Esto no va de occidentalismo

Editorial · Fernando de Haro
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26 febrero 2023
Esto no va de occidentalismo, esto va de libertad. Todos los que insisten en la vía diplomática deben señalar qué negociaciones son posibles. La paz exige una vía para la paz.

Hace un año, en Przemyśl, en la frontera de Ucrania con Polonia, pensaba que la riada de mujeres y niños que salían de su país, traumatizados por las primeras bombas y por la separación, nunca volverían. Hace un año, pensaba, como muchos, que a Kiev le faltaban pocas horas para caer. Me parecía, como a muchos, que los ucranianos no podían hacer frente al ejército de Putin.

Un año después 19 millones de ucranianos han salido de su país, pero 11 millones han vuelto. Hay ocho millones en Europa, es la mayor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial. Pero muchos salen y entran porque gran parte de Ucrania ha resistido. Hay seguramente 300.000 bajas en los dos bandos, entre muertos y heridos. La mitad de bajas en un solo año de las que se han producido en la Guerra de Siria en diez años. Estamos ante una tragedia difícil de imaginar.

Ucrania no ha caído. La ofensiva de invierno del ejército ruso en el Este no ha conseguido romper la línea defensiva. La guerra, de momento, se ha estancado. Los rusos no tienen munición suficiente, han perdido a muchos soldados y los que luchan no están ni bien preparados ni bien motivados. Pero eso puede cambiar en seis o siete meses. Es el tiempo que necesita Moscú para que su industria militar abastezca de forma satisfactoria al frente. De aquí al otoño los numerosos rusos que están siendo movilizados estarán listos para combatir. Si no hay una victoria antes, el conflicto tiene muchas posibilidades de volverse crónico.

Esperábamos que el plan de paz que ha presentado China pudiera ser de ayuda para conseguir, al menos, un alto el fuego. Pero el plan de Pekín no es un plan de paz y es un buen ejemplo de la postura de los “no alienados”, la postura de algunos países del Sur Global. China pide que se respete la soberanía del invasor y del invadido. Pero eso no significa decir nada porque para Putin la soberanía rusa llega hasta la frontera polaca. También critica las sanciones occidentales y sugiere que Putin tiene razón al sentirse amenazado por la OTAN. Pekín reclama diálogo, pero un diálogo en estas condiciones es ponerse del lado de Moscú.

Un año después es difícil encontrar, salvo en Rusia, a alguien que no denuncie el ataque a la integridad territorial ucraniana. Aunque persisten los discursos “antioccidentales”. Putin habría reaccionado al “imperialismo blando” e insensible de Estados Unidos y Europa. En la izquierda y en la derecha hay muchos que defienden la “necesidad de matizar”. Chomsky es un buen ejemplo. El lingüista asume el razonamiento ruso y denuncia que “estamos asistiendo a un movimiento expansivo de la OTAN hacia el Este” que habría convertido a Ucrania en «un socio ‘de facto”. Estados Unidos se estaría oponiendo a la vía diplomática para debilitar a Rusia. Chomsky y todos los que insisten en la vía diplomática deben señalar qué negociaciones son posibles. Ciertamente sería lo más conveniente pero Putin este año no ha estado dispuesto a hablar más que con sus socios. La paz exige una vía para la paz.

Chomsky y muchos actores del “Sur Global”, situados en la equidistancia entre las dos partes, son víctimas de un viejo sistema de pensamiento en el que todo lo que hace Occidente es una expresión de su pulsión imperialista. Es un viejo esquema. Estados Unidos se ha equivocado mucho en su política exterior de las últimas décadas (Afganistán e Iraq, por diferentes razones, son un buen ejemplo). Pero esto no va de occidentalismo ni de antioccidentalismo. En este momento el imperialismo está del lado ruso. Putin es Pedro el Grande o Iván III, un zar que quiere conquistar nuevas tierras.

Ucrania no ha caído. No ha caído porque el ejército ruso no era lo que pensábamos, porque la ayuda de Occidente ha sido rotunda, pero sobre todo por el factor humano. Los ucranianos luchan porque saben que si no frenan a los soldados rusos perderán la libertad.

Ucrania no puede perder esta guerra. Seguramente no puede ganarla como sueñan la mayoría de los ucranianos y habrá que hacer cesiones territoriales. Pero esto no va de occidentalismo, esto va de libertad.

 

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