España, última frontera del euro

Mundo · Fernando de Haro
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12 abril 2012
Rajoy en su viaje a Varsovia ha dicho este jueves que no se contempla la intervención de España. Ha intentado salir al paso del acoso de los mercados, un acoso que se relajaba algo al dejar la prima de riesgo cerca de los 400 puntos básicos. Es difícil pensar en cómo puede ser intervenida una economía como la española con un PIB de un billón de euros. Estamos pagando las consecuencias de un mal euro, de una moneda que se quedó a medias. Nuestra economía tiene serios problemas, pero el acoso de los inversores no se explica por esos desequilibrios.

El nuevo Gobierno ha heredado un déficit público disparado, nuestra deuda privada está por la nubes, el sistema financiero tiene pendiente sanear el agujero inmobiliario -no son suficientes los 50.000 millones de provisiones-, los pisos deben bajar mucho más y la tasa de paro es incalificable. Pero a pesar de esos males "fundamentales", así es como se llaman en el "argot", la cotización del activo "España" no está en niveles razonables. Hay un Gobierno que seguramente ha cometido muchos errores en los tiempos y en la comunicación, pero que se ha puesto manos a la obra. El ajuste de más de 27.000 millones es insuficiente. Esta semana le han sumado 10.000 en sanidad y en educación. Y la dinámica puede ser peligrosa, las fauces devoradoras de los mercados son insaciables cuando apuestan a la baja. Se gana tanto o más dinero que cuando se apuesta al alza.

La relativa mejora en la prima de riesgo y en la bolsa sólo se ha producido cuando el Banco Central Europeo ha recordado que tiene capacidad para comprar bonos soberanos. La decisión del BCE de prestar a bajo precio a los bancos, la famosa barra libre, es lo único que ha dado a la moneda única algún respiro durante los últimos meses. Esta es la hora en la que necesitábamos un Banco Central Europeo con capacidad de apoyar de forma ilimitada a los países periféricos para frenar a los que utilizan los mercados como un casino. Sufrimos una moneda única con deudas diferentes en cada uno de los países que no tiene Gobierno económico.

En estas circunstancias, además, se dispara la competencia entre los periféricos que están en el punto de mira. Bruselas pide ahora unidad. Un brindis al sol. Los italianos, con Monti a la cabeza, siguiendo la inercia de un mal euro pretenden que todos los tiros se disparen contra nuestro país. Hará falta un ajuste muy duro. Habrá que subir el IVA. Pero no ahora. Merkel, a la que le falta la altura política de Khol, se empeña en que se nos aplique un esquema que puede acabar asfixiándonos. La solución no puede estar sólo en los recortes. Los destinos del euro y de España están unidos. Hace falta política y sin ella no solo se hunde España, se hunde la moneda única que se quedó a medias.

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