El sabor agridulce de los Oscar

Cultura · Juan Orellana
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25 febrero 2013
Eran previsibles muchos de los premios que la Academia de Hollywood repartió la madrugada del lunes. Concretamente estaba cantado que Argo se iba a alzar con la estatuilla a la Mejor Película, pero también ha conseguido el Mejor Guión adaptado y el Mejor Montaje. No estaba tan claro, aunque no por ello sorprende, que el ecléctico Ang Lee se llevara el Oscar al mejor Director por la ambigua y confusamente multicultural La vida de Pi. Sí era evidente, en cambio, que se premiarían su fotografía y su música. Cuando el cineasta la presentó en su día dejó clara su posición: "Las religiones deberían desaparecer". Esta pose laicista de los académicos ha tenido su broche de oro con Amor, de Hanecke, Oscar a la Mejor película en habla no inglesa. Una película emocionalmente manipuladora, atravesada de rencor hacia la vida, y claramente posicionada a favor de la eutanasia. Una película radicalmente cerrada al Misterio que traspasa la existencia.

En los premios a los actores se reparte la suerte entre algunas de las mejores cintas del año. Daniel Day Lewis, con su tercer Oscar, hace que la marginación de Spielberg y su Lincoln no sea clamorosa; la gran versión musical de Los Miserables, una versión que subraya la dimensión religiosa de la obra, se ve reconocida en el trabajo de la enorme Anne Hathaway; una de las cintas más brillantes e inteligentes del año, Django desencadenado, consigue para el versátil Christoph Waltz una estatuilla, aunque también se lleva el preciado reconocimiento a su guión. Y la mediocre película El lado bueno de las cosas es premiada en lo mejor que tiene, el trabajo de su actriz Jennifer Lawrence.

Sin duda una gran alegría es el Oscar al Mejor Documental para Searching for Sugar Man, porque sencillamente lo es. Afortunadamente en España lleva estrenada cuatro días y podemos ir a disfrutar de esta historia de buena música rock, fantásticamente contada. Otra alegría es ver cómo Pixar sigue en lo más alto con su novedosa Brave.

En fin, unos premios muy repartidos, correctos pero no demasiado interesantes. Lo que más merece nuestro análisis es sin duda el premio a Amor, que demuestra que América se doblega ante lo más decadente de Europa, lo más marchito, lo más burgués. Teniendo además otras alternativas fabulosas como No, o Kon-Tiki. No son buenos tiempos para la dignidad del ser humano.

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