Esperando entre dos banderas

Mundo · Riro Maniscalco
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22 septiembre 2015
El Papa llega a Norteamérica, donde la gente común le espera con entusiasmo y afecto, y los poderosos con cierto azoramiento.

El Papa llega a Norteamérica, donde la gente común le espera con entusiasmo y afecto, y los poderosos con cierto azoramiento.

Llega Francisco, el último y sorprendente “efecto especial” de la Iglesia católica. Otro pontífice que todos intentan encasillar y atraer hacia su propio bando con resultados extremadamente escasos, habiendo sido elegido entre los hombres por el Espíritu Santo, que, además de existir también para los que no creen, no se puede reconducir propiamente a bandos políticos.

¿Qué dirá el Papa a los Estados Unidos de América en las cinco jornadas que pasará aquí? ¿Qué le dirá a Obama? ¿Qué dirá en Nueva York? ¿Cuál será su mensaje al término del encuentro mundial de la familia en Philadelphia? Se respira un clima de “primarias” la prensa parece que solo es capaz de leer esta espera en clave política. El espacio que los medios dedican al Papa Francisco es amplio, pero lo que se lee se dedica totalmente a una infinidad de “distinciones” entre los candidatos y personalidades a las que la administración Obama ofrecerá la oportunidad de encontrarse con el Santo Padre. No parece que les interese en absoluto lo que los fieles esperan de esta visita.

Obama está sin duda interesado en el Papa. En la simplificación de la realidad que los “observadores que no saben y no quieren observar” siempre llevan a cabo, facilitar la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba ha hecho de Francisco un “aliado” del presidente. En consecuencia, también lo ha convertido en un personaje peligroso para los diversos Jeb Bush, Chris Christie, Marco Rubio, Bobby Jindal y George Pataki, católicos practicantes y candidatos republicanos. Todos están de acuerdo en seguirlo fielmente sobre cuestiones “espirituales”, todos están de acuerdo en la libertad de disentir sobre las tomas de posición “políticas”.

El resto del electorado católico ya está bastante dividido desde hace tiempo, y no solo a causa del gran tema del “aborto”. En nuestras iglesias (católicas) siempre hay dos banderas que custodian el altar, una blanca y amarilla, la otra de franjas y estrellas. Cuando preguntas por ello siempre hay quien da más peso a una o a otra.

Esperamos al Papa, y esperamos que se le espere de verdad. No para oír que la justicia es lo que nosotros pensamos. Esperamos esperarlo para ser tomados de la mano y llevados a una amistad más profunda con el Señor. También esperamos que quien no vive esta espera pueda descubrir que hay más de lo que ya tiene en su cabeza.

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