Familia y escuela: un matrimonio indisoluble

Mundo · Mª Teresa López López (Fundación Acción Familiar)
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28 septiembre 2010
Con el comienzo del nuevo curso escolar vuelve a surgir el debate sobre la necesidad de mejorar la convivencia en los centros educativos. Algunas Comunidades Autónomas, como la de Madrid, ya han reflejado en sus normas la necesidad de recuperar la autoridad del profesor así como la importancia de mejorar la presencia de las familias en la escuela. La Comunidad Foral de Navarra se suma ahora a esta preocupación por mejorar la convivencia y acaba de aprobar un Decreto en el que se regulan los derechos y deberes del alumnado y otras cuestiones relativas a la convivencia en los centros educativos no universitarios, con especial referencia al papel de la familia. Se recoge la necesidad de que éstas colaboren con el centro para que el proceso educativo se lleve a cabo de forma adecuada ocupándose de facilitar y controlar la asistencia a clase y a las actividades programadas, y proporcionando los medios para el estudio y realización de tareas en casa.

Es evidente que a algunas familias les puede parecer innecesario recoger en una norma que los padres deben ocuparse de los hijos, pero la realidad es terca y es evidente que algunas han abandonado sus responsabilidades primarias, que no son otras que la educación de sus hijos, y esto se ha vuelto contra ellas. Los últimos datos de la Memoria del Consejo General del Poder Judicial muestran el aumento en el número de casos de violencia de hijos contra padres, ¿qué sociedad estamos construyendo?

Con más frecuencia de la deseada vemos en los medios de comunicación escenas de vandalismo protagonizadas por adolescentes. Es preocupante comprobar los daños materiales que causan y el coste que tienen -mobiliario público destrozado, parques con toneladas de botellas vacías que reflejan la forma de ocio preferido por estos jóvenes, etc-. Pero genera mas preocupación la impotencia de muchos padres, que se ven incapaces de cambiar el comportamiento de sus hijos. Pero no busquemos culpables, todos somos responsables y por tanto tendremos que reflexionar sobre qué sociedad queremos, abriendo un debate social sobre el papel que la familia y la escuela desempeñan en nuestro modelo educativo.

Gran parte de la sociedad y muchos profesores atribuyen esta violencia -con frecuencia dentro de las mismas instalaciones escolares-, al fracaso escolar, en el que España se sitúa a la cabeza de Europa y a una muy deficiente educación en la familia. Además muchos docentes han perdido la motivación, la confianza y la ilusión en sus alumnos, en la sociedad y en las familias, al constatar la falta de reconocimiento del papel clave que desempeñan, unido a las dificultades que se derivan de las sucesivas reformas educativas. A su vez, los padres se sienten con las manos atadas y con una capacidad educativa cada vez más limitada, entre otras razones porque se enfrentan a un grave deterioro social con una pérdida progresiva de valores que además mina su autoridad.

Las respuestas de los agentes que participan en la educación ponen de manifiesto que la familia no sólo ha quedado profundamente alterada por los cambios sociales, sino que sus nuevos comportamientos forman parte de dichos cambios. Pero seamos realistas, en contra de lo que algunos autores manifiestan, la familia sigue siendo el principal grupo social de referencia para todas las edades, como ponen de manifiesto los resultados de la última Encuesta Europea de Valores, que muestra que para la mayoría de los españoles, representa hoy uno de los valores más importantes, por encima del trabajo, amigos, tiempo libre, religión y política, y muchos de ellos estarían dispuestos a hacer algo real por mejorar las condiciones de la suya.

Aunque España esté actualmente sumida en una profunda crisis económica, la renta media ha aumentado de manera significativa en las últimas décadas. Las familias de doble ingreso son más habituales y la significativa reducción en el número de hijos les ha permitido dedicar más recursos económicos al ocio, aunque éste no sea de más calidad. Pero su nivel de vida ha bajado si se consideran otras variables no económicas tales como: los horarios laborales, tiempo de presencia en el lugar de trabajo, niveles de comunicación, rupturas familiares, violencia doméstica, etc.

Todo ello obliga a reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo y para la que preparamos a los que hoy son niños y dentro de poco, adultos. El mayor bienestar material que se les ofrece obliga a los padres a jornadas laborales interminables y a una reducción en ciertas ocasiones excesiva del tiempo que les dedican. En consecuencia la familia cada vez pasa menos tiempo junta y por tanto su papel como educadora empieza a ser asumido, en muchos casos de manera casi exclusiva, por otros agentes: escuela, televisión y por algunos grupos sociales. Es urgente la recuperación de las riendas de la educación y socialización primaria de los hijos para que ésta pueda realizar su insustituible papel de educadora.

Es innegable que la familia es el primer y más idóneo contexto de aprendizaje de valores, por lo que los padres deberán vivir y asumir previamente como propios aquellos que deseen transmitir y obtendrán mejores resultados al conseguir que sus hijos les otorguen legitimidad al adquirir autoridad. Sin embargo, esto no asegura el éxito del trabajo realizado, aunque existen condiciones de partida en la familia que aumentan las posibilidades de lograr hijos más humanos, más íntegros y por tanto mejores ciudadanos, como es la propia coherencia. Los padres deben vivir y asumir como propios aquellos valores que desean transmitir, ya que los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

En el éxito de la educación, inciden muchos agentes, por lo que los resultados no dependen exclusivamente de la familia. La escuela, además de formación académica, enseña también valores, actitudes, etc, que deberán ser coincidentes con los que aquella propicia. Por ello la libre elección del centro educativo resulta decisiva para una eficaz transmisión de los mismos. La incoherencia en los mensajes que se ofrece, sobre todo durante los primeros años de vida, puede llevar a grados de confusión importantes que incluso afecten a la configuración de la personalidad. Por tanto los padres deben conocer el colegio, participar en las actividades escolares, supervisar tareas, etc., lo que exige dedicación y tiempo. Asimismo, mostrar el valor que conceden al profesor, pues los hijos le respetarán si ven que ellos lo hacen. La familia y la escuela son instituciones obligadas a trabajar juntas y destinadas a caminar en el mismo sentido, ya que ambas comparten las responsabilidades educativas.

"El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de formar buenos ciudadanos" (Platón), por ello es necesario implementar políticas públicas de familia que le faciliten el cumplimiento de su responsabilidad como principal agente en el proceso educativo, sustituyéndola únicamente ante su imposibilidad de llevarla cabo. Esto, unido a otras actuaciones a desarrollar, que propicien la corresponsabilidad familiar y laboral, contribuirá a recuperar su papel primario de educadora, cuando se haya visto disminuido por las circunstancias y a reforzarlo en otras. Todo ello ayudará a construir una sociedad más humana, en la que con certeza la violencia disminuirá considerablemente.

Normas como la que acaba de aprobar la Comunidad Foral de Navarra y previamente la Comunidad de Madrid pueden ayudar a mejorar los resultados de nuestro sistema educativo.

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