Entre Niza y Ankara median nuestras vacaciones

España · Wael Farouq
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26 julio 2016
En Ankara, los seguidores del líder islamista Fethullah Gülen intentaron un golpe contra el presidente islamista Recep Tayyip Erdoğan, ex aliado al mismo tiempo de los partidos islamistas Refah y Fadila. Fracasado el golpe islamista, el presidente islamista Erdoğan lanzó una campaña punitiva contra los islamistas simpatizantes del líder islamista Gülen, despidiendo y encarcelando a decenas de miles de profesores, periodistas, funcionarios, jueces, profesores universitarios, e imponiendo a millones de personas la prohibición de abandonar el país. 

En Ankara, los seguidores del líder islamista Fethullah Gülen intentaron un golpe contra el presidente islamista Recep Tayyip Erdoğan, ex aliado al mismo tiempo de los partidos islamistas Refah y Fadila. Fracasado el golpe islamista, el presidente islamista Erdoğan lanzó una campaña punitiva contra los islamistas simpatizantes del líder islamista Gülen, despidiendo y encarcelando a decenas de miles de profesores, periodistas, funcionarios, jueces, profesores universitarios, e imponiendo a millones de personas la prohibición de abandonar el país. Las listas de proscritos, ya preparadas a las pocas horas del intento de golpe, confirman que la democracia islamista no es tan ciega como la justicia y que sabe mantener vigilados a sus enemigos. Por eso, el presidente islamista apuesta por la recuperación de la pena capital, para liberarse de una vez por todas de sus adversarios islamistas. La democracia de los islamistas saca dientes y garras…

Quién sabe si este sangriento conflicto entre el islamismo democrático moderado de Erdogan y el islamismo liberal moderado de Gülen logrará convencer al presidente Obama, y a un amplio sector de la izquierda europea, de que no existe una ideología religiosa moderada. ¿Se creerán que la ideología es lo totalmente opuesto a la democracia? ¿Entenderán que en el mundo de la ideología solo vence el más extremista? Puesto que ningún fanático radical se ha pasado nunca del campo extremista al moderado, mientras que todos los días cientos de Hermanos Musulmanes se unen a las corrientes yihadistas, ¿comprenderán el error cometido al pensar que la ideología islamista moderada puede hacer frente al extremismo y al terrorismo? ¿Entenderán que esta es la ideología que alimenta la cultura de la violencia y motiva su existencia? ¿Comprenderán que al aliarse con los islamistas moderados contribuyen a fortalecer la propaganda demagógica que clasifica a los musulmanes en verdaderos y falsos, y consolida los estereotipos sobre ellos, hasta el punto de que algunos sienten la necesidad de purificarse si no se corresponden con estos estereotipos? A menudo, en un ambiente ideológico dominado por los estereotipos, la purificación consiste en matar a los descreídos. No es solo una hipótesis, por desgracia, sino el denominador común de todos los ataques terroristas, desde Charlie Hebdo a Niza.

Sí, los islamistas son los más organizados y su voz es la más fuerte, pero no porque posean la verdad absoluta o gocen de gran popularidad, sino porque cualquier grupo que aproveche la resonancia que ofrecen los medios occidentales y la infinita financiación wahabita será siempre el más presente y activo en cualquier contexto social. En un encuentro con un experto italiano que estimo mucho, le pregunté por sus futuros proyectos científicos. Me contó que quiere traducir las cartas de Hassan al-Banna, el fundador de los Hermanos Musulmanes. Le pregunté por qué, después de años de estudio dedicados a Sayyed Qutb, ideólogo de la Hermandad y creador de la yihad violenta, ahora quería traducir también a Hassan al-Banna. ¿No era mejor presentar a los musulmanes europeos la desconocida tradición islámica que exalta los valores de la integración y la ciudadanía? Él me respondió: querido, esto es lo que quiere el mercado.

En Europa viven millones de musulmanes que podrían radicalizarse lentamente bajo el influjo, por una parte, de la propaganda islamista moderada, privilegiada por el Estado laico y la izquierda; y, por otra parte, por la odiosa propaganda racista de la extrema derecha europea contra los musulmanes y los inmigrantes. Y la situación no cambiará mientras siga así el mercado.

El islam político no es el islam tout court, los islamistas no son los musulmanes. Ignorar esta verdad en nombre del realismo y del pragmatismo acabará dañando los derechos de los musulmanes, pues despoja a los valores de la igualdad de su dimensión humana. Podrá a Europa de camino a Dallas, donde la integración se reduce a la fabricación de símbolos y a la celebración de eslóganes. Por eso, después de la elección de un presidente negro al que se le otorgó el premio Nobel, los blancos vuelven a matar a los negros, y los negros a matar a los blancos. Análogamente, pensar en integrar a los musulmanes en la sociedad europea creando una élite musulmana ideológica, maestra de pragmatismo y capaz de cambiar de careta según la circunstancia, solo llevará a un mayor extremismo y a más violencia.

Este peligro es aún mayor en una sociedad sin memoria. En Niza se hicieron fotos, se dibujaron líneas rodeando cuerpos aún calientes con tiza blanca, luego llegaron las ambulancias precedidas por sus monótonas sirenas. Recogieron los cuerpos aún tibios y se los llevaron en fríos frigoríficos. Llegaron las máquinas para limpiar las calles, arrojaron agua sobre los trazos de tiza y sangre, y un goteo blanco, rojo y negro se vertió en las aguas residuales de la ciudad. Pero ya no necesitamos recordar ni olvidar. Las fotos de las víctimas, nuestros eslóganes, los rostros enfurecidos, asustados o doloridos ya se han rendido ante la imagen de nuestros cuerpos desnudos bronceados por el sol y la brisa marina, revelando que ningún evento de nuestra vida, por trágico que sea, puede durar más de quince minutos.

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