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España: entre nación y nacionalismo

España · Juan Carlos Hernández
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27 septiembre 2012
La apuesta independentista del presidentede la Generalitat va creciendo y el próximo 25 de noviembre habrá elecciones alParlamento Catalán en clave de plebiscito de autodeterminación. Estamos ante undesafío cultural e histórico importante por lo que merece la pena reflexionarsobre ello.

Muchos historiadores consideran elnacimiento de la nación española con la unificación de los reinos de Castilla yAragón por los reyes Católicos en el siglo XV. Hay autores que incluso lo datancon anterioridad pero, es verdad, que en el sentido moderno del término nación,se podría considerar esta fecha. Acorde a esto, España es una de las nacioneseuropeas más antiguas por no decir la más. Dentro de ella, como no podría serde otro modo, se encuentran regiones con distintas personalidades pero es apartir de la Restauración cuando empiezan a surgir movimientos que como diceJulián Marías, "van más allá de la afirmación de la personalidad de lasregiones pero que se habían entendido como partes o miembros de un todo que erala nación española". El filósofo nada proclive a los extremismos, tienepalabras duras frente a estos movimientos. "Hay en algunas regiones fraccionesconsiderables y, sobre todo, fuertes grupos políticos aquejados de insolidaridad.No les interesa nada España en su conjunto; no tienen ojos más que para lanación, unido a un narcisismo ilimitado y sin crítica de su región propia. Nose les ocurre siquiera separarse, porque necesitan la totalidad deEspaña para subsistir económica, social, demográfica, políticamente".

Es curioso como estos movimientos hansuscitado cierta fascinación en distintas generaciones. Estas ideologíasutilizan al pueblo como pretexto para un proyecto de poder. Parten de algobueno y bello: una tradición, una lengua,… como excusa para afirmar un proyectoideológico. ¿Qué valor tiene la persona frente a esto? ¿Responde realmente elnacionalismo a una necesidad de la persona con todas sus exigencias? o¿responde a una conquista de poder de cierta burguesía? Es muy llamativo que enaquellos lugares donde han crecido estos nacionalismos la Iglesia Católica haperdido claramente vitalidad. Se sustituye un Dios por el dios nacionalista, esdecir, por una ideología. 

Es cierto, que en muchas ocasiones frentea estos nacionalismos ha surgido una respuesta en sentido contrario equivocada.Por ejemplo, durante el franquismo las lenguas de estas regiones soninjustamente maltratadas. Pero esto no es un problema "castellano" sino delgobierno o del régimen de turno. Frente al problema nacionalista responder conun nacionalismo español, en el que solo variaría el tamaño, sería cometer elmismo error. Una cosa es la crítica al derroche autonómico y otra es negar lapersonalidad de las regiones. Sería una equivocación hacernos homogéneos, setrata de poner ese amor a las tradiciones, a la patria,… en su justa medida.Como dice uno de los Padres fundadores de Europa, después de pasar por laexperiencia de dos Guerras Mundiales "el patriotismo, este noble sentimientoque ha forjado las naciones y que les ha propuesto y permitido llevar a cabotareas magníficas, a menudo se ha desviado y ha degenerado en fanatismointolerable, convirtiéndose así en fuente de inseguridad y de luchasfraticidas".

Toda esta situación que se ha creado debehacernos reflexionar sobre que valor tiene nuestra historia y tradición. JuliánMarías decía que una de las taras de la izquierda española y de buena parte dela derecha es la visión negativa de la historia de España. En el fondo la"leyenda negra" la tenemos impregnada hasta el tuétano, cuando en la historiade España, como la de cualquier otra nación, descubrimos luces y sombras.Frente al desafío nacionalista, ¿qué experiencia tenemos de que nuestra historiay nuestra unidad es un bien?

El gobierno, mientras, sigue con suconsigna de que la economía lo es todo, y no parece haber una voz que comprendala situación histórica y de una alternativa. Lo cierto es que España pierde sinCataluña y Cataluña pierde sin España.

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