Emoción sin brillo

Cultura · Cristian Serrano
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20 abril 2014
Si por algo se caracterizaron José Mourinho y Pep Guardiola en sus estancias en Madrid y Can Barça, es por la precisión táctica, casi maniática. Aquello finalizó con sus salidas. Cierto es que el Madrid demostró en Valencia que también se le puede ganar al Barcelona sin llegar a la crispación. Tan cierto como que este Barça está acabado.

Si por algo se caracterizaron José Mourinho y Pep Guardiola en sus estancias en Madrid y Can Barça, es por la precisión táctica, casi maniática. Aquello finalizó con sus salidas. Cierto es que el Madrid demostró en Valencia que también se le puede ganar al Barcelona sin llegar a la crispación. Tan cierto como que este Barça está acabado. A los culés les quedan jornadas de martirio. Los blancos son campeones gracias a una carrera histórica. Mientras, Bale salió del campo para volver a entrar por la puerta cuarenta y dos, y allí le dio tiempo a reflexionar para quitarse tras el sprint de sesenta metros un peso de cien millones.

El día sin Cristiano lo remató su segundo en una legendaria arrancada que ya es historia. Pero poco más. Un gran Di María que volvió a estar para ser volante, extremo, defensor y goleador a la vez se convirtió en decisivo tres años después en el mismo escenario y frente al mismo rival. Este Madrid, que bien pudo hacerle cinco al Barcelona, no asusta. Faltan mimbres. Es un hecho que Modric y Alonso no están desde hace semanas. Esto supone que en la final de copa vimos un partido roto casi desde el inicio. Dos líneas: la defensiva y la del ataque. En el medio solo Isco y Di María pudieron aguantar.

Ciertamente pone nervioso el repliegue de los de Ancelotti. Más cuando el Barça está tan débil. Falta atrevimiento, confianza y también algo de físico. Pero Carlo leyó bien el partido salvo en esa rareza de los cambios. Sabe que los azulgranas andan escasos de inteligencia. Ya no hay frescura. Se ha convertido en un conjunto críptico, amilanado. Su llama se ha ido apagando paulatinamente a lo largo de los últimos meses. Por eso al Madrid se le exige un mayor poderío. Algo más que jugar a la contra. Pero funcionó y pudo hacer sangre de no ser por la falta de puntería.

No hay duda de que ganó el mejor. Fue un partido emocionante, británico. Nos deja preocupados Messi, quien parece haber abdicado. Y también Xavi, al que le cuesta manejar e inventar. Martino las ve venir pero no se aparta. El año en que el Barça fichó a un hijo y a un padre se hunde tras más de un lustro de gloria y títulos.

Han pasado tres años de esa titánica final de los Mourinho y Pep. Los románticos echamos de menos un fútbol de menos errores y más concentración. Al Madrid le queda liga y Champions. Por momentos, parece el año de la séptima. Porque allí no es favorito y no acaba de convencer ni a propios ni ajenos. Así llegó entonces la “orejona” en medio de un año dubitativo. Queda recuperar a Cristiano, Alonso y Modric para intentar lo que nunca han logrado los blancos: el triplete.

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