Farouq: El Papa nos ha dado una lección de humildad, impensable en el mundo musulmán

Mundo · Pietro Vernizzi
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12 febrero 2013
"Benedicto XVI no ha sido un Papa diplomático, sino una figura que ha antepuesto la defensa de la verdad a cualquier otra consideración. Su decisión de dimitir es perfectamente coherente con todo lo que ha afirmado a lo largo de todo su Pontificado". Wael Farouq, musulmán,  comenta así la noticia de la dimisión de Joseph Ratzinger del solio de San Pietro, que será efectiva a partir del 28 de febrero. Para el profesor egipcio, fundador del Meeting Cairo, "en un momento en el que tantas personas odian y matan en nombre de la religión, la decisión de ceder el mayor cargo espiritual del mundo es signo de una persona extremadamente humilde pero con una gran energía, hasta el punto de renunciar a todo poder".

´Benedicto XVI no ha sido un Papa diplomático, sino una figura que ha antepuesto la defensa de la verdad a cualquier otra consideración. Su decisión de dimitir es perfectamente coherente con todo lo que ha afirmado a lo largo de todo su Pontificado´. Wael Farouq, musulmán,  comenta así la noticia de la dimisión de Joseph Ratzinger del solio de San Pietro, que será efectiva a partir del 28 de febrero. Para el profesor egipcio, fundador del Meeting Cairo, ´en un momento en el que tantas personas odian y matan en nombre de la religión, la decisión de ceder el mayor cargo espiritual del mundo es signo de una persona extremadamente humilde pero con una gran energía, hasta el punto de renunciar a todo poder´.

¿Cómo ha acogido el mundo árabe la noticia de la renuncia de Benedicto XVI?

La primera reacción ha sido un enorme silencio. El Santo Padre nos ha vuelto a dar una lección práctica, en armonía con todas sus tomas de posición. Su decisión documenta el hecho de que el poder es un peso. En un momento en que muchas personas odian y matan en nombre de la religión, este hombre ha renunciado al mayor cargo espiritual del mundo porque ya no podía cumplir con sus obligaciones. Este gesto es mucho más significativo que cientos de discursos o miles de palabras. Es una lección práctica para todos. Nos enseña que cualquier cargo es un servicio para las personas y no un modo de controlarlas.

¿También es una lección para Oriente Medio?

Desgraciadamente, después de la Primavera árabe en Egipto y Oriente Medio estamos asistiendo a un abuso de la religión en la arena política. Precisamente por eso todo el mundo árabe se ha quedado sin palabras frente a la decisión del Papa. Renunciar refleja un profundo sentido de la humildad, el hecho de que nos encontramos delante de una persona extremadamente sencilla pero con un gran poder en su corazón. Sólo un hombre así puede tener la energía necesaria para renunciar a todo su poder.

Con el discurso de Ratisbona, Benedicto XVI señaló con el dedo a una cierta interpretación del islam.

Hay millones de interpretaciones del islam hasta el punto de que tendremos que dejar de hablar de islam y empezar a hablar de musulmanes. El islam es una religión que desde hace 15 siglos se relaciona con una vasta región geográfica que se extiende por los cinco continentes. La lección de Ratisbona nos enseña que la razón es central para la fe y la violencia está en completa contradicción con la religión, y mi concepción personal de mi fe musulmana se encuentra en perfecta armonía con todo lo que el Papa dijo en aquel discurso. Numerosos estudiosos musulmanes de distintas épocas han expresado los mismos juicios que el Santo Padre, aun exponiéndose así al conflicto con la opinión diferente de otros expertos.

¿Cómo valora los posicionamientos del Papa, particularmente en relación a las zonas más calientes de Oriente Medio?

He admirado a Benedicto XVI desde el primer momento, porque es una persona muy sencilla y humilde, pero que nunca ha dejado de cultivar el placer de la honestidad. No es un diplomático, y por tanto nunca ha ignorado ni evitado los verdaderos problemas de la realidad de nuestro tiempo. Siempre ha sido un hombre sincero y lo que hace ahora es del todo coherente con su historia.

¿El Papa Ratzinger ha sido capaz de favorecer de forma concreta el diálogo con el islam?

Desde el primer momento se negó a proseguir con un diálogo interreligioso superficial, basado en el encuentro entre creyentes ´moderados´ pertenecientes a diversas confesiones que afirmaban estar de acuerdo en todo. Las semanas interreligiosas de Asís durante la era Ratzinger han sido más un encuentro que un intento de elaborar formulaciones teóricas que fueran bien para todos.

¿Cuáles han sido las consecuencias de este cambio realizado por el Papa?

Muchas personas han percibido este cambio como una actitud agresiva respecto al diálogo, mientras que en realidad ha sido un paso decidido en la dirección del verdadero diálogo. Un evento como el Meeting del Cairo nace del mismo intento de fundamentar el diálogo no sobre un compromiso a nivel dogmático sino sobre el hecho de compartir una experiencia concreta. Fue el propio Benedicto XVI quien nos enseñó que el diálogo no se da entre las religiones sino entre los creyentes.

¿Y qué piensa de la posición del Papa con respecto a Siria?

Como líder del Estado Vaticano, con respecto a Siria el Papa ha dejado a un lado cualquier lenguaje diplomático y ha expresado claramente su posición contraria a la violencia y al asesinato. La misma claridad le ha caracterizado en relación a Iraq, cuando en 2002, siendo entonces cardenal, declaró que un ataque unilateral no podía estar justificado. Por tanto, ha defendido todo aquello en lo que creía, aun a costa de tener que dejar a un lado las consideraciones propias de la oportunidad política. Así h a demostrado ser no un político sino el hombre de la verdad y de la realidad.

En septiembre además visitó el Líbano.

Fue un hecho muy fecundo. Después de su visita al Líbano, muchos amigos libaneses se han puesto en contacto conmigo porque querían organizar un evento similar al Meeting del Cairo también en Beirut, precisamente por los sentimientos positivos suscitados por el Santo Padre. Su intención era acoger un evento capaz de representar este espíritu positivo determinado por el encuentro con Benedicto XVI.

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