¿Es necesaria la asignatura de música?

España · José María Gutiérrez
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18 febrero 2014
No está, ni mucho menos, acabada. La pelota de la LOMCE se encuentra ahora mismo sobre el tejado de las Comunidades Autónomas que deberán ser quienes desarrollen y aprueben el currículo definitivo en sus respectivos territorios. En pleno debate, surge la figura de Plácido Domingo, uno de nuestros artistas más internacionales, y su punto de vista nos parece interesante.

No está, ni mucho menos, acabada. La pelota de la LOMCE se encuentra ahora mismo sobre el tejado de las Comunidades Autónomas que deberán ser quienes desarrollen y aprueben el currículo definitivo en sus respectivos territorios. En pleno debate, surge la figura de Plácido Domingo, uno de nuestros artistas más internacionales, y su punto de vista nos parece interesante.

Según publica la Agencia EFE, el actual director de la Ópera de Los Ángeles defiende que la asignatura de música debería ser obligatoria, no solo como salida profesional, sino también, en un sentido más general, como resorte cultural imprescindible para la mayoría de la población. Se encuentra en Miami, impartiendo clases magistrales. Uno de los artistas españoles más internacionales se muestra dispuesto a ayudar. Y es una ayuda muy necesaria.

Otro profesor, el recientemente fallecido Antonio Zamorano, afirmaba que, aunque no todos los alumnos tendrían por qué dedicarse a la música, sin embargo, dicha formación valdría la pena a la hora de disfrutar de un concierto, escucharlo, y saber lo que se está escuchando. Esta formación, sin duda, se echa en falta al ver las salas vacías, las orquestas disueltas y la clase media musical, desahuciada, tal y como muestra la entrevista recientemente publicada por El País.

Sobre como acabará todo tras el desarrollo de la LOMCE, poco sabemos más allá de los diferentes exabruptos ideológicos de todas las orillas y que no interesan para nada en este análisis. El artículo 24. 4. c) sitúa la música en el primer ciclo de la ESO como una opción, entre otras tantas, llegando en el cuarto curso de la ESO a convertirse en una asignatura casi residual, lo cual puede suponer que a los 15 años, un alumno puede despedirse de la música para siempre.

¿Es necesaria la asignatura? Habiendo hablado sobre lo más importante, que es la decisiva contribución al bagaje cultural de los alumnos, no se puede negar tampoco otro importante aspecto, que es el de la interdisciplinariedad. Basándonos en el sistema de competencias de la LOE que se mantendrá vigente (estar de acuerdo con él es otro tema), la música contribuye a la competencia lingüística por ser una práctica en un nuevo lenguaje simbólico de sonidos y tiempos, así como su lenguaje simbólico de tiempos y espacios es un gran apoyo para el uso del lenguaje matemático y para el razonamiento abstracto. No es de extrañar que sea un ´dicho común´ entre el profesorado que los alumnos de conservatorios y escuelas de música suelen obtener mejores calificaciones.

Por no hablar de la influencia demostrada en competencias tales como la ´social y ciudadana´. Tanto en el gusto por la diversidad, como en la interacción en el aula. Esto es difícil con otras materias teóricas, pero en el aula de música, debido a los conjuntos instrumentales y vocales, sucede con naturalidad. Dicho esto, no podemos saltarnos la existencia de la competencia artística, que quedaría casi sin sentido en la propia ley si la música pierde importancia dentro del sistema educativo.

Saliendo del lenguaje de las competencias, deberíamos dar un paseo por Europa. En Alemania, potencia musical y motor de Europa, no todos son músicos, pero todos conocen un instrumento, pueden tocarlo y saben apreciar la rica tradición musical europea, en gran parte gestada en su país. No es casualidad tampoco que esto suceda en Estados Unidos. En un colegio de Texas, todos los alumnos comienzan con un conjunto de violines, y a los 12 años ya tienen sus instrumentos para formar parte de una pequeña banda. (Luego llegan a España, y se encuentran un triste libro de anécdotas y fechas de compositores famosos, lo cual clama por una urgente revisión de métodos en la asignatura).

No es que en España falte tradición. Precisamente es esto lo que se deja a un lado a la hora de decidir qué es lo más importante en nuestras escuelas. Como mantiene Eugenio Nasarre sobre las humanidades (y en cierto modo también sobre las artes), nos permiten ´asumir la herencia cultural de la que somos deudores, estar «a la altura de los tiempos», y despertar un pensamiento crítico y personal que nos permite ejercer la libertad. Sin una sólida formación humanística no es posible hablar cabalmente de ciudadanos libres y responsables´. Y no podemos perder la oportunidad de que las humanidades y las artes vertebren nuestro sistema educativo, para bien de todos. De momento, la pelota está en el tejado de las Comunidades Autónomas para deshacer el entuerto.

Quizá habría que dejar de considerar la educación como una instrucción, una ´formación para el empleo´. Pero para eso habría que abandonar una cierta concepción utilitarista del ser humano, y toda la sociedad tiene que estar dispuesta a ello.

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