El verdadero peligro, la pérdida del gusto de vivir

´Es necesaria una regeneración de lo humano´

Cultura · PaginasDigital
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15 octubre 2009
Páginas Digital entrevista a Antonio Arcones, director de la editorial Ciudadela, a propósito del manifiesto de Comunión y Liberación sobre la reforma legal del aborto en España.

¿Qué le ha parecido el manifiesto de Comunión y Liberación sobre el aborto?

Pone todo el énfasis en la dimensión cultural, y eso es muy importante. Todas las culturas, todas las civilizaciones, tienen unos criterios interpretativos de la realidad, de lo que está bien y lo que está mal, de lo justo y de lo injusto, y es evidente que cuando eso se desmorona, todo pierde su sentido. Cuestiones básicas, como el valor de la persona, el concepto mismo de lo que es una persona, o el sentido del deber, de que hay límites que la realidad impone, se desdibujan y desaparecen. La razón se ciega y el único sentimiento para el que somos educados es la ausencia de problemas o el disfrute inmediato de cualquier cosa, por muy efímera que sea. En ese contexto de deshumanización, ya no hay límites, y hasta lo más obvio, como la vida de un inocente, pierde significado.

Ante eso, sólo una regeneración profunda de lo humano puede volver a generar una civilización y una cultura para el hombre. En el momento en el que estamos, es importante ser consciente de ello, pero también las leyes son educativas. Lo que una sociedad sanciona públicamente como bueno o malo tiene una función educativa. Por ello no podemos dejar de dar la batalla porque las leyes, el marco de convivencia social, sea justo y nos ayude, como pueblo y como personas individuales. Necesitamos el freno de la ley, pues en ningún momento, en ninguna circunstancia, estaremos a salvo de querer ver la realidad como nos conviene y de hacer lo que nos plazca, y eso también respecto de cuestiones tan graves como el aborto. Y la ley también está para ayudarnos.

¿En qué sentido?

Al tratarse de una cuestión no únicamente de moral privada, sino que atañe a la vida de un inocente, mientras que trabajamos en el plano cultural y educativo tenemos que exigir que se proteja la vida de los inocentes. Es bueno y justo para una sociedad que el aborto sea un delito y que conlleve penas de cárcel. Hay muchas cosas en nuestra sociedad que son, en el fondo, cuestiones muy primarias. Que se juegan en nuestra mentalidad y en nuestro corazón. Pero ello no elimina el plano sociológico y jurídico de la cuestión. La realidad es una, con diferentes planos, unos más "profundos" que otros, pero si queremos juzgar una realidad no podemos dejar fuera ninguno de los planos. Eso sería muy poco educativo.

¿Que le parece la vinculación del aborto con la cuestión del gusto y el sentido de la vida?

Me parece muy bien. De hecho, todas las cuestiones morales, todas las cuestiones sobre cómo interpretamos lo que somos y lo que nos rodea, tienen que ver con el sentido de la vida. Tienen que ver con la cultura, si por cultura de una civilización entendemos el criterio según el cual juzgamos e interpretamos la realidad. La familia, la educación, la vida como vocación, el esfuerzo, el sentido del deber, la solidaridad, la compasión, el noviazgo, el matrimonio, la relación con nuestros hijos… todo tiene que ver, en el fondo, con el gusto y el sentido de la vida.

Se habla en el texto de la necesidad de una respuesta educativa para responder a la mentalidad que subyace a la reforma de la legislación.

Lo educativo es esencial. Educan los padres, educa la Iglesia y educa la sociedad. Todos en planos distintos, pero todos importantes. Y se educa desde una premisa de interpretación de la realidad. El problema es que vivimos en una comunidad, de hecho, post cristiana, donde hasta las cuestiones más esenciales se están desfigurando. Una de esas cuestiones, que informa muchas otras, es el sentido y significado último de la vida. No sabemos si el futuro nos depara una recuperación de una civilización cristiana o si vivimos en los epígonos de una cultura que se perderá para siempre. Pero es obvio que si una cultura no es capaz de dar razones del sentido de la vida, está condenada a desaparecer y nada podremos hacer para impedirlo.

¿Cómo cree que es posible responder a la soledad que acompaña al aborto?

Supongo que hay soledad, hay pérdida del sentido del bien y del mal, hay momentos de ofuscación, habrá momentos en que el egoísmo se imponga… Es difícil juzgar el corazón y el grado de culpa de las personas. Para esto y para todo. Como decía antes, si la comunidad humana, el acompañamiento moral y educativo de familias, colegio, entorno y sociedad se descomponen, si no podemos ser educados para descubrir el valor de la vida y de las cosas, estamos condenados a la soledad, al sinsentido y al egoísmo.

Siendo imposible, e impropio, que juzguemos el corazón y las circunstancias de los demás, debemos intentar que el aborto no se consagre como un derecho. Debemos intentar que ni esta ley ni ninguna que permita la muerte de inocentes pueda regir en nuestra sociedad. El aborto es un drama para las madres, y un crimen para los hijos.

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