El nuevo Lepanto que desafía a los católicos

Mundo · Federico Pichetto
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6 abril 2018
El periodista Aldo Cazzullo estrenó la Pascua en el Corriere della Sera llamando la atención sobre la cuestión más importante que el catolicismo de esta segunda década del siglo XXI tiene que afrontar, la toma de conciencia de la estrecha vinculación entre las dimensiones personal y social de la fe. Partiendo del caso de Arnaud Beltrame, el agente francés que ofreció a los terroristas su propia vida a cambio de la de una mujer a la que no conocía, el periodista señala que “esta semana santa el país más laico de Europa ha estado discutiendo de cómo puede incidir la religión en la vida privada y pública” de todo un país.

El periodista Aldo Cazzullo estrenó la Pascua en el Corriere della Sera llamando la atención sobre la cuestión más importante que el catolicismo de esta segunda década del siglo XXI tiene que afrontar, la toma de conciencia de la estrecha vinculación entre las dimensiones personal y social de la fe. Partiendo del caso de Arnaud Beltrame, el agente francés que ofreció a los terroristas su propia vida a cambio de la de una mujer a la que no conocía, el periodista señala que “esta semana santa el país más laico de Europa ha estado discutiendo de cómo puede incidir la religión en la vida privada y pública” de todo un país.

Beltrame tal vez sea el ejemplo más llamativo de una trayectoria que la Iglesia ha emprendido hace unos años y que hoy empieza a mostrar toda su fuerza. Después de años dominados por la dialéctica entre opción religiosa y presencia pública de los creyentes, parece salir a la luz toda la distancia que existe entre una gran capacidad de movilización social por parte de la Iglesia y una incapacidad última –en la vida diaria– de movilizar el corazón de cada creyente concreto frente a Cristo. En las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, como la del Papa Benedicto, se ha puesto de manifiesto explícitamente el urgente desafío que tiene el cristianismo hoy ante sí, es decir la fe. ¿Se puede ser socialmente católicos cuando ya no se es personalmente cristiano? ¿Se puede seguir buscando en una pureza mítica del estado, laico o cristiano, la solución a todo el drama y el trabajo al que está llamada nuestra libertad? El verdadero cambio de nuestro mundo, ¿proviene de la ley, de un poder externo al yo, o necesita pasar por la conversión de la persona?

Entre una visión intimista, que encierra el cristianismo en la sacristía y lo convierte en súbdito del espíritu de su tiempo, y una visión teocrática, que reduce el espacio del cristianismo al espacio del poder que consigue conquistar, emerge un camino antiguo y nuevo a la vez, una visión vocacional de la experiencia cristiana, donde se toma conciencia de que las fuerzas que hacen al hombre feliz son las mismas que mueven la historia, y que no es posible ningún cambio en la historia sin un cambio real del corazón, sin que el corazón vuelva a hacerse familiar con Cristo.

Arnaud Beltrame es el fruto maduro de este camino. La única guerra que realmente nos interesa para el futuro de nuestro mundo y de la fe es la que se libre en el yo de cada uno de nosotros. Ese es el campo de batalla en el que hoy, igual que en Lepanto hace cuatrocientos años, se decide el futuro y el destino de todo Occidente.

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