Pacto por la Educación

´Falta socialismo moderno en Educacion´, entrevista a García Garrido

Cultura · Roberto de la Cruz
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20 enero 2010
Esta semana el Partido Popular ha presentado sus propuestas para un Pacto por la Educación. El ministro Gabilondo ha anunciado que su departamento trabaja para buscar un texto que pueda llevar a la Conferencia Sectorial del próximo 27 de enero. Entrevistamos a José Luis García Garrido, catedrático emérito de Educación Comparada e Internacional en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. 

Desde la llegada al Ministerio de Educación de Ángel Gabilondo, el PSOE ha mostrado su disposición a alcanzar un pacto educativo con el principal partido de la oposición. Aún no conocemos las líneas que presentará el Gobierno. El PP ha presentado esta semana sus propuestas. ¿Cuál es su valoración?

Como ya ocurrió en 2002 con la LOCE, la posición del PP sobre la necesidad de una reforma educativa en España es muy moderada, quizá demasiado moderada. Existe en amplios estratos de la comunidad educativa la convicción de que, en gran parte, el mal estado en que se halla la educación en nuestro país -y su progresivo deterioro- se deben principalmente (aunque no sólo) a la pésima legislación promovida por los distintos gobiernos socialistas desde 1982. Por ello, no se entiende bien que el PP parezca dispuesto a aceptar una vez más la continuidad del marco legal impuesto por el socialismo español a través principalmente de la LODE (1985), la LOGSE (1990) y la LOE (2004). Lo que ahora ha presentado el PP es una especie de minimum minimorum, compatible, desde luego, con la conservación sustancial del marco legal impuesto por sus oponentes políticos. Que se pida alargar en un año el Bachillerato recortando la lamentable ESO, o que no se pueda pasar curso con más de dos asignaturas, o que Educación para la Ciudadanía se inmiscuya menos en cuestiones de educación moral, son medidas importantes, pero no seguramente todas las que sería necesario tomar para mejorar en serio la educación española. Desde luego, esto demuestra la voluntad clara de pacto escolar que tiene el PP. Pero, a mi modo de ver, ni queda claro así lo que este partido quiere en torno a la educación, ni tampoco queda claro que la táctica pactista que asume sea medianamente válida. Un pacto es el fruto de renuncias a parte de las proposiciones propias. Pero si esas proposiciones son ya de entrada tan poca cosa, lo lógico es pensar que aún se quedarán en menos.

La cuestión educativa no ha sido capaz de concitar el entendimiento entre derecha e izquierda en nuestro país. ¿Por qué? ¿Qué espera de las propuestas que llevará el Gobierno para ese pacto?

Sinceramente, no espero demasiado del partido socialista en este terreno, pues ha sido siempre completamente reluctante a admitir cualquier criterio que no coincida con el suyo. Ya vimos lo que hizo con la tímida LOCE, cuya muerte anunció el señor Zapatero antes de ganar las elecciones. Y mucho menos lo espero ahora, estando como está el partido socialista preso de unas alianzas que refuerzan todavía más su convicción de que la LOGSE -y por tanto la LOE- son intocables (no digamos ya la LODE). El porqué de la falta de entendimiento se debe a la histórica incapacidad de la izquierda española de someter a crítica sus propios prejuicios y planteamientos en materia educativa. La izquierda española permanece anclada en principios que han quedado obsoletos desde hace mucho tiempo, particularmente desde el derrumbamiento del mundo comunista. Pese a la contundencia de los hechos, no hay manera de que dé su brazo a torcer, porque lo prefiere así de torcido, porque cree que obrar así es algo consustancial a la esencia del socialismo.

¿Ha sido así en los principales países europeos?

De ninguna manera. Los partidos socialistas europeos, casi sin excepción, han sido infinitamente más flexibles, más autocríticos, más pendientes de los hechos, de los resultados, de las experiencias pasadas. Esto ha sido particularmente visible en el caso de los socialistas británicos, que, pese a haber sido ellos los "inventores" de la escuela integrada (la comprehensive school), supieron dar oportunamente marcha atrás a los fracasados intentos igualitaristas de proporcionar "café para todos", de proporcionar a todos los alumnos una idéntica formación independientemente de sus capacidades e intereses. En el Reino Unido, el pacto entre laboristas y "tories" se ha producido de hecho, sin alharaca alguna, al haber aceptado los primeros en sus realizaciones legales e institucionales no pocos de los principios que alentara el thatcherismo. Mutatis mutandis, comportamientos similares se han ido produciendo, más o menos calladamente, entre los países nórdicos, en Francia, Alemania e incluso Italia.

¿Por qué cree que, aun habiéndose demostrado el fracaso de los principios pedagógicos de leyes como la LOGSE, el Gobierno volvió a incurrir en los mismo errores con la LOE?

Creo que ya le he dado la respuesta: la convicción de los socialistas españoles de que sólo existe una política educativa verdaderamente socialista, que es la suya. En el fondo, esto denota una clara falta de reflexión y de definición sobre los componentes esenciales de un socialismo moderno en materia de educación. Se ha cedido por completo en otros ámbitos tanto o más sustanciales a los principios socialistas, como por ejemplo en el económico, con una rendición clara a los criterios del capitalismo. Pero, por incoherente que esto sea, en educación no se está dispuesto a cambiar nada de lo que se cree "la posición de la izquierda". Entre los socialistas españoles, el único cambio visible ha sido hacia una radicalización laicista, lo que también contrasta con el criterio de los socialistas en la mayoría de los países desarrollados.

¿Qué provoca que las tasas de fracaso escolar de nuestro país sean de las más elevadas de los países desarrollados?

Un conjunto de factores entre los cuales está sin duda la permanente y reiterada presencia de una legislación escolar obsoleta, inadecuada, contraproducente. Pero no sólo. Hay otras muchas cosas en la sociedad española que han ido favoreciendo el progreso del pasotismo, de la falta de valores sólidos o de su sustitución por valores blandos, de la desautorización de la autoridad educativa (de padres y profesores), del entreguismo a lo fácil, de la demagogia travestida de democracia, del desánimo social, etc., etc. Las políticas educativas, lastradas además por un proceso de descentralización galopante y desenfocada por los nacionalismos, han ido derivando hacia aspectos secundarios, insustanciales, alejándose cada vez más de la eficacia. Seguramente gastamos en educación algo menos que otros países desarrollados, pero si se tiene en cuenta los dineros que se invierten y los resultados que se obtienen, la conclusión obvia es que la educación española es una de la más caras del mundo.

¿Qué necesitaría nuestro sistema educativo para poder elevar su calidad?

Que no sólo los políticos, sino la entera sociedad española, se lo tome en serio. Que cada uno de los principales responsables del proceso educativo asuma con fortaleza la responsabilidad que le corresponde. Que, sobre todo, la familia recupere el protagonismo prioritario que le corresponde en materia de educación, que con tanta insensatez le obstaculizan un montón de leyes que no son estrictamente las escolares, sino las relativas a la hacienda, a la vivienda, a la unidad familiar, al horario de trabajo de padres y madres, a los recursos culturales y de ocio, etc. Que el profesorado se sienta reforzado en sus criterios de exigencia, de adecuada consideración social, de integridad personal, de ilusión por su tarea, de formación coherente. Que los medios de comunicación admitan y resuelvan adecuadamente la grave responsabilidad educativa que les concierne. Y muchas más cosas que no caben en estas pocas líneas. Además de eso, que cambie la legislación y la política educativa. Que no sigamos teniendo un minibachillerato de dos años que es el hazmerreír en la esfera internacional, dentro y fuera de la comunidad europea, pero también que desde la enseñanza primaria se exija esfuerzo, seriedad y un comportamiento impecable a los escolares, en los que invertimos todos tanto dinero y tantas ilusiones. Que en vez de la desmoralización social que parece perseguirse con tanto anhelo por parte de los poderes públicos, se proceda exactamente a lo contrario: a dotar a nuestra sociedad de los recursos sólidos que necesita en materia de valores personales y sociales. En un clima de este tipo, al menos intencionalmente, un pacto para la educación sería a la vez posible y necesario. En otras condiciones, no sé si servirá para algo más que para "marear la perdiz".

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