ENTREVISTA A CLARA PASTOR

España · PaginasDigital
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22 noviembre 2017
Cuando uno repasa la colección de la editorial se encuentra con cosas diferentes, artistas, pintores que escriben sobre sí mismos, reflexiones económicas, libros sobre viajes, ¿hay algún hilo conductor?

Cuando uno repasa la colección de la editorial se encuentra con cosas diferentes, artistas, pintores que escriben sobre sí mismos, reflexiones económicas, libros sobre viajes, ¿hay algún hilo conductor?

La desobediencia. Un día alguien me dijo: nunca hay que confundir tu biblioteca con tu editorial. Entonces yo hago un poco eso, aunque es un buen consejo, pero yo confundo un poco mi biblioteca con mi editorial porque soy una persona artesanal. No soy empresaria. El hilo conductor lo hay, por ejemplo hay muchos libros de arte, pero esto tiene una razón puramente práctica e inconfesable. Cuando tú quieres empezar en un sitio que ya está tan saturado, lo inteligente es buscarte un filón, es la manera de crearte una identidad. En un viaje a París yo descubrí esta colección y empecé a hacer estos libros de colores que son puramente de arte. Luego empecé a ramificar cosas que me interesaban. Los libros de viajes en sí no me interesan, pero sí la gente que viaja y escribe, como Cesare Grandi, fundador del Instituto Gastronómico Italiano, espléndido viajero y escritor mejor. Luego hay libros que tienen que ver con la crítica literaria, alguna que otra rareza como Sociedad Adquisitiva, que trata de economía pero en realidad trata de valores. Es un catálogo que se va construyendo de una forma más sensitiva e intuitiva. Tienen que ser libros que normalmente yo los dejo posar, yo no voy a las ferias de Frankfurt ni Londres, no tengo nada que hacer allí, yo voy descubriendo libros –o me los descubren– y normalmente los leo. A no ser que sea una pasión a primera vista, que puede pasar, normalmente los dejo posar. Entonces, si yo me acuerdo los vuelvo a considerar. Tienen que ser libros que dejen un rastro, aunque suene esotérico. Si tú sigues esa premisa, puede ser casi sobre lo que sea, yo podría editar mañana un libro sobre búhos, que el otro día leí un artículo sobre búhos y tengo cien cosas en la cabeza sobre su relación con los humanos, la ecología… Esta cosa tan disparatada es el hilo conductor: que me interese y que yo crea que puede aportar algo.

Pero, por ejemplo, te interesa la cuestión estética, ¿tú te reconoces en una posición como la de Scruton, digamos anti-68?

Soy absolutamente conservadora, no lo puedo remediar. No es una decisión, lo soy, porque pienso que antes de destruir algo uno tiene que procurar hacer lo que sea, me pasa con la cuestión catalana, con la sociedad adquisitiva…

O sea que te identificas con Scruton, con la forma en que define la belleza.

Siempre puede haber un pasaje que me resulte antipático, de la misma manera que puedo leer otro libro que hemos publicado y pensar que este señor es un poco anticuado y que se nota que procede de una familia escocesa muy rancia, pero básicamente son puntos de vista que yo suscribo. Pero no son panfletos para mí, no son cosas que yo quiera decir. Porque Germán Huici es jovencísimo, de una generación distinta, con un enfoque distinto, pero nunca se definiría como una persona rancia, y en cambio su libro para mí aporta un valor tremendo. El criterio no es que yo esté de acuerdo, que yo me identifique en lo que veo, sino que yo diga: ¡caramba!, ¡qué bien explica esto! Hay cosas que veo muy claras y otras menos. Pero sí reconozco, y es algo que también dice Tawney en La Sociedad Adquisitiva, un libro que a Germán le encantó, uno con unos medios más modernos y otro en los años veinte, que explican muy bien que cuando uno se carga a Dios pone a otro, y las probabilidades de que sea peor que el que estaba son altísimas. Es algo que tanto uno como otro tocan, y lo hacen con mucha inteligencia.

Volvemos al tema estético, ¿qué papel crees que juega la belleza en una sociedad como la actual? Porque es evidente que en tu editorial no solo buscas la belleza sino una reflexión sobre la belleza.

Me fascina el mundo de los artistas. Es verdad que, como todo en la vida, cuando te adentras, vas viendo que los artistas tienen sus oscuridades. Muchos son codiciosos, avaros, maltratan a sus mujeres, pero es algo en particular del artista que se ve siempre, como personas que juegan, que por una parte tienen un mundo propio y luego una exploración real de cómo embellecer el mundo, cómo conseguir matar al padre… y eso genera unas vidas que para mí tienen una autenticidad y una riqueza que otras no tienen. No es que me parezca lo más sublime, pero me divierte mucho esa especie de madriguera que se construyen. Esta es la parte más externa. Luego hay otra, al hilo de lo que decías de Scruton, que me parece muy valiente porque contesta a unas preguntas de manera políticamente muy incorrecta. Para mí no es una discusión estética. Yo salgo al mundo y veo el mundo invadido de fealdad, es que hay días que, como dicen las viejecitas, no puedo salir a la calle porque todo está feo. Me pasa con la manera de expresarse de la gente, con la manera de vestirse, con la manera de tratarse, con el arte, voy a Arco y me pregunto qué está pasando, por qué después de recorrer cuatro pasillos no veo más que horrores, ¿qué nos está pasando? La belleza es algo con lo que ahora tenemos una relación muy extraña, como si quisiéramos destruirla, denostarla. Y lo digo con toda la modestia, pero me parece que es algo en lo que nos estamos engañando un poco en el arte. No nos damos cuenta de que es más bonito el Partenón que los grafitis. Es una discusión que me suena muy cansada y también me parece necesario decir las cosas como uno las piensa, aunque sean obviedades.

¿Hay algo de arte contemporáneo donde encuentres descanso?

No te sé decir ninguno, pero tampoco quiero decir que todos me parezcan horribles. Tampoco sé decir qué es un artista contemporáneo. Acabo de entrevistar a un señor que nació en el 65, es joven, y pinta como Goya. Hay artistas que siguen haciendo cosas que a mí me apasionan, pero a los del cubo de basura yo no los entiendo, no puedo valorarlo porque no lo entiendo. Hay gente como David Hockney, del que yo he aprendido muchísimo, porque explica los experimentos que hace con la cámara oscura, qué sentido tienen todos estos juegos con el iPad… No es que yo no tenga nada que aprender, simplemente digo lo que veo.

¿La fealdad es algo que tiene que ver solo con el arte?

No. El arte, si tú quieres, es una cosa muy marginal, y cada vez es más marginal. La gente está muy preocupada porque están pasando cosas muy graves. La gente se queja mucho de la cultura, le da igual, y lo entiendo. La belleza de estar almorzando con Leonardo da Vinci es algo que han conocido tres, pero está en todo. La belleza está en cómo la gente se viste, se peina, y es raro, porque en cambio hay una obsesión tremenda con la estética, pero es que incluso la estética es extraña.

Meterse en una editorial es complicado, ¿ha sido consecuencia de un espíritu emprendedor, cómo ha sido?

En realidad es algo muy sencillo, por eso hay tantas. Fíjate que las librerías se van muriendo, porque es algo que precisa un espacio, un compromiso, sueldos… Una editorial es muy fácil. Necesitas una mesa y un teléfono. Yo trabajo completamente sola. Tengo una persona que me es de gran ayuda, pero ni siquiera está contratada por mí. Casi me ha venido sobrevenida y me ayuda, pero el resto lo hago todo yo. Es relativamente sencillo y en todo lo que hago hay una parte que me apasiona. Excepto la parte comercial, para la que no estoy dotada, y la parte de relaciones públicas, que las hago pero de manera muy selectiva, es un proceso creativo y que tiene que ver con la gente. Lo que más me gusta de ser editora no es encontrar el libro ideal sino salir a buscar los libros que a mí me gustaría leer. Esa es una parte de mí que siempre acaba saliendo. No es un proyecto emprendedor. Para mí, la única parte que tiene interés es que yo hago las cosas como me parece y trato a la gente como me parece. Es tan ridículo como te digo. Yo trabajo sola, pero a la vez con mucha gente, con el periodista que habla del libro, con el que maqueta, con el que corrige, con el que diseña la cubierta… Tratar con toda esa gente para mí es un placer inmenso y yo, que no salgo mucho, sé que a mi alrededor la gente con la que trabajo está contenta. Desde el punto de vista emprendedor, eso es lo único que me interesa, eso y sobrevivir, porque sé que con esto no me voy a hacer rica.

Decías que te preocupa lo que está pasando en Cataluña, ¿crees que tiene solución?

Antes de contestar tengo que decirte que no veo la televisión. No por principio, soy un poco radical pero soy totalmente normal que hasta tengo whatsapp, pero no veo la televisión ni leo los periódicos porque no me interesa. Tengo tantas cosas que leer… Al final me acabo enterando de lo que pasa, porque leo cierto artículo, otro que me pasan, etcétera. ¿Qué me pasa con todo este proceso? Desde el año 2012, ya cuando se votó a Mas, que no era independentista pero se fue haciendo, él y los que le rodeaban, y la gente se iba calentando, y yo lo atribuía un poco a una exageración, hasta tal punto estoy desinformada. Y cuando he despertado en todo esto, lo que veo me parece tan espantosamente triste, la falta de inteligencia por ambas partes, la falta de generosidad por ambas partes, el engaño tremendo de la parte que nos toca a nosotros, el abandono de la parte de allí, que estamos todo el rato  hablando de la unidad de España pero no veo realmente a nadie que se esté preocupando por los que vivimos allí y no somos independentistas, que no tenemos la culpa. Lo que yo veo es de entrada una Barcelona hundida, y unas pasiones tan feas, o una falta de pasiones. Y una clase política en un lado y en otro, cada uno encubriendo lo que han ido creando, unos por negligencia y otros directamente por engaño, con una fantasía peligrosísima, y lo único que veo es gente que quiere mantenerse, y me deprime tanto que me hago cargo por sentido del deber, pero no me gusta no porque me sobrepase la situación sino porque me parece que sale lo peor de todas las partes. Y va para largo.

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