Estrasburgo y la Cruz

Cultura · Cristina López Schlichting
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5 diciembre 2009
A nadie se le hubiera ocurrido que un crucifijo pudiera constituir una ofensa o un delito. Las banderas de Inglaterra, Noruega, Suecia o Suiza lucen cruces porque son hijas de la tradición europea, que reconoce en el crucifijo un símbolo de perdón, misericordia, solidaridad con los más pobres, igualdad entre los hombres o separación Iglesia-Estado. La vicepresidenta nos ha anunciado una legislación sobre símbolos religiosos fundada en la "laicidad del Estado y la sentencia de Estrasburgo". ¿Acaso la laicidad del Estado no es propia de los países occidentales, precisamente en cuanto hijos de la tradición cristiana? ¿Cómo es posible que Estrasburgo prohíba entonces el crucifijo que es símbolo de este progreso?

El "caso Lautsi" ha sido la respuesta del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (no confundir con el Tribunal de Justicia de Luxemburgo, de la UE) a una demanda de una ciudadana finlandesa que se sentía ofendida por el crucifijo de la escuela pública de sus hijos, que estudian en Italia, en el "Istituto Comprensivo Statale Vittorino da Feltre", en Abano Terme. Como todas las instancias judiciales italianas habían desechado sus requerimientos, Soile Lautsi se dirigió a Estrasburgo, tribunal que reconocen los 47 países miembros del Consejo de Europa. Éste le ha dado la razón sentenciado que la cruz en la escuela "limita el derecho de los padres a educar según sus convicciones y el derecho del escolar de creer o no creer". Conviene saber que la sentencia ha sido rechazada por todos los partidos italianos, de la derecha a la izquierda, que la reconocen como una injerencia inadmisible. La única instancia que se ha felicitado vigorosamente ha sido la "Unión de Ateos y Agnósticos Racionalistas", que lucha en Italia por el Estado laicista.

Me gustaría denunciar aquí la composición del tribunal del caso Lautsi, que me parece muy ilustrativa de la agresiva deriva de la sentencia. Fueron siete jueces quienes fallaron el caso, entre ellos la presidenta, la belga Francoise Tulkens. Tres de los ponentes procedían de países ex socialistas (Danute Jociene, lituano; Dragoljub Popovic, serbio; y Andras Salo, húngaro). De ellos, y por razón de edad, los dos últimos crecieron en el sistema totalitario, que perseguía la presencia pública de los símbolos religiosos. Los tres restantes fueron el portugués Ireneu Cabral Barreto, la turca Isil Karakas y el italiano Vladimiro Zagrebelsky. La mujer nació, vive y enseña en Estambul, en un contexto social que no se caracteriza por el aprecio a las costumbres cristianas. El juez italiano (de curioso nombre) proviene de una tradición tan específicamente laicista que ha sido nombrado "Laico del año 2008" por una institución turinesa que lucha por la laicismo de las instituciones (Consulta Torinese per la Laicitá delle Instituzioni), perteneciente a la Federación Humanista Europea.

La sentencia Lautsi ha sido recurrida y no es firme. Difícilmente puede Zapatero apoyarse en ella pero, en cualquier caso, quede aquí constancia de que merecería la pena revisar las normas internas del Consejo de Europa sobre la recusación de jueces del Tribunal de Estrasburgo. Me parece más que sospechosa la composición de ese jurado.

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