El secreto del éxito de Alternativa por Alemania

Mundo · R.G.
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25 septiembre 2017
Los primeros datos de los resultados de las elecciones alemanas apuntan a que la CDU pierde casi nueve puntos y se queda rozando el 33% de los votos. No está mal, teniendo en cuenta que en otras votaciones consiguió resultados parecidos y estamos en un momento en que el problema de los refugiados ha polarizado el debate político alemán. La Unión sigue siendo la fuerza política más sólida, sin ella no se puede gobernar Alemania, como ha señalado la que con gran probabilidad seguirá siendo canciller, Angela Merkel.

Los primeros datos de los resultados de las elecciones alemanas apuntan a que la CDU pierde casi nueve puntos y se queda rozando el 33% de los votos. No está mal, teniendo en cuenta que en otras votaciones consiguió resultados parecidos y estamos en un momento en que el problema de los refugiados ha polarizado el debate político alemán. La Unión sigue siendo la fuerza política más sólida, sin ella no se puede gobernar Alemania, como ha señalado la que con gran probabilidad seguirá siendo canciller, Angela Merkel.

El SPD pierde el 5% de los votos y logra el resultado más débil de su historia desde la Segunda Guerra Mundial, con un 20%. La tercera fuerza política del parlamento será la AFD, con casi el 13% de los votos. Los liberales (FDP) de Christian Lindner son los ganadores de la jornada, pues vuelven al parlamento alemán con más del 10% de los votos. Los Verdes y el partido de izquierda Linke rozan el 9% respectivamente, repartiéndose en gran parte el voto de los jóvenes.

Los resultados confirman la caída del SPD, si no de un modo drástico sí en lo que se refiere al voto joven, un partido que ha decidido no mantener la gran coalición con la Unión, como dijo claramente Martin Schulz en sus primeras apariciones de la jornada. No quiere que la oposición solo sea tarea de la AFD.

Todavía no se puede hacer un análisis preciso, pero lo que está claro es que en el este de Alemania la AFD ha superado el 20% de los votos, convirtiéndose en el segundo partido, muy cerca de la CDU. En el sur de Alemania, la zona más rica del país, la AFD ha llegado casi al 12%, y en la zona oeste ha rozado el 6%. Conviene señalar que casi el 60% de los votantes de AFD afirman haberlo hecho como señal de protesta contra los demás partidos y no por convicción o adhesión al programa del partido de la derecha alemana. Pero todos los partidos deben tenerlo en cuenta. No quieren comprometerse con la AFD, por su retórica hipernacionalista, pero hay que tomar en consideración el miedo de la gente, que especialmente en el este del país se sienten abandonados en sus dificultades (falta de empleo y de viviendas adecuadas, pérdida de la propia identidad, etc), a causa de un presunto, y en parte real, privilegio del empleo para los refugiados.

Cuando un periodista le preguntó a Merkel si será capaz de formar gobierno con liberales y verdes antes de Navidad, la canciller dijo que confía en poderlo hacer porque la responsabilidad del país ante los desafíos de este mundo (revolución digital, graves conflictos internacionales como el de Corea del Norte…) así lo exige. Una coalición “jamaicana” (por los colores) no será fácil, pero parece haber acuerdo sobre el sentido de responsabilidad necesario de cara al futuro del país por parte de los tres partidos llamados en causa.

¿Qué decir del avance de la AFD? En primer lugar, que el 87% de los votantes no la ha elegido, de modo que no puede ser la única realidad política con la que confrontarse. El ministro de Interior bávaro Herrmann tiene razón al recordar las proporciones de lo que está en juego en el futuro parlamento alemán. El comentario en caliente después de los primeros resultados por parte de uno de los responsables del partido, Alexander Gauland, fue que ha llegado la hora de “cazar” a la canciller y reconquistar al pueblo.

Es evidente que la canciller no ha conseguido obtener los votos que quería, pero con su estilo orientado a afrontar los problemas, a pesar de no tener un gran carisma personal, responde a esa necesidad de seguridad que parece ser el motivo último del voto de los jóvenes alemanes.

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