El triunfo de Adam Smith en el G-20

Mundo · Jorge Salaverry
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11 diciembre 2008
La reunión de jefes de Estado y de Gobierno que se celebró en Washington DC, el 15 de noviembre pasado, para discutir y buscar soluciones a la crisis financiera mundial, tuvo su génesis en Europa. Sin embargo, fue Estados Unidos quien propuso que se hiciera en el marco del grupo de países conocido como G-20. Con ello, el país norteamericano reconocía la importancia que tienen las economías emergentes en el nuevo escenario económico mundial y al mismo tiempo encontraba una manera de atenuar las presiones que algunos países europeos pretendían ejercer sobre Estados Unidos durante la reunión.

La cumbre en Washington estuvo precedida por una reunión de los 27 miembros de la Unión Europea en Bruselas el 6 de noviembre, y por otra reunión celebrada entre el 8 y 9 del mismo mes en Sao Paulo, Brasil, en la que se dieron cita los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales de los países que forman el G-20. Tanto en Bruselas como en Sao Paulo se intentó llegar a propuestas y a posiciones de consenso con las que asistir a la capital estadounidense. Los miembros de la UE en Bruselas llegaron a un acuerdo de mínimos después de atemperar las ambiciosas pretensiones del presidente francés, Nicolás Sarkozy, de ir a Washington a "refundar el capitalismo", y en Sao Paulo concluyó el encuentro con acuerdos muy generales pero sin propuestas concretas. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, actuando como anfitrión del evento, recibió a sus colegas con una cena en la Casa Blanca la noche del sábado 14. En su discurso de bienvenida, Bush sentó el tono del encuentro del día siguiente haciendo una firme defensa del libre mercado, al que señaló como "el camino más seguro hacia el crecimiento económico".

Ya el día anterior a la cena, en una reunión con hombres de negocios en Nueva York, el presidente estadounidense había hecho afirmaciones que dejaban en claro la que sería su posición en la cumbre del G-20. Ahí señaló que el sistema de libre empresa es la cura del caos financiero actual y no la causa. "Nuestro objetivo no debe ser más gobierno, sino un gobierno más inteligente", dijo. Y conociendo las tendencias proteccionistas de algunos países europeos y emergentes, el presidente Bush dijo lo siguiente: "Debido a la crisis financiera, hay voces de la izquierda y de la derecha que están identificando el sistema de libre mercado con codicia, explotación y fracaso". Y añadió: "Es cierto que esta crisis incluye fallas de líderes y prestatarios, de compañías financieras, de gobiernos y de reguladores independientes; pero esta crisis no es una falla del sistema de libre mercado, y la respuesta no es tratar de reinventar ese sistema".

Reafirmación del libre mercado

Sus palabras encontraron eco en la Cumbre del G-20. En la declaración final que suscribieron los jefes de Estado y de Gobierno por ningún lado aparecen ataques al liberalismo -o a eso que algunos políticos y demagogos llaman "neoliberalismo". Todo lo contrario. El espíritu de defensa del sistema de libre mercado al que tan insistentemente apeló el presidente Bush en los dos días anteriores al inicio de la histórica reunión, quedó claramente plasmado en la declaración.

En el punto 2 se lee: "Nuestro trabajo debe estar guiado por la creencia compartida de que los principios del mercado, el régimen de libre comercio e inversión y los mercados financieros efectivamente regulados fomentan el dinamismo, la innovación y el espíritu emprendedor que son esenciales para el crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza".

Más adelante, en el punto 12, los mandatarios reafirman su compromiso con una economía global abierta cuando dicen: "Admitimos que estas reformas sólo tendrán éxito si se basan en un compromiso con los principios del libre mercado, incluyendo el imperio de la ley, respeto a la propiedad privada, inversión y comercio libre, mercados competitivos y eficientes, y sistemas financieros regulados efectivamente". A renglón seguido hacen un reconocimiento de los beneficios que ha generado el sistema y advierten contra acciones que pudieran ponerlo en peligro: "Estos principios son esenciales para el crecimiento económico y han hecho que millones de personas abandonen la pobreza y han contribuido significativamente al aumento de calidad de vida en el mundo". Y añaden: "Reconociendo la necesidad de aumentar la regulación del sector financiero, debemos evitar la sobrerregulación que podría dañar el crecimiento económico y exacerbar la contracción de los flujos de capital, incluyendo a los países en desarrollo". Después de saber lo que los líderes del G-20 piensan del mercado, no deja de ser sorprendente escuchar al vicesecretario general del PSOE, José Blanco, decir que las conclusiones de la cumbre puede resumirse en una sola idea: "más Estado y menos mercado".

Causas de la crisis

Los mandatarios se pusieron de acuerdo en la identificación de las causas que originaron la crisis. Entre ellas reconocieron: una inadecuada evaluación de los riesgos en la búsqueda de rentabilidades más altas; fallas en la aplicación de la diligencia debida; prácticas poco sólidas en la gestión de riesgo; el crecimiento de productos financieros "complejos y opacos" y apalancamientos excesivos, pero reconocieron también el fallo de "las autoridades, reguladores y supervisores de algunos países desarrollados". Esto es importante señalarlo, porque a veces los políticos y los medios de comunicación dejan la impresión de que durante todos estos años el sistema financiero ha operado sin restricciones ni regulación alguna. Y eso no es cierto. En todo caso puede decirse que las regulaciones y la supervisión que había resultaron inefectivas o ineficientes, pero es falso decir que eran inexistentes.

Otras de las causas identificadas -aunque con frecuencia también soslayadas en los medios de comunicación y en el discurso de los políticos-, fueron las "políticas macroeconómicas inconsistentes e insuficientemente coordinadas, reformas estructurales inadecuadas, que condujeron a un insostenible resultado macroeconómico global". Esto tiene una interpretación inequívoca: los políticos también contribuyeron a crear y exacerbar la crisis. Por eso es que el espacio dedicado a explicar las causas del caos financiero concluye diciendo que "Estos desarrollos, juntos, contribuyeron a excesos y finalmente dieron lugar a un grave trastorno del mercado".

Objetivos, principios comunes y plan de acción

Los líderes del G-20, además de ponerse de acuerdo en reafirmar el sistema de libre mercado y de reconocer las causas de la crisis, se pusieron de acuerdo en los principios que deben regir las reformas de los mercados financieros y en un plan de acción con un calendario específico.

Convinieron en que cada país debe por su cuenta continuar tomando medidas adicionales para restablecer el crecimiento económico, reconociendo la importancia que para lograrlo tienen las políticas monetarias y fiscales. Se instó a que provean la liquidez suficiente para descongelar el mercado crediticio de sus respectivos países, y acordaron que es necesario asegurar que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los bancos de desarrollo regionales, tengan los suficientes recursos para que continúen financiando a los países en desarrollo afectados por la crisis. Sin embargo, cabe señalar en relación a esto último, que sólo Japón ofreció al FMI un préstamo de 100 billones de dólares.

En opinión de algunos economistas existe el peligro de que el deseo de descongelar el mercado crediticio pueda ser impedido por la decisión de hacer más estrictas las regulaciones en los préstamos e inversiones de mayor riesgo. No cabe duda de que una revisión de los estándares, como un aumento en los colchones de liquidez de los bancos, por ejemplo, es deseable, pero si se exige eso demasiado pronto puede en estos momentos hacer que los bancos opten por guardar el dinero y no prestarlo para poder cumplir con los nuevos requerimientos, y lo que se necesita en estos momentos es que el crédito fluya a la economía real. Los mandatarios acordaron que los principios que han de servir de guía a la reforma de los mercados financieros sean los siguientes:

1) El fortalecimiento de la transparencia y la responsabilidad, mediante una ampliación de la revelación de productos financieros complejos, una exposición completa de la situación financiera de las empresas y una alineación de incentivos para que no se tomen riesgos excesivos en la búsqueda de ganancias.

2) La ampliación de una sana regulación. Esto tiene que ver con una mejor supervisión de las agencias de crédito, con el manejo prudente del riesgo y con una mejor supervisión o regulación de los mercados financieros, los productos y los participantes.

3) La promoción de la integridad de los mercados financieros, mediante la prevención del fraude y de la manipulación ilegal de los mercados, ayudando a evitar conflicto de intereses y protegiendo al sistema financiero para que no sea usado por el terrorismo, el narcotráfico y otras actividades ilegales.

4) El fortalecimiento de la cooperación internacional, haciendo más consistentes las leyes y regulaciones nacionales y animando a los reguladores a cooperar en la prevención, gestión y resolución de crisis.

5) La reforma de las instituciones financieras internacionales, en especial del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Foro de estabilidad Financiera, procurando ajustes en sus cuerpos de dirección para dar espacio a la participación de las economías emergentes y en desarrollo.

En cuanto al Foro de Estabilidad Financiera se tomó la decisión de ampliarlo "urgentemente". Tomando como guía los principios señalados se elaboró un plan de acción que deberán ejecutar "con energía" los ministros de finanzas. Tienen de plazo hasta el 31 de marzo de 2009 para concretar muchas de las medidas que en él se especifican y para proponer nuevas ideas que ayuden a que el sistema financiero sea más seguro. Los líderes del G-20 volverán a reunirse el 30 de abril en Londres.

Otras resoluciones

En sus deliberaciones, el cónclave de Washington tuvo claro el papel que el comercio y la inversión juegan en la solución de la crisis global, y por ello consideró necesario establecer de manera explícita el compromiso de que "en los próximos 12 meses nos abstendremos de imponer barreras a la inversión y al comercio de bienes y servicios, imponer nuevas restricciones a las exportaciones o poner en marcha medidas para estimular las exportaciones que choquen con la Organización Mundial del Comercio (OMC)". Y para conjurar el peligro de una espiral proteccionista declararon que "nos esforzaremos para llegar este año a un acuerdo para cerrar la ronda de Doha de la OMC con un resultado ambicioso y equilibrado".

¿Quiénes actuarán?

Está claro que la cocina en la que se prepararán los platos que los líderes del G-20 han ordenado para su reunión de abril del próximo año estará en el Foro de Estabilidad Financiera (FEF). Es lógico suponerlo así porque en él participan, entre otros, los ministros de finanzas, los jefes de los bancos centrales y las más altas autoridades reguladoras. No en vano la resolución tomada por los líderes del G-20 con respecto al FEF es tan clara y perentoria, mandando que "El Foro de Estabilidad Financiera tiene que acoger urgentemente a más miembros de los países emergentes…".

La expresión "países emergentes" es sinónimo de "economías emergentes"9 y de "mercados emergentes" por lo que es evidente que la resolución abre las puertas del FEF a aquellos países clasificados como emergentes que, siendo miembros del G-20, no lo son todavía del FEF. Ellos son: Arabia Saudita, Argentina, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

No existe una lista "oficial" de países emergentes, pero hay organizaciones que elaboran índices que sirven para monitorear el comportamiento de los mercados de valores de países considerados como tales. Uno de los índices más conocidos es el MSCI (Morgan Stanley Capital Internacional) elaborado por MSCI Barra, un prestigioso proveedor de instrumentos de apoyo para la toma de decisiones de inversión. Este incluye actualmente 26 países emergentes: Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Corea del Sur, Egipto, Filipinas, Hungría, India, Indonesia, Israel, Jordania, Malasia, México, Marruecos, Pakistán, Perú, Polonia, República Checa, Rusia, Sudáfrica, Tailandia, Taiwán, Turquía y Venezuela.

Al día de hoy, el FEF está conformado por 26 autoridades financieras nacionales de 12 países que son: Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Japón, Reino Unido, Singapur y Suiza, más Hong Kong SAR (Región Administrativa Especial de la República Popular de China). También son miembros las siguientes instituciones financieras internacionales: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Además, participan: el Banco Central Europeo, 4 agencias y grupos internacionales de reguladores y supervisores y dos comités de expertos de bancos centrales. De los países que asistieron a la reunión en Washington sin ser miembros del G-20 (España, Holanda y la República Checa) dos de ellos, España y Holanda, están catalogados como economías desarrolladas y la República Checa como economía emergente. Pero se da el caso de que Holanda ya es miembro del FEF, y la República Checa puede aspirar a formar parte apoyándose en la resolución tomada por el G-20 en Washington. No así España. Si el criterio de "países emergentes" establecido para ampliar el FEF se aplica rígidamente, España no puede apelar ni al espíritu ni a la letra de la resolución para formar parte del grupo.

Por otra parte, el G-20 durante su reunión en Washington bien pudo tomar la decisión de ampliarse para incluir a España y a algún otro país, pero no lo hizo. Una vez más se ha escuchado la voz del Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, diciendo que "España es bienvenida" en el grupo, pero agregando a continuación que es al Reino Unido a quien le corresponde invitar a la próxima reunión en marzo de 2009, en virtud de que ese año tendrá la presidencia pro tempore del grupo. Aún así, Amorim ha dejado entrever la posibilidad de que para la próxima reunión el G-20 se haya convertido oficialmente en un G-22 para dar cabida a España y a algún otro país.

El Foro de Estabilidad Financiera

Hace 10 años, el 3 de octubre de 1998 los Ministros de Finanzas y los Gobernadores de los Bancos Centrales del G-7 encomendaron al presidente del Deutsche Bundesbank, Dr. Hans Tietmeyer, que recomendara nuevas estructuras para ampliar la cooperación entre los varios organismos supervisores nacionales e internacionales y las organizaciones financieras internacionales para promover estabilidad en el sistema financiero internacional. Menos de cinco meses después, el 20 de febrero de 1999, el Dr. Tietmeyer presentó su informe y recomendó la creación del Foro de Estabilidad Financiera (FEF). Su recomendación fue aprobada por los ministros y gobernadores del G-7 y la nueva organización se reunió por primera vez en Washington D.C. el 14 de abril de 1999.

El mandato recibido en ese entonces por el FEF fue: promover la estabilidad financiera internacional, mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y reducir la tendencia a que los "shocks" financieros pudieran extenderse de país a país desestabilizando la economía mundial. Para cumplir su cometido el FEF debía evaluar las vulnerabilidades que estuviesen afectando el sistema financiero internacional; identificar y supervisar las acciones necesarias para confrontar esas debilidades, y mejorar la coordinación y el intercambio de información entre los varios responsables de la estabilidad financiera.

Conclusiones

Uno de los aspectos más relevantes y positivos de la cumbre del G-20 en Washington fue el hecho de que se amplió de manera irreversible la composición del grupo de países que de ahora en adelante tendrán voz y voto en decisiones tan importantes como el rediseño de la arquitectura del sistema financiero internacional. Atrás quedaron, como señalaba el presidente Lula, el club exclusivo del G-7 ó del G-8. Es inevitable que la diversidad de problemas e intereses que existen entre los 20 países -o entre los veinte y tantos, que pueden llegar a ser- hará que la toma de decisiones sea un poco más complicada, pero también es cierto que las que se tomen tendrán un mayor peso y legitimidad y reflejarán mejor la realidad del mundo globalizado.

Otro aspecto muy positivo del cónclave washingtoniano fue la reafirmación del sistema del libre mercado. Los líderes mundiales dejaron muy en claro su compromiso de preservarlo y protegerlo contra las tentaciones intervencionistas. Pero como bien reza el refrán, el diablo está en los detalles; aún está por verse el resultado del trabajo que harán los ministros de finanzas en los próximos tres meses.

¿Serán capaces de proponer nuevas regulaciones y medidas de supervisión que por un lado hagan menos vulnerable el sistema financiero internacional pero que al mismo tiempo no impidan la competencia, el crecimiento económico y la innovación financiera? El descalabro financiero actual es de tal magnitud que los ministros de finanzas y las autoridades reguladoras y supervisoras sentirán la necesidad de crear un sistema a prueba de riesgos, y eso es imposible. Si quieren -como parecen quererlo-, que el sistema de mercado funcione, tendrán que tener claro que la naturaleza del mismo exige que haya libertad, o sea riesgos, y que es fundamental que se exijan responsabilidades. Un verdadero sistema de mercado tiene que premiar lo que se haga bien y castigar lo que se haga mal. También está por verse la posición que tomará en todo esto la administración del presidente Barack Obama, porque no hay que olvidar que a partir del 20 de enero de 2009 habrá un nuevo equipo en la Casa Blanca.

Los demócratas, que tendrán el control no sólo del Ejecutivo, sino también del Congreso y del Senado, tienden al proteccionismo y no son los mejores defensores del libre mercado. El mismo presidente-electo durante la campaña electoral criticó el NAFTA, el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México, y Canadá que está en vigencia desde 1994, y se refirió a él como "un gran error". Asimismo se manifestó en contra del tratado de libre comercio que Colombia ha negociado con Estados Unidos. Sólo cabe esperar que todo ello no haya sido más que retórica del momento dentro del proceso de las elecciones, y que una vez en la presidencia, Barack Obama haga honor al compromiso adquirido por su predecesor y por el resto de líderes del G-20 de defender el libre comercio.

Jorge Salaverry es consultor internacional y ex embajador de Nicaragua en España

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