El PSOE se amarra a los 80

España · M. Medina
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28 noviembre 2011
Vuelve la tesis de que la CIA estuvo implicada en el asesinato de Carrero Blanco. La desentierra Pilar Urbano en su libro El precio del trono. Lo cierto es que la embajada de Estados Unidos, sita en la calle Serrano de Madrid, tuvo mucho protagonismo en el régimen de Franco y en la transición. Sin su influencia y sin el apoyo del SPD alemán es imposible entender que el PSOE se hiciera con el poder tras la debacle de la UCD.

El PSOE antes de Suresnes era un partido de los muchos que en España llevaban entonces el adjetivo socialista en sus siglas. Y lo siguió siendo después de que González y el clan sevillano se hicieran con su control. Sólo durante los veinte meses que fueron desde la muerte del dictador hasta las primeras elecciones democráticas gano peso y pudo desbancar al PCE que era la formación tenía base social. El PSOE, como partido de gobierno, es en ese momento un producto artificial. La Secretaría de Estado de Estados Unidos había estado cómoda con Franco. Cuando registra el dato de que la democracia se ha impuesto en España se pone a trabajar para que no sean los comunistas los que tengan opciones. Algunos responsables eclesiales del momento, muy cercanos a Tarancón, les explican a los americanos que González es la figura que hay que apoyar. El socialismo alemán del momento, absolutamente atlantista, trabaja en esa dirección. Al PSOE llega dinero a espuertas. Y con el dinero exterior la obligada renovación ideológica. González fuerza a la organización a abandonar el marxismo en el XVIII Congreso Federeal, en el 79. Quedará como principal seña de identidad un estatalismo asfixiante.

El drama es que desde entonces no se ha producido una auténtica renovación. Si acaso la novedad más relevante haya sido el que los socialistas se hicieron guerracivilistas en el 93 cuando González hizo de todo para cortarle el paso a Aznar. El zapaterismo ha sido un episodio de triste recuerdo que sólo dejara, además de las consecuencias de una pésima gestión, el radicalismo de los nuevos derechos. Cuando este sábado pasado Rubalcaba aseguraba en el Comité Federal que su programa electoral es un buen programa de oposición estaba reclamando que el partido se quedara anclado en el comienzo de los años 80. Es la misma foto, aderezada con más radicalismo burgués y con más laicismo. Les había funcionado hasta ahora. Pero el pasado 20 N el PSOE no sólo perdió las elecciones, perdió el suelo que le había permitido ser inmovilista desde hace 35 años. Lo malo es que ahora no hay SPD ni Secretaria de Estado que les obligue a mirar el futuro.

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