El rey de la plaza

Cultura · Cristian Serrano
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 411
20 octubre 2013
Veía esta semana la portada de una revista y en ella, una pista de fútbol que podía ser la de cualquier barrio o ciudad. En ese instante recordé esa puerta, ese banco, el lugar donde comencé a darle patadas a un balón. Ayer estuve ahí. ¿Quién no recuerda ese sitio? Todos guardamos esos recuerdos, esos goles, esos primeros intentos de hacer alguna filigrana, ese “caño”, ese partido que acababa cuando tu madre te llamaba para volver a casa.

Veía esta semana la portada de una revista y en ella, una pista de fútbol que podía ser la de cualquier barrio o ciudad. En ese instante recordé esa puerta, ese banco, el lugar donde comencé a darle patadas a un balón. Ayer estuve ahí. ¿Quién no recuerda ese sitio? Todos guardamos esos recuerdos, esos goles, esos primeros intentos de hacer alguna filigrana, ese “caño”, ese partido que acababa cuando tu madre te llamaba para volver a casa.

Éramos unos cuantos, ¡qué lujo! Siempre había alguien para jugar. El fútbol del recreo en el colegio, lo retomábamos en el pueblo, los fines de semana.

Ayer, sentado en un banco de la plaza donde crecí, de repente volví a escuchar aquellas voces, el griterío de unos pequeños locos por el fútbol. También volví a recordar, esbozando una sonrisa, la bronca de aquellos abuelos que no toleraban nuestro alboroto. Y las caídas, esos rasguños acompañados de sangre que no impedían que siguiésemos jugando.

Una plaza en la que, las porterías, las formaban una enorme puerta y un banco. Así nos lo montábamos. Nos sobraba. Es un lugar que estaba hecho para nosotros. Algún coche nos obligaba a jugar en un territorio más pequeño pero nunca nos impedía jugar. Era una ley no escrita: no aparcar en la plaza.

Hoy, todos hemos crecido. Unos en la universidad, otros en sus trabajos, pero aquello terminó. Tampoco hay nuevos niños. Nuestro relevo lo han tomado los coches y el silencio. No me cambiaría por aquel tiempo pero ayer todo se detuvo en un instante prolongado. La ilusión y la pasión de aquel tiempo por darle patadas al balón, hoy permanece en otros quehaceres.

Entonces quería, como todos, ser futbolista. Al final, aquella intuición inicial tampoco estaba tan desencaminada de mi vida actual. Para mí, no es mal cambio el del balón por el micrófono de la radio para las retransmisiones deportivas. El fútbol de la plaza cesó pero vino el fútbol de la universidad que nos sigue alegrando la vida.

Noticias relacionadas

Yo sé que estás ahí
Cultura · Juan Carlos Hernández
Continuamos con la segunda entrega de “Las horas horizontales” un libro de poemas escrito por Isabel Almería que nos introduce en su lectura. ...
11 enero 2023 | Me gusta 2
Así que es así como sangra el corazón
Cultura · Juan Carlos Hernández
Iniciamos una serie de tres entregas de algunos de los poemas escritos por Isabel Almería publicados en su libro “Las horas horizontales” (Gravitaciones). La autora nos introduce en su poesía en esta pequeña entrevista. ...
28 diciembre 2022 | Me gusta 1
El papiro de Miray
Cultura · María Caballero
El pasado mes de marzo y en una nueva editorial (JDBooks) apareció en el mercado El papiro de Miray, la primera novela de Guadalupe Arbona, profesora de literatura en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid....
13 diciembre 2022 | Me gusta 3