del primer Ken Loach.

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