Europa, más allá del condominio

Mundo · Maurizio Vitali
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14 mayo 2019
A menos de dos semanas para las elecciones europeas, poco se oye hablar de Europa. No es nada nuevo, pero ahora es aún más triste porque Europa, que antes se daba por descontada, hoy está en cuestión, y da la impresión de que no nos damos cuenta de lo que está en juego. Y lo que está en juego es un unicum económico, político y social, una realidad que no tiene igual en el mundo. Bastan tres cifras: 7% de la población que produce el 25% de la riqueza (PIB) del mundo y destina al sistema de bienestar la mitad de los recursos que se destinan al resto del mundo entero. Números que ofrecen la cuenta de resultados de un ethos y una cultura muy peculiares que ya no valoramos… Si bien es cierto que nada se construye ni se salva a nadie quedándose en el quejoso lamento de los valores de antaño. El desafío es hoy, sabiendo que lo que nos interesa hoy, el papel y la misión de la peculiaridad europea en los nuevos escenarios mundiales, no es la polémica intencionada sobre cualquier cosa y su contraria entre bandos enfrentados.

A menos de dos semanas para las elecciones europeas, poco se oye hablar de Europa. No es nada nuevo, pero ahora es aún más triste porque Europa, que antes se daba por descontada, hoy está en cuestión, y da la impresión de que no nos damos cuenta de lo que está en juego. Y lo que está en juego es un unicum económico, político y social, una realidad que no tiene igual en el mundo. Bastan tres cifras: 7% de la población que produce el 25% de la riqueza (PIB) del mundo y destina al sistema de bienestar la mitad de los recursos que se destinan al resto del mundo entero. Números que ofrecen la cuenta de resultados de un ethos y una cultura muy peculiares que ya no valoramos… Si bien es cierto que nada se construye ni se salva a nadie quedándose en el quejoso lamento de los valores de antaño. El desafío es hoy, sabiendo que lo que nos interesa hoy, el papel y la misión de la peculiaridad europea en los nuevos escenarios mundiales, no es la polémica intencionada sobre cualquier cosa y su contraria entre bandos enfrentados.

Los partidos que votemos en estas elecciones enviarán a sus diputados a Estrasburgo y estos no se agruparán por países de procedencia sino por grupos políticos, más o menos correspondientes a los diversos partidos europeos (40) a los que los diversos partidos nacionales están afiliados. De modo que sus líneas de acción tendrán que situarse necesariamente dentro de las líneas guías de estas formaciones: las proclamas individuales pueden mostrar una intención más o menos sincera, pero no más.

El principal grupo en el parlamento de Estrasburgo es el Partido Popular Europeo, llamémosle de centro-derecha. En él se encuentran los demócrata-cristianos alemanes, los populares españoles, los republicanos franceses, la antigua Democracia Cristiana italiana, hoy Forza Italia…, con una inspiración de fondo demócrata y liberal, con influencias de la doctrina social cristiana y de la tradición ilustrada. Europeísta convencida, a esta tradición pertenecen los tres padres fundadores de la Comunidad europea –Schuman, De Gasperi y Adenauer–, aunque actualmente no está muy claro si hace algún que otro guiño a los soberanismos. El líder actual, Weber, ha decidido que no, y el partido del húngaro Orbán, campeón de la “democracia no liberal”, ha sido suspendido. Respecto a la inmigración, propone un plan Marshall para África de 50.000 millones. El PPE parece que baja pero no demasiado.

El segundo grupo es la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Agrupa a todos los partidos históricos del socialismo europeo. También ellos europeístas convencidos, no tienen una línea de política económica muy diferente de los populares. Se les supone una demarcación más sensible en el tema de los derechos individuales y la paridad de género, temas sobre los cuales el grupo europeo en su conjunto parece más marcado por una impostación laicista. Parece que aquí la caída se prevé mayor.

La Alianza de los Liberales y Demócratas reúne a los liberales alemanes, el Movimiento Demócrata francés, el partido Más Europa de Emma Bonino y Ciudadanos en España. Europeístas sin reservas, con una ideología liberal laica, laica.

La izquierda-izquierda tiene su propio grupo y está muy dispersa.

Luego están los grupos euroescépticos. A saber, dos de derechas: ECR (conservadores y reformistas) y ENF (Europa de las Naciones y las Libertades); y por otro lado EFDD (Europa de las Libertades y la Democracia Directa), cuya supervivencia no está asegurada.

En este contexto, es un poco arriesgado trazar líneas claras de demarcación. Tenemos un frente europeísta con partidos tradicionales y un frente euroescéptico, cuando no antieuropeo. El primero es bastante homogéneo sobre la economía de mercado y cuenta en su seno con una demarcación norte-sur donde encontramos defensores de presupuestos rigurosos, autores de políticas más expansivas; y una demarcación con temas éticos, género y nuevos derechos en general. El segundo, el frente euroescéptico, comparte la voluntad de reducir los poderes de Europa sobre los presupuestos de los estados y el cierre a la inmigración. Tiene una división este-oeste donde el factor discriminante se llama Putin. Marine Le Pen y Salvini son putinianos por convicción y por el apoyo recibido, mientras que los que estuvieron bajo el paraguas de la URSS piensan de otra manera.

En un escenario de poderes mundiales dominados por un Trump demasiado favorable a Europa, un Putin autoritario que la quiere dividir, y una China totalitaria que quiere meter mano al plato, estamos llamados a decidir si el bien común de los países y de los ciudadanos lo promoverá mejor un unicum europeo renovado (valor de la persona, estado de derecho, economía social de mercado, bienestar, subsidiariedad) o su autoliquidación.

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