El Papa y Fidel cara a cara

Mundo · Gianni Valente (Roma)
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16 enero 2012
En el programa oficial publicado por los obispos cubanos no se habla al respecto. Pero es ya casi algo más que una simple hipótesis: la sorpresa de la próxima visita papal a Cuba podría ser el encuentro cara a cara entre Benedicto XVI y el líder máximo Fidel Castro, que en 1998 tuvo un encuentro histórico con Juan Pablo II.  

El Papa estará en Cuba del 26 al 28 de marzo, después de haber transcurrido en México los primeros tres días y medio de su próximo viaje intercontinental. El escenario sobre el que están trabajando con ahínco los funcionarios del gobierno cubano y el arzobispo Bruno Musarò -que fue nombrado Nuncio vaticano en Cuba en agosto pasado- es el de un encuentro entre Benedicto XVI y Fidel, que debería llevarse a cabo el 27 de marzo por la tarde, cuando el sucesor de Pedro visitará el Palacio de la Revolución para la visita de cortesía al presidente cubano Raúl Castro.

Las incógnitas alrededor del encuentro tienen que ver, en gran medida, con el estado de salud de Fidel y justifican las reservas que hasta ahora se tienen al respecto. En estos días, el gobierno está estableciendo todas las condiciones logístico-sanitarias para hacer posible el particular "rendez-vous".

El velo de protección que crean los aparatos alrededor de la vida del anciano líder no permite que sea fácil descifrar cuáles son por ahora sus condiciones de salud. Hace algunos días circularon los rumores sobre su muerte en las redes sociales. «La Cia trató de matarlo 700 veces, Twitter está tratando de hacer lo mismo», escribió la blogera Yohandy, que apoya el liderazgo cubano. El miércoles pasado, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad visitó Cuba y se encontró con Fidel durante dos horas, según lo que dijo el hermano Raúl. «El comandante Fidel está bien», dijo Ahmadinejad y añadió que le había encontrado como siempre, bien dispuesto a opinar sobre la actualidad internacional, que sigue «detalladamente».

Normalmente, Benedicto XVI no busca oportunidades para fotografiarse con "personalidades". Siguiendo su sensibilidad espiritual y su temperamento, los viajes del Papa no apuestan nunca intencionalmente por la espectacularidad en clave geo-política, incluso cuando se entrevista con grandes del escenario internacional. Su viaje a Cuba tendrá como marca el deseo de confirmar la fe de los católicos cubanos. Sobre todo la fe popular que en los últimos meses se ha expresado prodigiosamente en las multitudes de los fieles que en las capillas, en las casas y en las plazas acogieron con la oración y con la fiesta la estatua de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba que peregrinó por toda la isla. Al mismo tiempo, parece evidente que del encuentro entre Fidel y Benedicto XVI podrían desencadenarse sugestiones singulares, considerando las personalidades de ambos y las condiciones particulares que hoy están viviendo.

Fidel Castro cumplió 85 años el año pasado, en agosto. Jospeh Ratzinger los cumplirá el próximo abril. Los perfiles del jefe revolucionario latinoamericano y del Papa teólogo bávaro parecen muy distantes. Pero tal vez incluso por este motivo el intercambio de miradas y de palabras entre ellos podría revelarse interesante para todos. Lus largos caminos individuales han atravesado muchas tragedias, los fracasos y las vueltas a empezar de casi todo el siglo pasado. Sus itinerarios existenciales les induce a tener como horizonte de la mirada lo que sucede en todo el mundo, el mundo que ha comenzado el nuevo milenio con el 11 de septiembre y ahora se las tiene que ver con la crisis global.

Como exalumno de los jesuitas de La Habana, el hombre que dirigió la revolución marxista en la que sus críticos llaman "la isla cárcel" nunca ha dejado de lado una cierta curiosidad por el cristianismo y por el anuncio de la liberación universal que ofrece la Iglesia. Ahora, también la iglesia local se ofrece para representar su papel en la transición cubana, sin antagonismos ni cerrazones preconcebidas. Y mientras desde Miami el anticastrista Armando Valladares lanza la alarma sobre el peligro de instrumentalización de la visita papal, atacando al cardenal Tarcisio Bertone por «pro-castrista proclamado» y a los obispos cubanos de haber colaborado con «los lobos que oprimen al ganado», hay que imaginar que Fidel Castro escuchará con una cierta participación emotiva lo que le querrá decir el obispo de Roma. Tal vez ahora el viejo guerrillero también se preguntará si hay algo esperándole, después.

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