Entrevista a Mikel Buesa

´ETA fue derrotada, pero sobrevive políticamente´

España · Juan Carlos Hernández
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26 abril 2018
La ausencia de una campaña terrorista ha mejorado mucho las relaciones ciudadanas pero ello no obsta para que queden muchas zonas de desconfianza y para que puedan surgir casos como el de Alsasua, afirma Mikel Buesa.

La ausencia de una campaña terrorista ha mejorado mucho las relaciones ciudadanas pero ello no obsta para que queden muchas zonas de desconfianza y para que puedan surgir casos como el de Alsasua, afirma Mikel Buesa.

Al respecto del último comunicado de la banda terrorista ETA, ¿se puede vislumbrar alguna novedad? ¿Qué valoración le merece?

Desde mi punto de vista hay dos novedades. La primera se refiere a la distinción que hace ETA entre las víctimas que participaron y las que no participaron en el ´conflicto´. Se trata de la clásica distinción entre combatientes y no combatientes. De estos últimos ETA dice que lo fueron por las necesidades de su lucha armada y, por tanto, sólo cabe interpretar que se trató de efectos colaterales de sus acciones violentas. El derecho internacional de la guerra señala que tanto las que se producen entre los combatientes como las colaterales son víctimas legítimas. O sea que ETA lo que está diciendo es que todas sus víctimas fueron legítimas y que, aun así, pide perdón sólo a las de la segunda categoría.

La segunda novedad es que se reafirma en la idea de que el ´conflicto político e histórico´ con el que justifica su existencia –continuando la guerra civil que el bombardeo de Guernica no finalizó– sólo terminará con su ´solución democrática´; o sea, si el País Vasco llega a la independencia, tal como ETA ha defendido desde la formulación en 1976 de la ´alternativa KAS´. En consecuencia sugiere que, si no se llega a ese final, la violencia, la lucha armada, puede resurgir. Ambas novedades me parecen rechazables.

A pesar de que la ETA hace una distinción entre las víctimas al afirmar que “a consecuencia de errores o de decisiones erróneas, ETA ha provocado también víctimas que no tenían una participación directa en el conflicto”, también reconoce el “daño que ha causado en el transcurso de su trayectoria armada”. ¿Podría existir alguna corriente dentro de la banda donde este reconocimiento del dolor provocado fuera sincero?

De mi interpretación anterior se desprende que, en ETA, no hay el menor arrepentimiento ni dolor sincero por los daños que ha causado. Y ya no hay disidencias entre sus militantes. Por tanto, mi respuesta a tu pregunta es negativa.

Algunos analistas no dudaron en afirmar que cuando la banda terrorista anunció el abandono de las armas en 2011, en realidad se trataba de un cambio de estrategia ya que la banda estaba policialmente vencida. Con la perspectiva del tiempo, ¿cree que esta posición sigue siendo válida hoy en día? ¿Existen matices?

En lo esencial esa posición es correcta. ETA fue policialmente derrotada, pero sobrevive políticamente al dejar la lucha armada. Además, su proyección hacia Sortu y la coalición Bildu fue bendecida por el Tribunal Constitucional. El abandono de la violencia armada ayuda a mantener ese statu quo, a partir del cual se abre una etapa en la que prima la acción político-institucional. Pero ETA, de momento, sigue existiendo y lo que se anuncia para dentro de unos días no parece que vaya a cambiar esa situación.

En el comunicado se afirma que “de cara al futuro, la reconciliación es una de las tareas a llevar a cabo en Euskal Herria, algo que en su medida se está produciendo con honestidad entre la ciudadanía”. Si la diáspora vasca regresara hoy al País Vasco, ¿qué ambiente encontraría entre la sociedad civil? Las agresiones ocurridas en Alsasua a dos guardias civiles y a sus parejas, ¿son un hecho aislado?

La reconciliación no se va a producir mientras perdure el reconocimiento político de ETA en su proyección sobre Sortu y Bildu. La ausencia de una campaña terrorista ha mejorado mucho las relaciones ciudadanas en el País Vasco, en el sentido de su pacificación. Pero ello no obsta para que queden muchas zonas de desconfianza y para que puedan surgir casos como el de Alsasua, con estallidos momentáneos de violencia. Pero la tranquilidad, aunque sea con algunos sobresaltos, no es reconciliación. Por ello, lo que se extiende paulatinamente sobre el País Vasco es el olvido. La mayor parte de la gente prefiere no recordar y, entre los más jóvenes, se impone el desconocimiento. El olvido no es perdón y deriva en injusticia para con las víctimas. Pasarán los años y ya nadie sabrá nada. Es, por lo demás, lo que ha ocurrido en otros lugares y con otras violencias.

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