Falta un hervor

España · Francisco Pou
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2 marzo 2016
Que el problema de la política son los políticos es ya lugar común. Pero probablemente nunca había quedado para el ciudadano tan rabiosamente evidente que tenemos un gran problema. La Constitución, un hito en la historia de la convivencia entre los españoles, después de haber parapetado durante décadas nuestro edificio social, parece necesitar reformas urgentes.

Que el problema de la política son los políticos es ya lugar común. Pero probablemente nunca había quedado para el ciudadano tan rabiosamente evidente que tenemos un gran problema. La Constitución, un hito en la historia de la convivencia entre los españoles, después de haber parapetado durante décadas nuestro edificio social, parece necesitar reformas urgentes. Por un lado tenemos el problema territorial: en Euskadi y, ahora en primer plano en Cataluña, se lleva años sembrando una cultura de la diferenciación que ha madurado ya en cultura de la separación, dando por indiscutible la imposibilidad de diálogo y convivencia. En ambos lugares. Por otro lado, partidos que a costa de un duopolio de la administración política han dejado una lista de imputados y un tufo de corrupción que hace figurar a España en el tren de cola de la honestidad. La misma corrupción que, en Cataluña, se ha repartido un pastel considerado por una burguesía nacionalista como “lo nuestro, para los nuestros”.

Al llegar a un segundo debate de investidura hay algo que cobra evidencia. Un problema y una oportunidad es una Constitución que ahora mismo parece rechinar en su mecánica fina cuando la liturgia de pactos e investiduras nos está llevando a unas tablas en un momento muy crítico de la partida. Es el momento de superar los efectos de una crisis que ha agrandado enormemente las diferencias entre ricos y pobres en una España que se va quedando sin clase media. Es el momento de atajar el detritus separatista con propuestas ilusionantes. Y es el momento de poder aparecer en Europa como país solvente en vez de país subvencionado. Tenemos un problema cuando nuestros políticos parecen preocupados por “lo suyo”: mi figura, mi sillón, mi partido. Más que futano o mengano, parece que es la Constitución quien se merece hoy una revisión a fondo, de diálogo a fondo. Probablemente a costa de Futano, Mengano y su sillón. Entre otras cosas, nos muestran que en nuestro sistema electoral y de formación de diputados, nuestra mecánica fina necesita un hervor y un recambio. Urgente.

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