En Nicaragua se prepara una farsa electoral

Mundo · Alver Metalli
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20 julio 2016
Vuelve Ernesto Cardenal, el prototipo de los curas-ministros de Nicaragua y una de las figuras más representativas de aquella teología de la liberación centroamericana que en los años setenta participó activamente en todos los procesos revolucionarios de la región. Pero esta vez vuelve contra Daniel Ortega, actual presidente desde 2006 y candidato a la cuarta presidencia de Nicaragua después de tres períodos consecutivos.

Vuelve Ernesto Cardenal, el prototipo de los curas-ministros de Nicaragua y una de las figuras más representativas de aquella teología de la liberación centroamericana que en los años setenta participó activamente en todos los procesos revolucionarios de la región. Pero esta vez vuelve contra Daniel Ortega, actual presidente desde 2006 y candidato a la cuarta presidencia de Nicaragua después de tres períodos consecutivos.

El 6 de noviembre Nicaragua elegirá presidente, vicepresidente, 90 diputados y 20 representantes al Parlamento centroamericano. Los sandinistas, con Ortega como candidato, son los favoritos, según los últimos relevamientos de M&R Consultores. Pero no todos están de acuerdo con la nueva candidatura del presidente in pectore. Y desde sus antiguas filas se eleva un grito de alarma. Ernesto Cardenal, teólogo, poeta y revolucionario, como rezaba su currículo en los tiempos de máxima popularidad internacional, respalda un pronunciamiento de personalidades de Nicaragua donde se pide a la comunidad internacional que no legitime las próximas elecciones presidenciales. El documento, suscripto por 27 personalidades del país, rechaza lo que, sin medios términos, se denomina “farsa electoral que pretende imponer el grupo gobernante” y anticipa que “de concretarse la farsa, sus resultados deberán considerarse nulos”. Los firmantes del pronunciamiento piden a la sociedad nicaragüense que junte sus fuerzas “para forzar a Daniel Ortega a la creación de las condiciones necesarias para garantizar unas elecciones verdaderamente libres, honestas e incluyentes”.

Una de esas condiciones es que se permita el acceso de observadores internacionales, una cuestión que ya había planteado el cardenal de Managua Leopoldo Brenes. Brenes los reclamó públicamente hace pocos días porque las elecciones se acercan y las invitaciones a los organismos que normalmente se convoca para vigilar los procesos electorales latinoamericanos todavía no se cursaron. Ortega, proclamado por los sandinistas candidato para una nueva reelección, no ve con buenos ojos a los observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea, del Centro Carter y de los estadounidenses, porque, a su juicio, solo se pronuncian respecto de los procesos electorales sobre los cuales no tienen ningún control. El arzobispo Brenes no comparte esa opinión, y considera que “es una lástima que no puedan venir personalidades de estos organismos que están siendo invitados en otros países”. Para Mons. Brenes los observadores electorales “no son un capricho” de los partidos que participan en las elecciones, sino que “es el sentimiento de la población”. “Sería interesante que hubiese observación nacional e internacional para que todo el mundo se sienta tranquilo”.

El pronunciamiento contra el presidente de Nicaragua Daniel Ortega señala otro aspecto que considera alarmante: “por primera vez en más de 25 años se pretende realizar elecciones excluyendo, mediante artimañas, a las principales fuerzas políticas de oposición”. El grupo de firmantes afirma que Ortega “utilizando a sus representantes en la corte Suprema de Justicia y en el Consejo Supremo Electoral impuso […] la exclusión de las principales fuerzas políticas de oposición, a través del despojo de la representación legal a sus legítimos representantes”, y estos, debido a sentencias judiciales contrarias, decidieron no participar en las elecciones. El único partido que competirá en las elecciones de noviembre es el Liberal Constituyente del ex presidente Alemán, que gobernó Nicaragua entre 1997 y 2002, y en esa oportunidad – según la opinión crítica de los firmantes – “se repartió los poderes del Estado con Ortega, que en aquel momento era el líder de la oposición”.

El documento fue firmado por 27 personalidades destacadas del país centroamericano, entre ellas Ernesto Cardenal. También adhirieron Gioconda Belli, poetisa y escritora descendiente de una familia de origen italiano, el empresario Fabio Gadea Mantilla, el más votado después de Ortega en las elecciones de 2011, el embajador en Washington durante el primer gobierno sandinista (1979-1990) y Carlos Tünnermann, intelectual y jurista de prestigio continental.

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