´Eleven eleven´, tributo de Dave Alvin a sus raíces

Cultura · Enrique Chuvieco
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18 abril 2012
El contraste tan acusado entre la voz limpia de barítono y el grosor de las eléctricas manipuladas y la percusión rítmica del cuatro por cuatro dice mucho del oficio de quien maneja el cotarro. Y quien maneja el cotarro es Dave Alvin (1955) una especie de velocirraptor del rock, del country y del R&B que con Eleven Eleven, coloca las cosas en su sitio para exhibir unos galones, que sólo unos simplones atrevidos podrían negar su autoridad.

Autoridad y liderazgo. Se lo ha ganado Alvin desde que allá por 1979 fundara con su hermano Phil, The Blasters, que llegaron a ser referencia del blues y rock and roll en la costa Oeste de EE.UU, donde competían -más bien habría que decir que tomaban el testigo- de la Credence Clearwater Revival (aquel grupo que rezumaba empatía y exuberancia rockera en nuestra adolescencia). Antes de aquello, Dave estuvo muchas horas tragando alcohol y atiborrándose de música con su hermano and friends en los tugurios que luego ha narrado con su nihilismo brutal el autor de L.A. Confidencial, James Ellroy.

Ese compendio de ritmos y sonidos telúricos de la patria de Dave tiene su expresión en su elepé Public Domein (Canciones de una tierra salvaje), con el que ganó un Grammy en el año 2000, y continúa en buena parte de los temas de Eleven Eleven. El machacón rock and roll Harlan county line, con el que abre su último trabajo, nos sitúa en la estela de Little Richard; de igual forma que en What's up with your brother o Indiana, 1959 nos cuela en el escenario a Muddy Watters y a buena parte de los procaces y adictos "bluesman", que, guitarra en bandolera, se encaramaban de polizones en los trenes apartándose del indigno Sur, para ejercer un sucedáneo de libertad que les era vilmente negada.

Pero Dave era blanco y no sufría aquellos atropellos. Le espoleaba su inquietud -¿su deseo? – que le llevó por otros derroteros (ha hecho versiones de Marie, Marie desde folk hasta casi punk). Se asoció a varios grupos tras dejar The Blasters, desgranando así por buena parte de las raíces musicales de los Estados Unidos y de sus nuevos retoños, muchos de ellos híbridos, como el punk country de The Pleasure Barons, en el que, junto con Dave, completaban el trío el reverendo Mojo Nixon y Country Dick Montana.

Tras una grave enfermedad, el hombre de la voz atildada comenzó en 1987 su carrera en solitario hasta completar su decimocuarto disco de estudio con Eleven Eleven, donde ha recorrido las distintas venas que forman el compendio musical de su nación, pero no por ello dejó de juntarse puntualmente con otras formaciones y notables, como Ramblin' Jack Elliott, Little Milton, Katy Moffatt, and Syd Straw.

A sus 57 años, Dave Alvin continúa entonando con su limpia voz a lo Johnny Cash los buenos y genuinos sonidos de la mezcolanza de razas y procedencias del Oeste americano. Eleven Eleven es una buena muestra de ello.

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