El nombre

Cultura · Víctor Alvarado
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17 septiembre 2012
En menos de dosaños, el cine francés ha llevado a la gran pantalla tres obras de teatro: Potiche (François Ozon), Un dios salvaje (Roman Polanski) y El nombre (2012), aunque esta últimasupera por su calidad a las dos anteriores. La historia gira en torno a unsolterón y dos matrimonios en la que el marido de uno de ellos anuncia lallegada de un nuevo ser al mundo, al que quiere ponerle el nombre de Adolph, loque generará una serie de acalorados debates.

Está dirigidopor dos amigos y guionistas que tienen una cortísima trayectoriacinematográfica. Sin embargo, esta película proviene de una obra de rotundoéxito en Francia (250 representaciones), escrita por los citados cineastas. Aldesarrollarse en casi su totalidad en el salón de un piso, pudiera resultarclaustrofóbica, pero la profesionalidad y el ácido humor junto a los girosargumentales mantienen la cinta viva. Las situaciones más divertidas sucedenunas tras otras sin solución de continuidad durante la proyección dellargometraje. Las dos primeras partes son muy entretenidas, mientras que eldrama se queda relegado al último tercio, pero las sorpresas lo hacen másllevadero.

El reparto locomponen en su mayoría los mismos actores que participaron en dicha obra con loque la química entre los actores nos parece más que notable. La verdad es queninguna de las interpretaciones tienen nada que envidiar a las estrellas másrutilantes del panorama internacional y deben apuntarse los siguientes nombres:Patrick Bruel, Judith El Zein, Valérie Benguigui y Guillaume de Tonquédec. Lavirtud de los guionistas ha sido la de conseguir que sus personajes, de marcaday enfrentada ideología política, tengan vida propia, es decir; que no sólo sedejan llevar por ella, sino que opinan "libremente", no cayendo en los tópicosde siempre en algunos momentos.

El nombre (2012) es una crítica tanto alpensamiento de izquierdas como de derechas, con lo que uno se puede reír de unomismo, de los demás o de todos. A pesar de la dureza de algunos diálogos comoproducto de la convivencia, en ella se refleja que la familia es el paraguas quelo aguanta todo y que se encuentra disponible tanto para las duras como lasmaduras. Nos parece memorable la escena en la que el neoliberal se mofa de losnombres cursis, que su cuñado "progre" le pone a sus hijos.

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