El sentido del humor en la fe de Francisco

España · Federico Pichetto
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15 junio 2018
L`Osservatore Romano ha publicado el relato de un interesante encuentro que tuvo lugar en el Vaticano el pasado mes de marzo entre el Papa y los seminaristas residentes en los Colegios romanos. Entre los muchos temas tratados, el pontífice destacó el sentido del humor como uno de los signos de mayor madurez espiritual en un hombre de Dios. Y en el siglo XIX, Kierkegaard decía que la ironía era el antídoto más poderoso contra cualquier forma de poder totalitario o absoluto.

L`Osservatore Romano ha publicado el relato de un interesante encuentro que tuvo lugar en el Vaticano el pasado mes de marzo entre el Papa y los seminaristas residentes en los Colegios romanos. Entre los muchos temas tratados, el pontífice destacó el sentido del humor como uno de los signos de mayor madurez espiritual en un hombre de Dios. Y en el siglo XIX, Kierkegaard decía que la ironía era el antídoto más poderoso contra cualquier forma de poder totalitario o absoluto.

En la risa, todas las cosas adoptan su justa dimensión, se relativizan. De hecho, existen dos formas de relativismo. Uno propio del sujeto, que pretende sustituir la realidad, los hechos, la naturaleza de las cosas, con la impresión o interpretación que el individuo hace de todo eso. Este es el relativismo que tantas veces estigmatizó el papa Benedicto, como parte de una dictadura donde ya no queda espacio para el dato objetivo, donde la verdad se mezcla con las consideraciones individuales y todo se vuelve incierto y a merced de las modas del momento.

Este relativismo cierra el horizonte del hombre, haciéndole incapaz de entrar en contacto con algo vivo, sometiéndolo a sugestiones y elucubraciones mentales, reduciéndolo a un grumo de susceptibilidad y reacciones que convierten al Yo en medida de todas las cosas.

Sin embargo existe también un relativismo objetivo que, por usar una expresión de la teología medieval, propone mirarse uno mismo y a los demás sub specie aeternitatis, a la luz de algo más grande que todas las impresiones de las que puede estar afectado el sujeto. El sentido del humor, como diría Pirandello, es como ese sentimiento del contrario que nos devuelve un punto de vista distinto sobre las mismas circunstancias, un punto de vista que nos permite percibir lo que sucede dentro del gran drama de la vida, dentro de la gran historia que no tiene como protagonista al ego desmedido del hombre con sus prejuicios despreciativos, sino la conciencia de ser pobres hombres salvados y socorridos por Cristo. Ser irónicos hace así que salga a la luz mejor el valor de la eternidad respecto a las contingencias del presente, obligando a la persona a mirar las circunstancias por lo que son y no por lo que representan o suscitan.

Por tanto, el sentido del humor es realmente signo de una gran madurez espiritual, de ese relativismo del Espíritu que debe acompañar al hombre en su proceder no mediante violentos desgarros sino mediante intentos irónicos.

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