El Papa interpela a los grandes de la tierra

Mundo · José Luis Restán
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1 abril 2009
A través de una carta dirigida al Primer Ministro británico Gordon Brown, Benedicto XVI ha querido lanzar un llamamiento a los líderes del G-20 reunidos en Londres para que en sus deliberaciones sobre la crisis económica internacional no olviden a los más pobres de la tierra, y especialmente a las castigadas poblaciones de África. Pero de esto la gran prensa enrocada en los preservativos apenas habla.

El Papa escribe con el clamor de África en los ojos y en el corazón, tras su reciente visita a Camerún y Angola, y se hace portavoz de los dolores y de las exigencias de justicia de todo un continente olvidado por los poderosos de la tierra. "He podido tocar con la mano la realidad de una pobreza abrumadora y de una exclusión crónica que la crisis puede agravar dramáticamente", escribe Benedicto XVI, quien toma nota de que en la cumbre de Londres sólo estará presente un estado del África subsahariana. Esta falta de representación le lleva a recordar que "aquéllos que tienen menos fuerza en el escenario político son los que más sufren los daños de una crisis de la que no han sido responsables", mientras advierte que no puede haber una salida a la crisis global basada en el egoísmo nacionalista o en el proteccionismo, sino que es preciso que las medidas adoptadas nazcan de la escucha de quienes más sufren y puedan ser compartidas por todos. Y para que no queden dudas, destaca que ni las ayudas al desarrollo ni los esfuerzos por cancelar la deuda de los países más pobres han tenido nada que ver en la gestación de la crisis, por lo que sería una injusticia tremenda que se vieran ahora castigados con una drástica reducción de los planes de ayuda, que los sumiría aún más en el pozo del que trabajosamente tratan de salir. 

Sabemos que la próxima encíclica de Benedicto XVI, que probablemente llevará la fecha del día de San José, abordará éstas y otras cuestiones relacionadas con la crisis económica y financiera. El propio Papa lo ha revelado durante su viaje a África, subrayando que sobre estos temas la Iglesia no debe proyectar simplemente grandes proclamas morales, sino que debe hablar con competencia para ser creíble, debe afrontar los problemas reales e iluminarlos desde una conciencia formada según el Evangelio. Este esfuerzo se vislumbra también en la carta dirigida al Premier Gordon Brown. Y así Benedicto XVI señala que uno de los elementos de la actual crisis consiste en la pérdida de confianza en los instrumentos financieros y en el sistema económico, provocada por la pérdida del sentido ético en dicho sistema. No basta, según el Papa, introducir correcciones al engranaje del sistema para engrasarlo, es preciso fortalecer la conciencia moral de quienes son protagonistas de su funcionamiento, ya que "la ética no está fuera de la economía sino dentro, y dicha economía no puede funcionar si no lleva consigo ese elemento ético".

En esta dirección el Papa recuerda a los líderes del G-20 que para recuperar la confianza es preciso ofrecer seguridad a las familias y estabilidad a los trabajadores, así como favorecer la ética en las finanzas a través de las oportunas reglas y controles. Ajustar los sistemas será siempre necesario, como lo es corregir el egoísmo y la avaricia a través de una educación continua pero, como decía recientemente el Papa a los párrocos de Roma, no llegaremos nunca a una corrección total y radical. Será preciso lograr correcciones provisionales que nos ayuden a poner freno al dominio del egoísmo.

Evidentemente el Papa no espera de la cumbre londinense un nuevo amanecer, pero con su realismo cristiano y su autoridad moral ha señalado una dirección que, si es escuchada, hará más justas, más eficaces y humanas unas medidas que deben ayudarnos a superar la crisis, especialmente a quienes, siendo más inocentes, más la están pagando en sus propias carnes. Por lo demás, a la Iglesia le compete la misión de crear condiciones para la justicia a partir del cambio de la mentalidad y del fortalecimiento de una libertad orientada hacia el bien. Porque, como recordaba el Papa, y éste será sin duda uno de los nudos de su nueva encíclica, "no se puede crear justicia en el mundo sólo con sistemas económicos buenos, aunque son necesarios; la justicia sólo se realiza si hay justos, y no hay justos si no existe el trabajo humilde y constante de convertir los corazones. Pero eso, por fortuna, excede la competencia del G-20.

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