El oro del Mundial y el deseo de bien

Mundo · Juan Carlos Hernández
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16 septiembre 2019
España ha conseguido su segundo Mundial de Baloncesto aparte de la clasificación directa para los próximos Juegos Olímpicos. Una gran gesta si además tenemos en cuenta que la gloriosa generación de los “juniors de oro” ya no está y las numerosas bajas con las que se afrontó el campeonato.

España ha conseguido su segundo Mundial de Baloncesto aparte de la clasificación directa para los próximos Juegos Olímpicos. Una gran gesta si además tenemos en cuenta que la gloriosa generación de los “juniors de oro” ya no está y las numerosas bajas con las que se afrontó el campeonato.

Muchos analistas han escrito que la selección española le ha puesto “cojones” al asunto. Desde luego, se han dejado la piel pero los otros equipos también lo han hecho. Más bien la diferencia ha estado en la dureza mental de saber afrontar los momentos decisivos. España ha ganado, aparte de por su calidad, su entrega en la pista, los planteamientos tácticos de Scariolo… por su dureza mental.

En medio de la alegría por el triunfo obtenido sorprenden las declaraciones de Ricky Rubio. “El baloncesto no es lo más importante en la vida”, se sinceraba el MVP del torneo. Podría ser una traducción moderna de la cita evangélica “De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo”. Su madre falleció hace unos años de un cáncer y el base español en las declaraciones postpartido la recordaba y afirmaba que su madre aún lo cuidaba donde quiera que esté. Algo parecido ha sucedido con Rudy Fernández que recordaba a su abuelo recientemente fallecido y a su hermana Marta (exjugadora de baloncesto) que hace algunas semanas sufrió un aborto estando en avanzado estado de gestación. El alero español, emocionado al final del partido, agradecía a su familia porque “sin ellos yo no estaría aquí”.

A poco que afloran los sentimientos se percibe que existe un deseo de que las relaciones perduren, existe la necesidad de un padre, de una madre, de un abuelo… incluso –por qué no decirlo– de “algo” más allá de la muerte.

Este mundo moderno, con toda su confusión, no es enemigo. Suscita una simpatía humana uno que diga que el baloncesto no es lo más importante en la vida a pesar de ser oro, nos conmueve uno que diga a su madre fallecida ‘ojalá fueras eterna’.

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